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“El cerebro es una máquina y se está fusionando con otras”

Marvin Minsky, pionero de la inteligencia artificial; fundador del laboratorio del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT.

 

 

¿Qué es inteligencia?
Capacidad de adaptarse. Quien no la tiene, desaparece.

¿E inteligencia artificial?
Lo mismo. No hay distinción entre una inteligencia y otra, porque ambas nacen y existen para servir a la evolución humana.

Pero un ordenador es una máquina.
Y nuestro cerebro también. Es una máquina de adaptarse a las circunstancias cambiantes del medio: un motor para evolucionar. También lo es el ordenador, del que nos servimos como prótesis de nuestro propio cerebro para ser más inteligentes, es decir, para adaptarnos mejor.

Ahora mismo le estoy grabando con un smartphone.
Mi amigo el filósofo Daniel Dennet diría que ese smartphone sólo es una prótesis de su memoria y de su cerebro. Y usted lo lleva consigo como complemento de su cerebro. Al final, no hay diferencia pertinente entre su cerebro de carne y el de silicio.

Pero el ordenador no tiene vida propia.
La vida surgió cuando ciertas moléculas empiezan a reproducirse a sí mismas y evolucionó porque la vida tiende a ocupar todo espacio disponible especializándose en hábitats. Esa forma elemental de adaptación consiste en potenciar los rasgos que sean más útiles a cada medio específico. Nosotros la hemos superado.

¿En qué sentido?
Los humanos ya no tenemos que especializarnos en un hábitat con evolución genética porque, gracias a nuestra inteligencia, desarrollamos tecnologías para adaptarnos a todos: desde el desierto hasta los polos.

Es la evolución cultural.
Lo inanimado pasó a la vida no consciente y después a la humana consciente y ahora estamos en la transhumanización: nuestra fusión con la inteligencia artificial para llegar a la posthumanidad…

¿Cuándo va a superar la inteligencia artificial a la que traemos de serie?
Kurzweil calcula que ese momento será hacia el 2029. Y a mí me parece estupendo, pero no veo nada emocionante en la fecha, porque la convergencia entre nuestra inteligencia y la creada por nosotros para complementarla ya se está produciendo.

Ese momento de superioridad de la máquina da miedo a muchos.
El peligro no está en las máquinas, sino en nosotros, porque tener poder es tener la posibilidad de usarlo contra uno mismo. Es el problema filosófico de nuestro tiempo, porque nuestro poder se multiplica, como nuestra inteligencia, de forma exponencial con la capacidad de los ordenadores.

La ley de Moore.
Cuando yo entré en Harvard había un solo ordenador y se usaba para fines militares. Lo mirábamos con respeto. Y ningún estudiante podía siquiera soñar con acercarse a él. Cuando empecé el doctorado, ya había ordenadores en todas partes y cada dos años duplicaban su capacidad.

Y van camino de superarnos.
Y de integrarse con nuestra inteligencia. Sólo hay que mirar alrededor y darse cuenta de que ya no hay límites entre nuestra inteligencia y los ordenadores. Todo el día pegados a ellos: los llevamos ya en el bolsillo a todas partes y cada vez más potentes.

¿Hasta dónde puede llegar el hombre?
Es la otra gran pregunta para la filosofía y para cualquiera que tenga dos dedos de frente.

¿Su respuesta?
No tenemos límites excepto el que impusiera un mal uso de nuestro cada vez más inmenso poder. Podemos usarlo para el suicidio en masa de la especie, como demostró la guerra fría o como podría demostrar el calentamiento global ahora. Y aun así…

¿Y aun así…?
Hay otros planetas habitables. Si ese suicidio no lo cometemos antes de desarrollar la tecnología necesaria, no habrá nada que impida que los habitemos y que la especie cambie de planeta… Y aún más allá.

¿Qué más allá?
Hay universos paralelos…

Habla usted más como un escritor de ciencia ficción que como un científico.
Lo tomo como un gran cumplido. Porque fui amigo y además vecino de Isaac Asimov y muy amigo de Arthur C. Clarke…

Asimov dijo que usted era el humano más inteligente junto con Carl Sagan.
Mi ciencia seguía a la ficción de Asimov y no al revés.

Clarke dijo que podía o no haber vida en el resto del universo: las dos opciones eran igual de terroríficas.
Si antes no nos suicidamos como especie, esa vida la podríamos llegar a poner nosotros.

¿Ha leído a Kurzweil, pensador de Google: el mejor pagado del universo?
Es amigo mío, pero me da igual lo que le paguen. Asimov era mejor escritor.

¿Por qué?
Porque no escribía monólogos: al escribir dejaba espacio para puntos de vista distintos del suyo y los recogía con respeto. Una habilidad que hoy los escritores de ciencia ficción parecen haber olvidado.

La vida es un chip

¿Cuánto tiempo pasa hoy nuestro cerebro acoplado a otro artificial? ¿Cuántas horas estamos ante la pantalla del PC, la tableta o el smartphone? La mayoría tenemos gran parte del día las neuronas conectadas a los chips. Mire a su alrededor y cuente cuántos humanos hablan con una pantalla y cuántos con otros humanos: ¡están ganando las máquinas! Como sentencia Minsky, no va a llegar el día en que nuestra inteligencia se fusione con otras artificiales, porque ya ha llegado. Y si lo duda, intente prescindir de su smartphone por unas horas. La incógnita es si al fundirse con los chips nuestras neuronas vivirán tanto como ellos, porque somos nuestros recuerdos.

Biografía

Marvin Lee Minsky nació en la ciudad de Nueva York, en el seno de una familia judía. Asistió a la Escuela Fieldston y a la Escuela Secundaria de Ciencias del Bronx. Más tarde asistió a la Academia Phillips en Andover, Massachusetts.

Tras acabar la secundaria se unió a la Marina de los Estados Unidos. Tras dos años de servicio entra en la Universidad de Princeton donde se graduaría en 1950. En la actualidad ocupa la plaza de Profesor Toshiba de los Medios de Comunicación y las Ciencias en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Minsky ha contribuido en el desarrollo de la descripción gráfica simbólica, geometría computacional, representación del conocimiento, semántica computacional, percepción mecánica, aprendizaje simbólico y conexionista. En 1951 creó SNARC, el primer simulador de redes neuronales.

Escribió el libro “Perceptrones” (con Seymour Papert), que se convirtió en el trabajo fundacional en el análisis de redes neuronales artificiales. Su crítica de la investigación poco rigurosa en el campo ha sido indicada como responsable de la desaparición virtual de la investigación académica en redes neuronales artificiales durante los años 70.

Minsky fue consejero en la película 2001: Una odisea del espacio y hay referencias a él tanto en la película como en el libro. Durante la filmación Minsky casi murió en un accidente.

Minsky también es responsable de sugerir la trama de “Jurassic Park” a Michael Crichton durante un paseo por la playa deMalibú. En ese punto los dinosaurios fueron concebidos como autómatas. Más tarde Crichton hizo uso de sus conocimientos en biomedicina y concibió los dinosaurios como clones.
El Minskytron o “Pantalla de tres posiciones” operado por laminicomputadora de la compañía ya desaparecida Digital Equipment Corporation(DEC) su modelo PDP-1 en El Museo de Historia de computación, localizado enCalifornia, Estados Unidos, mismo monitor que se utilizó en el primer videojuegoSpacewar!, Fotografía-2007.

Minsky ha recibido el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento 2013 en Tecnologías de la Información y la Comunicación. El jurado de dicho premio destacó sus trabajos sobre el aprendizaje de las máquinas, en sistemas que integran la robótica, el lenguaje, la percepción y la planificación además de la representación del conocimiento basada en marcos (frames), han conformado el campo de la Inteligencia Artificial.

Fuente: Diario de cultura

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