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Katy Perry, las múltiples variantes del magnetismo pop

Desde una pantalla ovalada, un ojo celeste espiaba los movimientos del público durante la previa. Cualquier paranoico a la pesca de grandes conspiraciones diría que se trataba de simbología Illuminati, pero eso no preocupaba a los niños con sus padres que eran mayoría en el campo preferencial, ni a los jóvenes adultos que aportaron color & calor en el campo común. Millennials de un lado, centennials y “generación alpha” del otro: divisiones etarias aparte, todos querían que terminara el largo bache que se hizo entre el show telonero de Lali Espósito (cantó “Boomerang” y “Tu novia”, entre otras) y la aparición de Katy Perry. Los temas de The Smiths, Michael Jackson, Prince y The Sugarhill Gang amenizaban pero no era lo que esta pequeña multitud, poco más de 12 mil personas, había venido a escuchar al Club Ciudad de Buenos Aires.

Entonces, las luces se apagaron, el ojo se volvió galaxia, el humo ganó el cielo y de la pasarela central, emergió Katy. Gafas azules espejadas, el pelo cortito y platinado, un mic dorado y con un ajustado traje al tono que la hacía ver como un personaje escapado del casting de los Halcones Galácticos (quiénes son, se preguntarán los que tienen menos de 30), hizo su ingreso triunfal con Witness para enseguida pegarle Roulette. Sobre el escenario, una típica banda de rock le cubría las espaldas (batería, bajo, teclados, dos guitarras, dos coristas), un acróbata estilo Cirque du Soleil tiraba piruetas sobre un dado gigante y ocho bailarinas con corazones sobre sus cabezas completaban el cuadro, mientras en el aire se detonaban los primeros fuegos artificiales y volaban corazoncitos de papel. Desde el vamos, fue un show tan abundante y exagerado como el escote y las caderas de Katy. 100% pop.

Katy Perry, las múltiples variantes del magnetismo pop

La escenografía y el vestuario caracterizaron un show exagerado. (Rolando Andrade Stracuzzi)

“¿Están listos para tener el mejor domingo de su vida?”, arengó Katy antes de que la escenografía volviera a cambiar. Unas marionetas gigantes con cabezas de televisor y las bailarinas con trajes ídem reforzaron la idea implícita en Chained to the Rhytm.

 

El concierto se dividió en cinco actos y un bis, cada uno con sus correspondientes temática y cambio de vestuario para Katy. Primero fue el “Manifiesto”; luego, “Retrospectivo”. Acá, tras unas fotos que dieron cuenta del crecimiento y metamorfosis de Katy, ella apareció con un traje cuadriculado, negro sobre blanco. Después de Teenage Dream, se quitó el saco para descubrir un top de leds que iluminaron las palabras clave de las canciones siguientes: Hot ‘N ColdLast Friday Night California Gurls. El remate fue la aparición de un tiburón humanizado que le robó el micrófono y con quien se enfrentó en una simulada lucha libre hasta recuperar su instrumento. Para más muestras de su magnético carisma, a continuación hizo subir al escenario a un muchacho con una bandera argentina. El afortunado fue Nicolás, de 18 años, quien le repitió varios “te amo” a la cantante. Ella hizo que fuera correspondido, dándole un fuerte abrazo e intentando comunicarse con él, pese a que Nicolás no hablaba en inglés y ella tampoco domina el español. Así y todo, a través de él les hizo sentir su gratitud a sus fans locales para luego regalarles su primer gran hit: I Kissed a Girl.

Katy Perry, las múltiples variantes del magnetismo pop

Katy Perry cantó, bailó e interactuó con el público. (Rolando Andrade Stracuzzi)

En el bloque anterior la palabra “SEX” se había prendido sobre los pechos de Katy, siendo preludio del acto siguiente: “Descubrimiento sexual”. Unas rosas altísimas con sus correspondientes espinas marcaron el camino de la sinuosa pasarela por la que anduvo Perry en Déjà Vu. Para Tsunami, uno de los tallos sirvió de caño para un bailarín de pole dance. Y aunque la danza no es lo de Katy, se animó a acompañarlo dando unas vueltitas. Por si las metáforas sexuales no alcanzaban, un mosquito alien la emprendió contra una planta carnívora vaginal en E.T.; y en Bon Appétit la Perry fue sazonada en imaginarias sal + pimienta, para devorarla mejor.

Después, el momento “Introspectivo” tuvo una puesta más sencilla y una Katy plateada y brillante, desde la peluca hasta el vestido. Aquí cantó de manera más sentida, sin valerse de pistas vocales y también animándose a rasguear una acústica para Wide Awakey Thinking of You.

El segmento “Surgimiento” arrancó con los sonidos y la estética del PacMan (otra vez, los 80s…) y Katy enfundada con la 10 argentina de… Perry, ahí donde debería decir Messi. Después de Part of Me, se la sacó para regalársela a un pibe que sostuvo un cartel que decía “Es mi cumpleaños” durante todo el show. Así, quedó en top y minishort azules de latex, rodeada de unas pelotas gigantes de basquet que rebotaron tanto como la pista de Nicki Minaj en Swish Swish.

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Después de RoarFireworks trajo el final con, claro, fuegos artificiales, más papelitos voladores y Katy dando sus últimos alaridos parada sobre una mano de estatua gigante y relativizando su propio tamaño, disfrazada de princesa. En definitiva, quiso decirnos que nada es tan grande como lo vemos.

 

 

Fuente: Diario de Cultura

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