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De un quincho en Mar del Plata al mundo: así nació la cerveza Bohr

“Como si fuera una especie de darwinismo en el mundo cervecero, solo sobrevivirán los más aptos”, asegura Agustín Salas de Cerveza Bohr, parafraseando el pensamiento de su amigo Leo Ferrari, uno de los 3 socios fundadores de Antares, cervecero desde las primeras horas en la ciudad de Mar del Plata.

Estamos en la fábrica de Bohr (Mar del Plata), levantada, pintada y dirigida por Agustín Salas y Federico Frattini, amigos y socios fundadores de esta marca de cerveza artesanal que en tan solo 5 años logró producir 25 mil litros mensuales y abastecer a distintos bares y puntos de recarga de diferentes partes del país. Y lo mejor, consiguieron vivir de su propio emprendimiento en el corto plazo.

Al parecer, desde el primer momento supieron que la producción profesional de cerveza es algo complejo y que, si bien es un oficio divertido, se trata de negocio que requiere estudio, inversión y dedicación.

Todo empezó hace 5 años, cuando Agustín Salas (27) y Federico Frattini (27) hicieron su primera cocción de cerveza en el quincho de Gustavo Frattini (padre con buena onda y al poco tiempo, socio inversor). Armaron el primer equipo cervecero con 3 ollas y una heladera de playa y así se lanzaron a cocinar los 20 litros iniciales. Son amigos de toda la vida, vecinos de la misma manzana de un barrio céntrico de la ciudad balnearia. Sus padres también fueron grandes amigos.

Gustavo tuvo una intervención vital en el nacimiento de Bohr. “Fue él quien apostó por nosotros -relata Agustín- cuando estábamos haciendo solo cerveza en casa y no se sabía si íbamos a ser empresarios o borrachos. Él regó la semilla de la locura que nos despertó este emprendimiento ni bien arrancamos”. Cuentan que desde el minuto cero querían destacarse, hacer “las cosas bien”, formarse, reinvertir cada centavo para mejorar y crecer, y dedicarle el máximo tiempo posible.

El papá de Agustín, a quien se lo conocía como Cacho, “en un primer momento no apoyaba la movida -recuerda Agus- porque quería que continúe estudiando abogacía, creyendo que eso era lo mejor para mí. Pero después, al ver que yo insistía con la cerveza y que era algo serio, lo aceptó con orgullo”.

Durante los primeros años, Agustín y Federico mantuvieron sus trabajos para seguir ganándose el sustento; el primero en una compañía de seguros y el segundo en producción de eventos y gestión cultural. La cerveza, por su parte, se hacía en los ratos libres. “En esa época nos echaban de todas las casas por el lío que generábamos. Hemos volado tapas de ollas y explotado botellas. Pero de todo se aprende. Pasamos por la cocina de mi casa, por la de la novia de Fede y finalmente por el quincho de Gustavo. Para ese entonces, con un equipo de 50 litros que conseguimos comprar luego de una decena de cocciones, copamos el quincho y hasta una habitación de la casa”.

Gustavo, que todavía observaba desde la ventana, entendió que la pasión de estos dos emprendedores era mucho más profunda de lo que imaginaba y que, al parecer -y es lo que sucedió después-, ambos dejarían sus trabajos y estudios para abocarse de lleno al arte cervecero. Por eso decidió apoyarlos y sumarse como socio inversor, aportando el dinero inicial necesario para poder dar vida al emprendimiento. Enseguida se apasionó con el proyecto Bohr y también se sumó a cocinar.

Sinceridad
“Nuestras primeras cervezas eran horribles porque no teníamos ni el conocimiento ni el equipamiento adecuado. Pero después de unos cuantos errores, cuando logramos cervezas ricas la compartimos y regalamos a la familia y a los amigos”. A esa etapa la definen como “la amateur”. Al poco tiempo, tomaron los mejores cursos que encontraron, se abocaron a la lectura de libros indispensables como el de John Palmer, buscaron formación con cursos en el exterior y, sobre todo, fueron aprendiendo de los colegas con más experiencia -como sucedió con el maestro cervecero Gabriel Reynoso-, cocinando junto ellos siempre que podían, tanto en el país como en el exterior.

Obstinados y perfeccionistas -así es como se definen-, no tardaron en mejorar su producto hasta lograr destacarse. Una muestra de ello es que, a menos de un año de abrir la fábrica, lograron obtener una medalla de oro con el estilo Scottish en la Copa Argentina de Cervezas.

Evolución
“Las cosas se fueron dando”, coinciden Agus y Fede, asombrados del veloz crecimiento que tuvieron, habiendo pasado de producir 20 litros mensuales en un quincho a 25 mil litros mensuales en su propia fábrica.

“En dos años pasamos de hacer cerveza para amigos a alquilar choperas. Pero nuestra capacidad de producción era muy limitada como para considerarlo un trabajo como medio de vida. En 2016, un bar local nos ofrece comprarnos un volumen que nos era imposible abastecer. Esa propuesta nos hizo tomar la decisión y el riesgo de dejar lo que estábamos haciendo para dedicarnos en un 100% a vivir de la producción de cerveza artesanal. Conseguimos el dinero, compramos un bloque de cocción de 500 litros, algo de equipamiento y nos instalamos en el galpón en el que estamos ahora. Fueron 5 meses de intenso trabajo donde todos pusimos el hombro para que la fábrica pudiera sacar su primera cocción en septiembre de 2016. Lo más gracioso fue que en el momento de salir a vender nuestra primera producción, el bar que nos motivó a arrancar nos dijo que ya no les interesaba nuestro producto. Es decir: no teníamos ningún cliente y teníamos un montón de deudas”.

Aunque al principio se enojaron, luego agradecieron a ese bar que nunca les compró nada porque sin ese impulso no habrían tomado los riesgos ni la decisión de producir de manera profesional.

Entre las enseñanzas obligadas para que Bohr lograra crecer, aseguran que tuvieron que “aprender a ser una empresa”. Dividir los roles y no hacer todos lo mismo fue una de las primeras y más acertadas decisiones. También contrataron a una consultora para que los asesore y acompañe en el crecimiento, y un equipo de diseñadores para que maneje la imagen y las redes sociales. Además, están trabajando con la Universidad Nacional de Mar del Plata en el control de calidad de las levaduras que utilizamos.

¿Cuáles son los pilares de Bohr? La calidad y la Innovación afirman. “A pesar del aumento de los insumos importados que utilizamos, tomamos como política de empresa no bajar la calidad del producto. En este punto la rentabilidad bajó mucho por supuesto, pero el apoyo del consumidor suplió este problema con el aumento del volumen de ventas. El consumidor de cerveza artesanal ha ido educando su paladar y es cada vez más exigente. Nosotros estamos interesados en continuar abasteciendo a ese mercado premium”.

Y, ¿qué estilos les produce especial orgullo? “Las dos cervezas que han ganado medallas nacionales e internacionales como la Scottish y la Imperial Red Ale (IRA), aunque también estamos muy felices con nuestra IPA insignia que es la Jammin IPA y con nuestras cervezas añejadas en barrica que se producen en poco volumen como la Imperial Stout”.

Puntos de venta
En bares multimarca y puntos de recarga de Cerveza Artesanal en Mar del Plata, varias localidades de provincia de Buenos Aires, Capital Federal, Entre Ríos y en el sur del país a través de una distribuidora. Y para el 2020 tienen proyectada la apertura de un bar propio, aunque no se desesperan porque su prioridad está en producir cerveza de la mejor calidad posible y abastecer a consumidores exigentes de cualquier punto del país (y del exterior, por qué no).

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