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Anticipan que podría haber un importante deterioro en los indicadores sociales por la recesión de 2018

Estudios privados prevén que en el segundo semestre el desempleo será de dos dígitos y la pobreza rondará el 30%

Como consecuencia de la contracción de la economía en 2018, los indicadores sociales sufrirán un sensible deterioro, para regresar al nivel que exhibían 12 años atrás.

Puntualmente, el desempleo podría superar los dos dígitos por primera vez desde 2006, mientras que la porción de la población en situación de pobreza llegaría al 30% del total, una tasa comparable a la de 2005.

Con la caída del PBI este año, la tasa de desocupación volvería a ubicarse sobre 10%de la población activa en la medición correspondiente al segundo semestre, en tanto el índice de pobreza estará en la zona del 30% en el mismo período.

Como consecuencia de la inflación, que en 2018 será la más alta desde 1991, cuya tasa aumenta muy por encima de la de los salarios, el incremento de la pobreza se produce incluso entre aquellas familias que cuentan con ingresos estables.

«Sin dudas, la inflación siempre es un impuesto al pobre, porque en su canasta de consumo, los alimentos representan mayor proporción. Para el decil de ingresos más alto, el impacto de la suba de alimentos es ínfimo, pero es más entre los pobres. Y el ritmo de aumento de los alimentos es superior al de la inflación general, eso es lo preocupante», le dijo a Infobae el economista Horacio Larghi, director de Invenómica.

El empleo, afectado por la recesión

El último informe del INDEC registró una tasa de desocupación de 9,6% en el segundo trimestre de 2018, ya por encima del cuarto trimestre 2006, hace casi 12 años. En un 10%, el desempleo volvería al cifras de dos dígitos, comparables al 10,3% del segundo trimestre de 2006 y del 10,2% al término del tercer trimestre de aquel año.

Ecolatina advirtió que en cuanto a la oferta de trabajo «la única dinámica que podría atenuar este desenlace es el ‘efecto desaliento'», es decir las personas que «ante las bajas probabilidades de encontrar trabajo, deciden retirarse del mercado» y de esa forma no ser consideradas en la medición.

Sucede que por la caída del poder adquisitivo, es esperable el ingreso de nuevos trabajadores al mercado laboral. Pero como al mismo tiempo se espera una destrucción de puestos de trabajo «no habrá forma de absorber a los nuevos ingresados, aumentando fuerte el desempleo», indicó Ecolatina.

 Un aumento de los alimentos por encima del índice general también va a mostrar un aumento de la pobreza (Víctor Beker)

En consecuencia, «la tasa de desocupación volvería a los dos dígitos en el segundo semestre» y de esa manera «alcanzaría 10,7% y 10,5% en el tercer y cuarto trimestre de 2018, lo que implica un alza de 2,4 y 3,3 puntos porcentuales respecto a igual período de 2017″.

Un informe del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDESA) puntualizó que «una de las derivaciones más preocupantes de la crisis es la pérdida de empleos», por cuanto «urge pensar en herramientas innovadoras que morigeren los impactos sociales de la crisis y preparen las condiciones para una rápida recuperación».

«La volatilidad cambiaria, las muy elevadas tasas de interés y la aceleración inflacionaria están provocando una severa tensión sobre las PyME. Aunque los últimos datos oficiales sobre empleo asalariado privado registrado -junio 2018- no muestran pérdidas importantes, es previsible que si la recesión se prolonga la destrucción de empleos se acelere».

 Es previsible que si la recesión se prolonga la destrucción de empleos se acelere (IDESA)

IDESA propone aplicar «una herramienta que demostró alta eficacia es la que aplicó Alemania en la crisis del 2008», que posibilitó que «las empresas más pequeñas puedan apartarse del convenio sectorial y negociar con sus trabajadores a nivel de empresa. Hoy el país europeo tiene una desocupación del 3,8%, con una tasa de actividad que pasó de 69% a 75,2% del total de la población».

La pobreza se acelera por la inflación

Pobreza y desempleo no van siempre de la mano. La caída del poder adquisitivo de los salarios, inclusive del sector formal, por el avance de la inflación y la suba del dólar, dejó a grupos familiares con jefes de hogar empleados en situación de pobreza.

Según el INDEC, al cierre del primer trimestre de 2018 -último dato difundido- la pobreza afecta a unas 12 millones de argentinos, el 27,3% de la población. Esta proporción se acercaría al 30% en el segundo y tercer trimestres, por la profundización de la caída de la actividad económica.

Esta tasa estará próxima al 31,4% registrado por el INDEC en el primer semestre de 2006, y del 30,3% del segundo semestre de 2016, cuando el ente estadístico retomó las mediciones. El incremento de personas que no llegan a cubrir sus necesidades de bienes y servicios básicos podría crecer unos cinco puntos en 2018, desde el 25,7% del cuarto trimestre de 2017.

 La tasa de desocupación alcanzaría 10,7% y 10,5% en el tercer y cuarto trimestre de 2018 (Ecolatina)

Víctor Becker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, subrayó la relevancia de la carestía de los alimentos y su incidencia en la pobreza: «Esto es lo más preocupante porque implica un aumento en la Canasta Básica y un aumento de los alimentos por encima del índice general también va a mostrar un aumento en el índice de pobreza».

Según el INDEC los alimentos se encarecieron 40,4% en los últimos 12 meses, frente a una inflación general de 40,5 por ciento. Pero en los primeros nueve meses de 2018 la inflación en alimentos picó en punta y llegó a 35,8%, más de tres puntos por encima del general (32,4%).

«Además del efecto de la inflación, también se va a empezar a sentir la recesión económica, en las suspensiones y despidos. Ambos van a incidir en el aumento de la pobreza», señaló Beker.

Fuente: Infobae

 

 

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