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Hay un caso de justicia por mano propia por semana

La pólemica que sobrevuela el caso del médico Villar Cataldo –¿se defendió o se excedió?– tapó la verdadera cuestión de fondo que hay detrás: la inseguridad está en uno de sus puntos más calientes de los últimos tiempos. En promedio, sólo en la provincia de Buenos Aires hay un muerto en un robo cada dos días. Hay unas dos millones de armas registradas en la Argentina y la propia directora del RENAR calcula que en total circulan unas 9 millones, una cada cuatro personas.

En ese contexto, los intentos de justicia por mano propia van en aumento: este año hubo al menos 25 casos fatales, casi uno por semana. En la noche del viernes, un almacenero mató a un asaltante en Mar del Plata. Una semana atrás, Villar Cataldo acribilló al ladrón en San Martín y un adolescente apuñaló a otro en su casa de La Matanza. Tres días antes, un militar retirado ejecutó a un delincuente en Las Heras (Mendoza). El 18 de agosto, un almacenero de 71 años había acabado con un asaltante en su local de Ensenada, La Plata.

En julio hubo tres casos. Entre el 17 y el 19, un taxista apuñaló a un ladrón en Barracas, una mujer mató a un asaltante en una estación de servicio de Palmira (Mendoza) y en Lanús, un hombre se defendió a tiros en su casa. En junio, el dueño de un supermercado marplatense mató a un delincuente en su hogar, un comerciante chino acribilló a un ladrón en Valentín Alsina y un jubilado de 82 años mató a otro asaltante en su casa de Florencio Varela. Entre abril y mayo, cinco víctimas de robos mataron a asaltantes en Rosario.

Hubo más tiros en abril, cuando un jubilado mató a un ladrón en su casa de Villa Gesell y un hombre baleó a otro en Campana. En marzo, una familia asaltada en Córdoba persiguió y mató a un delincuente, mientras que el dueño de una heladería de Moreno acabó con la vida de un asaltante. El abogado Silvio Martinero disparó contra motochorros en el Microcentro y mató por error a un cerrajero, algo similar a la ocurrido en enero en Tucumán: una víctima quiso balear a un asaltante y mató a una vecina. En febrero hubo un caso en Añatuya (Santiago del Estero) y otro en Mendoza: un adolescente de 15 años le dio con una escopeta a un ladrón en Las Heras. En enero, un pescador de Campana persiguió con su auto a dos motochorros, los atropelló y mató a una chica de 18 años.

Cada episodio habla de lo mismo: un Estado ausente, una pobreza esponsoreada durante más de una década y un cambio que no llega. Una grieta entre los que están adentro y los que están marginados, que ha naturalizado una lógica caníbal: matar por un objeto –para robarlo o para defenderlo- es parte de la rutina cotidiana.

“Nosotros no llamamos a la Policía”, advierte un pasacalles colgado en Garín en julio. Hay réplicas por todo el Conurbano.
Fuente: Minutouno

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