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Ernesto Guevara: acaso uno de los últimos héroes latinoamericanos

Un análisis comparativo a partir de la lectura de “La vida en rojo”, de Jorge G. Castañeda y “Ernesto Guevara, también conocido como el Che”, de Paco Ignacio Taibo II. Por Adriana Muscillo.

Por un lado, Jorge G. Castañeda, el autor de “La vida en rojo”, intenta rasgar la telaraña que tejió el mito para descubrir al que, a su juicio, fue el verdadero Ernesto Guevara. Castañeda –politólogo mexicano, licenciado en filosofía y doctor en Historia Económica de la Universidad de París I- es un agudo y polémico revisionista de la historia política y social de Latinoamérica. Su libro, “La vida en rojo”, fue escrito a partir de un profundo trabajo de investigación para el que no escatimó recursos. Valiéndose de fidedignas fuentes como los archivos de Estado de los países involucrados y numerosos testimonios, cartas y relatos, fue reconstruyendo la figura del mítico “Che”.

Si bien es admirable el trabajo de recopilación y compilado de datos ejercido, la hipótesis que el autor funda a partir de ellos tal vez resulte una construcción que soslaye factores fundamentales como la importancia histórica innegable de su influencia. Admitir la existencia de una metamorfosis que convirtió al Guevara de la escuelita de La Higuera en el ícono beatificado de Vallegrande no debería impedirnos valorar el impacto histórico y político que ofrece su imponente figura.

El mito cristificó la imagen del “Che” pero el dato real y concreto es el de un hombre que, más allá del “error de sus enemigos”, luchó desinteresadamente y murió por sus ideales. Y eso lo convierte en mito por la sencilla razón de que es muy difícil de alcanzar para cualquier mortal, por muy idealista que se precie.

Y si no le hubieran lavado la cara para exhibirlo como trofeo con los ojos abiertos, como “viendo a sus victimarios y perdonándolos porque no sabían lo que hacían”, aún así, el magnífico hombre, con su entrega, con su accionar, trasciende las fronteras del mito y se presenta ante nosotros sin ambiciosas interpretaciones, solamente ajustándonos al dato histórico, como un verdadero hito en la marcha política de Latinoamérica.

Para completar este análisis, es interesante comparar la postura de Castañeda con la de Paco Ignacio Taibo II, quien ofrece una perspectiva diferente. La del niño Guevara, montado en su burrito “de ojos dormilones y semicerrados”, presagiando al muchacho que -25 años más tarde- habría de cabalgar en burro al frente de los rebeldes cubanos.

Taibo II, historiador y escritor, fundador del género neopolicíaco en Latinoamérica, obtuvo el Premio Nacional de Historia, el Premio Internacional de Novela Planeta – Joaquín Mortiz y tres veces el Premio Dashiel Hammet a la mejor novela policial. Tuvo también un perfil rebelde: fue prófugo de tres escuelas superiores y participó del movimiento estudiantil del ’68.

Naturalmente, su condición lo impulsó a contar una historia novelada, en la que “infancia es destino” y deja ver en su libro “Ernesto Guevara, también conocido como el Che”, la simpatía que le inspira y la admiración que le profesa al indiscutido –me atrevo a afirmarlo- héroe latinoamericano.

Por otra parte, tal vez el análisis del mito que propone Castañeda se pueda comprender a partir de lo que él mismo menciona en su prólogo: “Tal vez quienes no compartimos esos años de plomo y gloria podemos narrarlos con mayor objetividad y precisión que aquellos que los gozaron en carne propia… La historia la hacen sus protagonistas y la escriben los escritores”.

Esta pretensión de objetividad, escudada detrás del hecho de no haber sido protagonista es, por lo menos, engañosa. En realidad, siempre que haya alguien que cuente algo, ese algo va a estar teñido con la subjetividad de ese alguien que lo cuenta, haya sido o no haya sido protagonista de la historia. Y ningún ejemplo podría ser más claro que el que el mismo autor aporta con su obra.

Paco Ignacio Taibo II dirá, en explícita alusión a su colega, que “… En la historia, nadie es propietario de documentos, tan solo de interpretaciones”. Taibo II, comprometido con la realidad política y social de su época, lejos de pretender objetividad, imprime a la historia su sello personal, narrándola con componentes que obedecen al orden del pensamiento mágico. Su relato habla de fotos que presagian destinos – novelista al fin – y centra su atención en “los burros, los mulos, los caballos, los animales de cuatro patas que se puedan montar”. Cita leyendas y hasta la letra de una canción para ilustrar la nota.

Más allá de las discrepancias que suscita su figura, lo cierto es que el doctor en medicina, político revolucionario, quien fuera Presidente del Banco Central y Ministro de Industria en Cuba, el combatiente guerrillero del Congo, principal activista de la revolución cubana, herido y apresado por el ejército boliviano para luego asesinarlo en prisión – goza de un merecido prestigio mundial, tanto por sus cualidades de teórico revolucionario como por su intensa actividad en la organización de movimientos guerrilleros.

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