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Cuánto influye la forma de vestir en la carrera profesional

Los prejuicios no son sólo raciales, de género o religiosos: en algunos ambientes corporativos, el estilo de un empleado puede afectar su desarrollo profesional

Cuando entró al edificio, le llamó la atención que la gente vestía de forma muy dispar. Había hombres de traje -en un rango que iba desde las grandes marcas hasta los outlets de barrio-, pero también los había en jeans y zapatillas. Lo mismo con las mujeres: el estilo variaba del little black dress con stilettos a las bermudas. Él iba de traje. Al fin y al cabo, era una entrevista de trabajo, aspiraba a conseguir un puesto en la empresa, debía lucir bien.

Al terminar la entrevista, aún algo confundido por los diferentes looks que había visto en los pasillos, preguntó a su reclutador cuál era el dress code de la compañía, aunque sospechaba que no había uno, al menos no en lo formal. La respuesta del ejecutivo lo dejó sorprendido: «acá cada uno se pone lo que le da la gana, pero al ‘gran jefe’ le gusta más la gente de corbata». Por ‘Gran Jefe’ se refería al dueño de la compañía y presidente del directorio, un hombre que solía vestir unos trajes de valor equivalente al de un auto usado. Quizás no en muy buen estado, pero un auto a fin de cuentas.

¿Existe en los ambientes corporativos un prejuicio con respecto a cómo se viste la gente? ¿Puede un determinado estilo personal afectar la carrera profesional?

La respuesta es tan espeluznante como contundente: sí.

Las abuelas decían que no sólo hay que ser, también hay que parecer. Y la vida corporativa tiene sus propios códigos, donde las apariencias importan, donde «los de corbata» ascienden y donde, para llegar a ser un ejecutivo, primero hay que «parecer» un ejecutivo.

«Existe, cada vez menos pero hay jefes que se fijan en la imagen antes que en la identidad», explicó a Infobae el coach empresarial Guso Saint Martin, «Es como quedarnos en lo superficial. Lo mismo pasa con los tatuajes y los piercings, fuera de una línea de producción, claro».

Las apariencias engañan
Jeff Haden es escritor y conferencista, pero además es una estrella de la red social Linked In -un influencer-, cuyos contenidos sobre la vida profesional han sido leídos por más de 25 millones de personas. Recientemente comentó, en esa misma red, sobre cómo la apariencia puede condicionar una carrera.

Su anécdota personal era simple: en una época en la que trabajaba en una fábrica, un gerente le preguntó qué esperaba del futuro. Su respuesta era que esperaba ascender a supervisor y, eventualmente, a gerente. «Para ser supervisor, deberías empezar por lucir como un supervisor», le dijo el jefe. A partir de ese momento, abandonó sus jeans rotos y sus remeras de rock -su look más rebelde- en pos de un estilo más austero. «Si no te ‘ven’ como supervisor, no van a considerarte siquiera para el puesto», le diría aquel gerente en su charla iniciática.

«SI NO TE ‘VEN’ COMO SUPERVISOR, NO VAN A CONSIDERARTE SIQUIERA PARA EL PUESTO»
«No sólo se debe tener en cuenta cómo vestirse sino también los colores que se eligen, además de, en el caso de las mujeres, cuidar detalles como el maquillaje y que el cabello esté siempre arreglado», detalló a Infobae la licenciada Laura Malpeli de Jordaan, Master en Asesoramiento de Imagen. «La imagen se compone de la apariencia y el comportamiento, la comunicación no verbal ‘dice’ mucho de nosotros. De nada servirá vestir de manera impecable si se tiene una postura dubitativa o una actitud negativa», agregó.

«He contratado y hasta ascendido gente que lucía acorde al rol», explica Haden en Linked In, «y resultó que eran solo apariencia. He contratado y ascendido gente que no lucía acorde al puesto… y resultaron ser superestrellas. Estoy convencido de que cómo lucís y, en mayor escala, cómo actuás, no tiene nada que ver con tus habilidades o talentos para un trabajo».

Sin embargo, el mismo autor admite que su visión es algo utópica y distante de la realidad del mundo corporate. A la hora de una contratación, la gente aún se fija -muchas veces en forma inconsciente y sin una intención discriminatoria- en cosas como vestuario, peinado, accesorios, estilos, modales, género, edad, peso, estatura, «todas cosas que no tienen ninguna relación con la performance de un empleado», afirma Haden.

«¿Deberíamos tratar de conformar a los demás?», se pregunta, «Lamentablemente, es probable que sí. Los que contratan gente son a su vez seres humanos, condicionados a inclinarse hacia lo que les resulta familiar, a lo que los hace sentirse cómodos. La gente contrata y asciende a otra gente que se parece a sí misma. Eso les hace sentir que corren menos riesgos».

A la hora de la entrevista laboral, «la primera impresión se logra en un espacio de cinco a treinta segundos y en eso la vestimenta es clave», destacó la licenciada Malpeli, «si no se tiene en cuenta el tema de la imagen se corre el riesgo de generar a priori una impresión errada sin llegar a que se tengan en cuenta las capacidades».

Claro que no todo es así de rígido. Muchas empresas, sobre todo las dedicadas a la innovación y la tecnología, fomentan un estilo más descontracturado, donde no es extraño ver a un CEO con una remera de Superman (ni eso lo hace menos talentoso, menos capaz o menos CEO). Pero, claro, son compañías donde se fomentan los ambientes creativos. En entornos más conservadores, parece imposible. De hecho, «expresar la individualidad puede hacer que conseguir un puesto o un ascenso sea más difícil», concluye Jeff Haden.

Guso Saint Martin comparte una visión más audaz: «Creo que la identidad hace la diferencia. Y se basa en dos lineas de coherencia. Primero: pensar, decir y hacer en el mismo sentido. Segundo: la efectividad del hacer. Ahí, nuestra identidad nos mostrará como empleados efectivos o no. Y en ese contexto somos la ropa que elegimos. Pero la ropa no nos hace. Lo mejor es la sinceridad, aún en lo que llevo puesto».

Sin embargo, a medida que nuevas generaciones de millennials se incorporan al mercado laboral -con sus propios códigos, sus propias necesidades y esa búsqueda constante de tanto confort como libertad- los nudos de las corbatas comienzan a aflojarse.

Quizás ese sea uno de los desafíos a futuro de los entornos corporativos: dejar de lado las apariencias para enfocarse solo en el talento.
Fuente: Infobae

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