Mirador Virtual Mobile

Hiperconectados: Me conecto, luego existo

Estar en varios lugares al mismo tiempo ya es más que una tendencia. Cenamos con alguien pero a la vez estamos conectados con uno o varios grupos de WhatsApp y chateamos por Facebook o compartimos fotos en Instagram sin movernos de lugar. ¿Hiperactividad social? ¿Cómo nos afecta atender más de una cosa por vez?.

Un mago puede estar en varias partes al mismo tiempo o al menos hacértelo creer. Muchos santos sufís tenían el don de doblar el tiempo y el espacio; rezaban en distintas mezquitas del mundo a la vez. Pero yo no me quedo atrás ¡Ojo! Ayer nomás, en medio de un cumpleaños mantuve una acalorada charla sobre el gabinete del presidente electo, organicé un asado con pileta desde WhatsApp y confirmé un hospedaje en plan vacaciones por medio de un chat de Facebook. Impresionante ¿No? Y eso que no soy santa ni estudié para maga.

Ya en la secundaria un profesor siempre me increpaba: ¿Gallo usted puede hablar y prestar atención al mismo tiempo? Sí, respondía yo con certeza e insolencia. Y a continuación cuando me tocaba dar mi opinión, siempre zafaba. Algo me había quedado aún sin ser consciente de ello. Claro, todavía no había llegado la era digital.

“Antes podía escribir horas enteras e ir a conferencias que duraban entre 2 y 3 horas y me concentraba. Ya no puedo escribir más de media hora sin enviar mails o ver un gol de Messi”, dice el periodista y escritor Hernán Casciari en el Tercer Simposio Internacional sobre el Libro Electrónico y asegura que es imposible concentrarse en algo que dure más de 20 minutos.

Daniel Cabrera, autor de “Lo tecnológico y lo imaginario” dice que: “las tecnologías prometen y cumplen. Todo está preparado para que la simplicidad de uso se encuentre con la efectividad de los resultados”. Las consecuencias son: el estado de novedad permanente” en el que viven los usuarios y el “imperativo de conexión continua e instantánea”. A esto se le suma este estar y no estar en varios lugares que borra los espacios físicos, hacia un horizonte donde no hay escapatoria.

ILIMITADA

María Julia Urquiza, 29 años, profesora en ciencias de la educación, duda a la hora de definirse pero está hiperconectada. Ya verá.

“Si hago una revisión del día todas mis actividades están atravesadas por el uso del celular y en menor medida por la computadora”, asegura y reconoce: “Uso internet para trabajar, informarme, chatear, revisar mis mails, redes sociales, la cuenta del banco, grupos de wasap y música desde que me levanto hasta que me acuesto”.

Para ella el celular no es solo una herramienta de trabajo sino una extensión de su cuerpo. No puede salir de su casa sin el dispositivo. “Me sentiría perdida”, confiesa y remarca que lo único que es capaz de hacer sin estar conectada es dar una clase.

“Tengo una lucha interna con esto, pero todavía no lo puedo controlar o cambiar, me sale naturalmente agarrar el celular y revisar aunque sea la hora”, dice Julia y cuenta una situación que se reitera y es tema de discusión con su novio: el reproche por no compartir los momentos por estar conectada. Aunque esté mirando una película no puede abandonar una conversación con amigas en WhatsApp por más que sea de lo más banal.

“Todo lo que hago, lo hago conectada. Ya no puedo separar”, afirma Julia. Cocina y revisa recetas en el celular, mientras whatsapea y saca fotos de su nuevo plato. “Lo tengo naturalizado y puedo encontrar tantos mundos posibles en la red que cuando puedo sumarlo a alguna actividad, lo hago”, reflexiona y aclara: “Mi límite es cuando voy al cine o al teatro””.

LA TECNOLOGÍA SE INTERPONE

Marisa Beltran, 31 años, licenciada en Comunicación Social usa entre 2 ó 3 dispositivos diariamente y en su celu, cuenta con 70 Apps.

Coordina los medios digitales de un organismo público y su smartphone está siempre online. ¿Su único momento de desconexión? Cuando nada. El agua le permite dejar afuera de su mente toda comunicación virtual.

“Por la naturaleza de mi labor, incluso en una reunión laboral cara a cara, tengo ‘permitido’ revisar el celular”, asegura Marisa aunque también comenta “intento que la prioridad sea la persona frente a mí, pero muchas veces la tecnología se interpone”.

Sus mayores hazañas, sépalo, son ordenar la casa o arreglarse para salir sin dejar de estar conectada. Sus familiares a esta altura comprenden su hiperactividad y la aceptan, claro. Además, a esta altura no puede evitarlo. Tanto que sabe pedir disculpas si los incomoda.

“Uno aprende a jerarquizar la atención y así poner en foco lo que parece más importante. De todos modos, soy de las personas que opinan que a largo plazo no focalizarse en una sola tarea lleva a menor productividad y stress”, dice Marisa y asegura que le cuesta bastante concentrarse en una cosa por vez. Hoy, por ejemplo, su historial de navegación pasó por ¡guau! más de 100 páginas, pero solo logró leer lo que conscientemente se propuso.

HASTA QUE SE AGOTE LA BATERÍA

Lorena Soledad, 29 años, estudiante de diseño en comunicación visual, no sabe que es estar offline. El celular lo mantiene prendido hasta cuando se acuesta porque lo usa de alarma. Le gusta el hecho de estar online para cualquier cosa que pueda surgir.

“Uno aprende a jerarquizar la atención y así poner en foco lo que parece más importante. De todos modos, soy de las personas que opinan que a largo plazo no focalizarse en una sola tarea lleva a menor productividad y stress”

“Es una manera de vivir. En este momento mantengo una charla por Facebook, escucho la lista de reproducción en la notebook (que es la que venía escuchando en el celular), coordino grupo con mis compañeras de la facultad y chequeo alguna que otra notificación en el celu”, dice Lorena. Otra hiperconectada que -lapidaria- asegura: “la única manera de no estar conectada es cuando se me termina la batería y me descoloca”.

“Me considero multitarea”, afirma Lorena. A veces cuando llega a su casa después del trabajo o la facultad, se sienta en la notebook para chequear en profundidad lo que no pudo ver en el celu.

Ella, las acaba de contar, tiene 18 aplicaciones que van desde el querido y conocido Facebook hasta la novedad: Hapnn (donde podés conocer a quienes te cruzas en la calle y My Gym (el app del gimnasio donde puede consultar su plan y reservar lugar para actividades)

Si a usted le cuesta concentrarse en una sola cosa por vez, seguro le pasa como a Lorena, que ya se acostumbró a todo lo contrario: mientras hacemos la entrevista para esta nota ella arregla horario con el grupo de la facultad y hace el bolso para el fin de semana largo. Si bien hay quienes todavía no se hallan en este modo de vida, como puede ser alguno de sus familiares que a la hora del almuerzo le piden que abandone el celular, dice ella, lo están naturalizando. Aunque, claro, no lo entienden.

NO ESTABA ATENTO

¿Quién iba a decir que podríamos estar en dos lugares al mismo tiempo? ¿Qué podríamos hablar con varias personas al mismo tiempo, de diferentes cosas? ¿Pero podemos prestar atención a todo lo que hacemos con la misma intensidad?

En 1999 Christopher Chabris y Daniel Simons, dos psicólogos cognitivos estadounidenses, realizaron un experimento al menos llamativo. Sencillo y divertido: reunieron a seis estudiantes, que dividieron en dos equipos: unos de remera blanca y otros de negro y les pidieron que se pasaran una pelota de básquet unos a otros mientras se mezclaban. Y los filmaron. Luego hicieron varias copias en VHS -pues ni los pendrives, ni Youtube ni Vimeo existían todavía- y lo distribuyeron por la Universidad de Harvard para que lo vieran la mayor cantidad de personas.

La consigna era que contaran la cantidad de pases que hacían los jugadores vestidos de blanco, sin prestarle atención a los de negro. Usted mismo puede después de leer esta nota mirar el video en Youtube y hacer la prueba, verá que la respuesta es 15 pases. Sin embargo, los investigadores les preguntaron luego ¿notaron un gorila? Nadie supo responder.

Así es, si uno fija mucho la atención en algo puede perderse de vista otro algo. Te puede pasar un gorila por delante, literal, que no lo percibís.

Para la neurociencia, lo aclara Facundo Manes, el gurú del rubro en Argentina, la multitarea disminuye el rendimiento cognitivo. Pensar que se es productivo haciendo muchas cosas al mismo tiempo es una ilusión o, mejor dicho, al revés: “el cerebro funciona mejor cuando se hace una cosa por vez”. Incluso cuando “no estamos haciendo nada” el cerebro trabaja muchísimo, dice el neurólogo y lo distingue como un “tiempo clave” para que se procese la información que se adquirió cuando se estaba prestando atención.

“Quizás para los más jóvenes, acostumbrados de pequeños a la tecnología digital, esto no les genere demasiado problema, es parte de su way of living. Para los que venimos de otros modos más tranquilos y pausados de comunicación esto puede generar stress y hasta dependencia adictiva. Influyen asimismo el hecho de tener que trabajar con las redes o tener otras formas de desempeñarse por fuera de lo tecnológico”, asegura Ricardo Rubinstein, médico psicoanalista miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y del International Psichoanalytic Association (IPA) y aclara: “Lo que casi no es posible es mantenerse alejado de ello”.

“Algunas personas llenan sus espacios muertos, vacíos con la tecnología y tienden a intoxicarse. En estos casos la ansiedad ya es previa y las redes ‘defienden o protegen’ de esos estados que pueden ser angustiosos”, dice Rubinstein.

Pero ¿qué consecuencias trae estar conectado en dos o tres lugares a la vez? Es un acostumbramiento, un zapping, dice Rubinstein, que puede ocuparlos o entretenerlos. “No podemos esperar profundidad ni demasiada elaboración en lo que de allí derive”, aclara.

Según este especialista no es aconsejable tampoco pasar al extremo del aburrimiento pero sí aconseja aprovechar los tiempos libres, las pausas, los momentos de reflexión y encuentro consigo o con los seres amados. Porque asegura que quienes tengan potencial adictivo, con las redes pueden sentir ansiedad intensa cuando no se conectan.

LA VIDA SIGUE ONLINE

Sí uno se pregunta por el cambio que la hiperactividad produce en nuestras vidas, Marisa confiesa: “me genera un stress que debo cuidar con mucha atención para que no sea negativo. Pero me interesa y disfruto, además de que te permite aprender mucho, es algo así como una continua alfabetización en un lenguaje que se construye a cada segundo y alrededor del mundo”.

También es verdad, como dice Lorena, estamos tan atravesados por la tecnología que todo se confunde: “siempre pienso que si le pasa algo a mi computadora se pierde una parte de mí”. ¿Trágica? No. Las cosas cambiaron querido lector, de modo que nada de ser apocalípticos. Habrá que encontrarle la vuelta y conectar con todos, todo el tiempo, porque de la hiperconectividad no se vuelve.

Fuente: Diario de Cultura

Comentarios

comentarios

No comments

Deja una respuesta