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Aguerre, el argentino al que la dictadura detenía y hoy convirtió al surf en olímpico

El COI aprobó hoy al surf, la escalada, el skateboard, el karate y el béisbol/sóftbol para Tokio 2020; la historia del argentino al que la dictadura detenía por surfear en Mar del Plata

RiO DE JANEIRO – La dictadura militar lo detenía por surfear, y por eso no extraña que el tercer nombre de su hijo sea un homenaje a Dave Kahanamoku, el hawaiano que «inventó» el surf moderno. Jakue Fernando Kahanamoku Aguerre es la prueba de una pasión innegociable para el marplatense Fernando Aguerre, que luchó más de dos décadas por convertir al surf en deporte olímpico. Hoy lo logró.

«¡Espero que haya surfers argentinos!», dijo Aguerre a LA NACIÓN en medio de la emoción por un logro impensable hace pocos años: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 entregarán medallas al surf. El Comité Olímpico Internacional ( COI ) aprobó en Río de Janeiro que veinte hombres y veinte mujeres compitan en la playa de Shida Shita. Vale para 2020, de cara a los Juegos posteriores habrá que volver a negociar y votar.

La presencia del surf en los Juegos japoneses es un decidido intento del COI para conectar con los más jóvenes, porque además se incorporarán el skateboard y la escalada. Los japoneses lograron recuperar al béisbol y el sóftbol, que habían quedado fuera en Londres 2012, e incorporar al karate. Ambos son deportes sumamente populares entre los nipones.

Aguerre es desde hace muchos años una presencia constante en los hoteles, salones, pasillos y mesas de restaurante en los que se negocia la alta política del deporte. Vistiendo a los 59 años su infaltable moño, el marplatense fue avanzando paso a paso hasta concretar hoy el ingreso al mundo olímpico de un deporte que crece, pero que hasta hace poco era mirado con una mezcla de curiosidad, sospecha y desdén.

«Este moño es una cábala: lo vestí en 1996, cuando organice el primer Mundial de surf, también en julio de 2015, cuando la Odepa admitió al surf en los Juegos Panamericanos. Y lo llevo hoy, el día en el que el surf se convierte en olímpico», explicó Aguerre.

Hiperactivo y siempre sonriente, el amor de Aguerre por el surf lo llevó a la cárcel en sus años jóvenes.

«El intendente de Mar del Plata durante la dictadura era el capitán de navío Menozzi. Entre 1977 y 1978 los inspectores tenían la orden de sacarnos del agua. Nos metían presos. Nosotros les decíamos que estábamos surfeando en playas con rocas, que nadie iba por ahí. No había caso. ‘Está prohibido surfear’, nos decían».

Menozzi dejó la intendencia y el «no» al surf se relajó, asegura Aguerre al escarbar en sus recuerdos. «Armé la Asociación Marplatense de surf, luego la argentina. Y de repente todos querían surfear. Fue la primera gran ola de promoción».

Años después, en 1984, Aguerre se mudó a California, una de las mecas del surf a nivel mundial. Instalado en San Diego creó Reef, una empresa que vendería 21 años después. En el medio, en 1994, se convirtió en presidente de la Unión Internacional de Surf (ISU). Apenas llegó al sillón vio la gran oportunidad.

«Era 1994 y había cierta idea en el surf de la necesidad de acercarse al deporte olímpico. Un año después, el COI reconoció a la ISU como federación». Y desde entonces no paró. Lo intentó con Jacques Rogge como presidente del COI, pero el belga era prudente y conservador, aunque la de los Juegos de la juventud haya sido una idea suya.

Aguerre debió esperar al triunfo del alemán Thomas Bach, elegido presidente en septiembre de 2013 en Buenos Aires. Bach llegó al cargo con una idea tan concisa como clara: «O cambiás o te cambian».

La reunión de Buenos Aires le había dejado un sabor amargo, porque la muy tradicional lucha grecorromana, que había quedado fuera del calendario, volvía para los Juegos de 2020 y 2024. De los deportes «jóvenes» no hubo noticias.

Entonces comenzó una negociación discreta, pero decidida: Tokio quería organizar unos Juegos con béisbol/sóftbol y karate. El COI quería al surf, la escalada y el skateboard. Todos tuvieron lo que querían, incluyendo a Aguerre, que mañana a las 6.30 de la mañana dejará la habitación de su hotel, caminará unos pasos, cruzará una calle y surfeará con su familia en las playas de Barra da Tijuca, en el sur de Río de Janeiro.

«Va a haber buenas olas, lo vi hoy. Y lo de llevar al surf a los Juegos es una ola que busqué por 22 años. Ahora quiero tomarla y disfrutarla».

Fuente: www.lanacion.com.ar

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