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La comida que enferma: hay cada vez menos alimentos confiables

En el Día Mundial de la Salud, la OMS puso el énfasis en la calidad de los productos que consumimos. Cinco claves a la hora de manipular los alimentos

El Día Mundial de la Salud es una fecha especial que convoca a reflexionar sobre problemáticas que afectan a la salud mundial y sienta las bases para la promoción de políticas sanitarias y acciones concretas que redunden en el bienestar de toda la población. La Organización Mundial de la Salud (OMS) tomó como tema de este año la inocuidad de los alimentos.

Es que según este organismo, dos millones de personas mueren al año en todo el mundo por alguna causa relacionada con alimentos insalubres. Existen múltiples enfermedades que son transmitidas por alimentos o agua contaminada, a través de virus, bacterias, parásitos o sustancias químicas que entran en contacto con el cuerpo.

La manera en la que se transformó la agricultura y la cría de animales, la manipulación del material genético de los cultivos, y hasta la intoxicación con pesticidas. «Todos estos factores nos hacen caer en la cuenta de que cada vez se nos reduce más la cantidad de productos comestibles de los que podemos afirmar su inocuidad», consideró la doctora María Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787), médica especialista en Endocrinología, quien destacó: «Con el paso del tiempo, consumimos alimentos más peligrosos, llenos de azúcares, grasas y tóxicos; con menos gusto y olor natural y vacíos de nutrientes. Así minamos nuestro organismo sano y lo vamos enfermando, principalmente, desde la mala alimentación».

La utopía de la inocuidad

El tema elegido por la OMS como lema este 7 de abril refiere a un concepto que apunta a la existencia y control de peligros asociados a los productos destinados para el consumo humano, a través de la ingestión (como pueden ser alimentos y medicinas), a fin de que no provoquen daños en la salud del consumidor.

«Es claro que la inocuidad de los alimentos es, hoy en día, un tema fundamental en el mundo, porque algo que debería darnos salud, nos está causando enfermedad», remarcó la especialista.

De la tierra a la mesa, ¿y en el medio?

La historia milenaria de la agricultura cuenta que esta actividad estaba en manos de los campesinos dedicados al trabajo de la tierra, del cual obtenían su ganancia y productos absolutamente inocuos. Así realizaban su labor, sin depender de comprar semillas a nadie, más que las de su cosecha.

Hoy el 80% de las semillas del mundo pertenecen a cinco empresas multinacionales. El 20% restante les queda a las comunidades de pequeños campesinos y pequeños productores.

La revolución verde y tecnológica, es decir la aparición de monocultivos y la industrialización alimentaria, logró el cometido de fomentar mucho el rendimiento de la tierra. Tal es así que en los años 2007 y 2008, se llegó a tener desde la agricultura, la comida para alimentar a dos planetas Tierra.

«Si bien la revolución de transgénicos y cultivos, asociados a pesticidas, se hizo para paliar el hambre en el mundo, en este camino, en cien años, se perdió el 70% de la biodiversidad de frutas, verduras y también de especies animales de todo el planeta», sentenció Rodríguez Zía, para quien «los resultados fueron malos, ya que no sólo no se terminó con el hambre, sino que se llegó al récord de hambrientos mundiales, según la Organización de las Naciones Unidas, que superó los mil millones de personas».

«LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS SON AQUELLOS QUE FUERON PRODUCIDOS A PARTIR DE UN ORGANISMO MODIFICADO MEDIANTE INGENIERÍA GENÉTICA»
Otro tema que genera muchas dudas es si el cultivo transgénico es o no inocuo. «Los alimentos transgénicos son aquellos que fueron producidos a partir de un organismo modificado mediante ingeniería genética, y al que se le incorporaron genes de otro organismo para producir las características deseadas», explicó la especialista, quien detalló: «Puede ser un ser vivo, animal o vegetal, manipulado en su material genético con el fin de modificar una o más de sus funciones. Por ejemplo, ser resistente a un pesticida, como sucede con la soja y el maíz».

Así es que el cultivo transgénico es una especie modificada genéticamente, incorporando un gen de otra especie. El nuevo genoma tiene nuevas actividades y, por lo tanto, puede generar un pesticida natural de la propia planta, poseer un gen de crecimiento rápido, o uno para obtener mayor resistencia a la fermentación posterior a la cosecha. Así vemos cómo este tipo de semillas transgénicas se patentan, y se transforman en una «propiedad privada».

Los productos transgénicos se caracterizan por ser muy estéticos, duran meses después de la cosecha y son grandes. Cabe aclarar que, en general, la planta es grande pero las raíces son pequeñas, están llenos de agroquímicos y vacíos de nutrientes (especialmente antioxidantes), y no tienen el gusto ni el olor de los productos que crecen sin modificaciones genéticas.

Más lindo, pero con menos nutrientes y más enfermedades

«Los suelos de los cultivos transgénicos y los de monocultivos no tienen minerales ni forma de reciclaje para que sigan produciendo. Además, son suelos resecos por el sol, dado que ya no quedan los árboles para mantener el ecosistema y el microclima», definió la especialista. Tal es así que La Pampa húmeda de nuestro país, ahora se transformó en un espacio sin animales, con temperaturas y vientos completamente diferentes, que secan los suelos.

Cada vez son menos los nutrientes del monocultivo transgénico. Rodríguez Zía destacó que en la Universidad de Texas, en Estados Unidos, «en el año 2004 se estudiaron la frutilla y el maíz, y en ellos se encontró una disminución muy marcada de proteínas, calcio, fósforo, hierro, vitamina B y vitamina C» y subrayó: «En esos informes se afirmaba que comer una manzana en 1940, considerando sus nutrientes, equivalía a comer tres manzanas en 1991».

En la misma línea, a partir de la revolución verde, disminuyó enormemente la oferta de variedad de alimentos naturales a la población. Esto hizo que los pocos alimentos que se cultivan a su vez se industrialicen para vender productos cada vez más baratos.

«Es el caso del maíz -mencionó Rodríguez Zía-, en lugar del cual se distribuyó un producto llamado jarabe de maíz, que no aporta ningún nutriente al organismo, tiene calorías vacías, es barato, adictivo y se incorpora a una infinidad de alimentos industrializados».

El jarabe de maíz de alta fructosa no es inocuo dado que el monocultivo del maíz se hace repleto de pesticidas. Además es transgénico, es más dulce que el azúcar y genera en el cerebro una tendencia adictiva con cambios neuroquímicos.

Tras asegurar que este producto «comienza a actuar desde que el bebé está en la panza de la mamá, dado que atraviesa la placenta», Rodríguez Zía explicó que «así empieza a formar un cerebro con receptores que lo reconocen, para cuando esa persona esté ingiriendo alimento fuera del vientre materno». El jarabe de alta fructosa se encuentra en el kétchup, en panes, galletitas y postres, hasta en hamburguesas, salchichas y jugos light. Dentro de los alimentos industrializados, lo invade casi todo.

La manipulación empieza en la góndola

¿Somos libres cuando compramos los alimentos que consumimos? Se preguntó Rodríguez Zía, para luego explicar que «las manipulaciones alimentarias son todas las modificaciones que el ser humano hace en forma artificial con los alimentos, desde cocinarlos, refinarlos, agregarles aditivos o modificarlos genéticamente».

«Un ejemplo claro de manipulación alimentaria lo podemos ver en los kioscos. Este es un negocio especialmente diseñado para tentar a los niños y adiestrarlos en el consumo de sustancias industrializadas», consideró la especialista. Y continuó: «De este modo, contiene todo tipo de productos refinados llenos de calorías vacías, que pueden generar una adicción tan fuerte como el tabaco: bebidas gaseosas y productos llenos de colorantes, aromatizantes, saborizantes, azúcares y grasas industrializadas. Nos manipulan desde la vista, el oído, el gusto, el olfato y, fundamentalmente, desde la emoción».

Para Rodríguez Zía, el supermercado también es un espacio engañoso, en donde nos transformamos en detectives, «tratando de discernir entre las maravillas que publicitan y la verdad de las etiquetas, que muchas veces ni siquiera están». Lo mismo sucede con los sobrecitos de azúcar, en los que en ocasiones no figura la fórmula del edulcorante que se está consumiendo.

«A través de estas manipulaciones, comemos galletas que se informan como diet y libres de ácidos grasos trans, pero que están llenas de jarabe de alta fructosa, aceites hidrogenados, azúcar refinada, sal y harina refinada», sintetizó.

Pesticidas sin control

La OMS reconoció que la toxicidad de un agroquímico se evalúa por un criterio que está totalmente desactualizado, porque fue creado hace cien años. Este criterio es denominado «dosis letal 50», porque causa la muerte de cincuenta ratas en catorce días.

«En este caso, se evalúa una dosis máxima. No se calcula una mini dosis consumida durante mucho tiempo, y no se usa un criterio acumulable, que es subletal, y que va enfermando lentamente. No en catorce días, sino en años, y no a ratas, sino a seres humanos», alertó la especialista, quien destacó que «tanto la OMS como la ONU declararon que este patrón internacional estaría relacionado con un tercio del cáncer en la población mundial, debido a la dieta».

Rodríguez Zía reconoció que «las enfermedades provocadas por los cultivos transgénicos y llenos de pesticidas están totalmente demostradas en relación a malformaciones congénitas, infertilidades y abortos, alteraciones del sistema nervioso central, con cuadros característicos parecidos al Parkinson, alteraciones alérgicas e inmunológicas. Incluso hay casos de autismo relacionados con la droga Endosulfán (pesticida), y cánceres vinculados con compuestos órganoclorados y órganofosforados».

«EN LOS EEUU HAY EVIDENCIA CIENTÍFICA QUE RELACIONA A LOS PESTICIDAS CON LAS ALTERACIONES DEL COMPORTAMIENTO DE LOS NIÑOS, LA DISMINUCIÓN DE LA COGNICIÓN Y EL CÁNCER PEDIÁTRICO»

Incluso, en Estados Unidos, hay evidencia científica que relaciona a los pesticidas con las alteraciones del comportamiento de los niños, la disminución de la cognición y el cáncer pediátrico.

Los más y los menos contaminados

El dictamen de 2014 de los Estados Unidos sobre la carga tóxica en los alimentos vegetales frescos que más se consumen, arrojó los siguientes datos.

Los alimentos más contaminados son:

Manzanas

Uvas

Apio

Duraznos

Espinacas

Pimientos rojos

Pepinos

Tomates cherry

Papas

Arándanos

Lechugas

Ciruelas

Cerezas

Peras

Mandarinas

Zanahorias

Arvejas

Calabaza

Calabacín

Frambuesas

Brócoli

Naranjas

Bananas

Tomates

Sandía

Champiñones

Los alimentos menos contaminados son:

Batatas

Coliflor

Melón

Pomelo

Berenjena

Kiwi

Mango

Espárragos

Cebollas

Arvejas congeladas

Repollo

Ananá

«La vía campesina» engloba a 1500 millones de campesinos, de 69 países. Ellos intentan sacar el velo de la producción de los alimentos industriales y educar a todo el mundo acerca de lo que es la alimentación con productos industrializados, versus los productos ecológicos.

Defienden la producción libre de alimentos y el cuidado del medio ambiente como un derecho humano. Lo ecológico, además, no se patenta, a diferencia de lo que ocurrió a partir de 1992 donde la FDA aprobó las patentes de la semillas transgénicas.

Las cinco claves de la OMS

A medida que aumenta la globalización de los suministros de alimentos, resulta cada vez más evidente la necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países.

Es por ello que la OMS ha aprovechado el Día Mundial de la Salud, para fomentar pautas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde la granja hasta el plato.

Esto ayuda a los países a prevenir, detectar y dar respuesta a los brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos. A continuación, cinco claves para preservar la inocuidad de los alimentos:

1- Mantenga la limpieza

2- Separe alimentos crudos y cocinados

3- Cocine los alimentos completamente

4- Mantenga los alimentos a temperaturas seguras

5- Use agua y materias primas inocuas

En este sentido, también es importante tener presente que no es lo mismo limpiar que desinfectar. El doctor Néstor Pérez Baliño, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina sumó algunas recomendaciones a la hora de manipular los alimentos:

– Utilizar agua potable resulta indispensable para enjuagar los alimentos que se vayan a consumir.

– Lavar todos los utensilios que se usen, con agua caliente y detergente.

– Para evitar intoxicaciones, evitar colocar venenos o insecticidas en envases de alimentos o bebidas.

– Guardar los productos de limpieza del hogar en envases rotulados y con las instrucciones exactas. Para esto es importante conservar sus etiquetas originales.

– Evitar almacenar los productos de limpieza o insecticidas junto con los alimentos.

– Lavarse bien las manos después de manipular insecticidas, limpiadores, etc.

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