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Cinco consejos para criar hijos solidarios

A partir de un estudio sobre los valores de los chicos, especialistas de Harvard realizaron una lista de recomendaciones para mejorar su educación

La mayoría de los padres aseguran que inculcar a sus hijos la solidaridad y la empatía por el otro son dos de los valores más importantes. Sin embargo, un estudio realizado por la Universidad de Harvard reveló que los chicos no estarían recibiendo este mensaje con tanta claridad.
«Cualquier sociedad saludable también depende de los adultos que están comprometidos con sus comunidades y que , en momentos cruciales, pondrán el bien común antes que las propias. Sin embargo, esto no parece ser parte de la formación de un gran número de jóvenes para crear esta sociedad», explicaron los especialistas en el estudio.
Los investigadores realizaron un trabajo con 10 mil chicos, entre 6 y 15 años en las escuelas norteamericanas, entre 2013 y 2015. El 80% dijo que sus padres les enseñaron que la felicidad y los logros personales son más importante que preocuparse por el otro. Además, la mayoría dijo que «trabajar duro» para conseguir el beneficio personal resulta más valioso que, por ejemplo, la «justicia».
Para los investigadores el mensaje es claro: «Si usted no es feliz, la vida no es nada. Después de eso, la prioridad es hacer bien las cosas para un beneficio personal. Y después de eso, en gastar el exceso de energía en los demás».
Por estas razones, los expertos de la facultad de Educación de la Universidad de Harvard realizaron cinco consejos que todo padre debe cumplir para mejorar la vida de sus hijos y así a la sociedad.
1 – Darles la oportunidad de ser amables
Los niños no nacen con una habilidad innata para actuar amablemente, pero tampoco para no serlo. Con lo que sí naces es con la capacidad de aprender a serlo, de la misma manera con la que pueden aprender a tocar un instrumento o un idioma foráneo.
Ayudar a un amigo en algo sencillo
Todos los días se presentan oportunidades para que aprendan y no hace falta que sean gestos grandilocuentes. En la sencillez de lo cotidiano está la clave. Por ejemplo, que ayude a otro chico a hacer la tarea.
2 – Aprender dos habilidades importantes
Muchas personas escuchan, pero no oyen. Es importante preocuparse por lo que les pasa a los chicos, relacionarse con sus problemas, para que vean y entiendan que el otro es importante y que puede ayudarlo.
Por eso, los investigadores aseguraron que se debe enseñarles a ser «zoom in» y «zoom out». El primero para ponerse en el lugar del otro y, el segundo, para aprender a tener una perspectiva más general del problema. De esta manera entienden toda «la experiencia humana en su contexto».
Enseñarles a oír y que vean las cosas en perspectiva
Es importante que aprendan a reflexionar sobre las consecuencias de sus actos, que acepten que no hay una verdad absoluta, sino puntos de vistas. Entrenarlos para abrir su mente y que sean más tolerantes.
3 – Un modelo a seguir
El estudio reveló que los adultos dicen una cosa, pero actúan diferente a la hora de educarlos, que les gusta llenarse la boca de la importancia de ciertos valores y virtudes, pero que no los llevan a cabo en su propia vida.
Dar el ejemplo con actos, no solo con palabras
No hay que ser padres perfectos, pero sí actuar en concordancia con lo que se dice y se trata de enseñar. Para que cada aprendizaje de valores, sea reforzado con la actitud que quien se lo dice.
4 – Ayudarlos a manejar sentimientos negativos
La vergüenza, la ira y los celos pueden anular la intención de ser amable. Cuando el yo, el ego, se interpone en el camino nubla la capacidad de ver más allá de esa nube tóxica.
Guiarlos ante los sentimientos negativos
Por un lado, necesitan saber que estos sentimientos son normales, pero que no deben dominarlos, ya que existen diferentes maneras de abordarlos. Los niños son «los filósofos morales», dicen los investigadores. Y agregaron: «Frustrarse o tener pena no es algo malo, pero sí deben saber cómo controlarlo, matizarlo, y no proyectarlo en el resto».
5 – Hacerse cargo
Muchos padres no tienen autocrítica, creen que hacen todo bien y que es la escuela, los amigos, el sistema o la sociedad quien llevó a su hijo lejos de los valores que consideran importantes.
«Se preocupan por el estado moral de los niños, pero es difícil encontrar adultos que reconocen que ellos podrían ser parte del problema. Los adultos tienen que interrogar a los mensajes que están enviando, y preguntarse: ¿qué valores estoy realmente instilando?», dijeron los especialistas.

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