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Las Leoncitas prolongaron una tradición ganadora y se quedaron con el oro

En la final derrotaron a India por 3-1 pese a arrancar perdiendo. Las claves del éxito: un grupo muy unido y mucho sacrificio.

La cuenta regresiva es un grito ensordecedor con timbre adolescente. Quedan segundos y ellas ya lo sienten: serán campeonas olímpicas. Se colgarán la medalla que Las Leonas, uno de los mejores seleccionados argentinos de siempre, nunca pudieron conseguir. Cuando suena la chicharra, las suplentes ingresan corriendo y arman con las que estaban sobre el suelo azul un racimo de felicidad. El 3 a 1 sobre India, en lo que fue la primera prueba realmente seria que tuvieron, confirma lo que habían demostrado a lo largo del torneo: que fueron las mejores del hockey 5 por escándalo.

Un error en la salida pone a las chicas en una situación inédita hasta la final: arrancar un partido abajo en el marcador. “Entramos medio nerviosas, estábamos duras”, reconoce Gianella Pallet. Celina Di Santo coincide, aunque agrega la razón de la esperanza en ese momento delicado: “Se notó que nos costó el partido al principio. Cuando quedamos 1 a 0 abajo pensé ´uy, ahora se van a meter atrás, se nos va a complicar´, pero después cambié la cabeza y pensé que no, que en equipo lo sacábamos adelante”.

Por eso, las chicas van y van, pese a que en las tribunas manda mayoritariamente un silencio que sólo se ve interrumpido ante las atajadas de Bichu Kharibam. Uno atrás de otro se van sucediendo los bochazos que la arquera india despeja, incluso cuando a la capitana, Salima Tete, le muestran la tarjeta verde.

Sin embargo, a tres minutos y medio del final de esa primera parte, justo antes de que India vuelva a tener 5 jugadoras en cancha, tanto van las Leoncitas que igualan por medio de Pallet. “Habíamos sido el equipo más goleador y si estábamos tranquilas y hacíamos lo que teníamos que hacer, la bocha iba a entrar y la medalla no se nos iba a escapar”, asegura ahora Di Santo. Las chicas se habían mirado y se habían transmitido tranquilidad unas a otras. Y más tranquilas quedan cuando, un minuto antes de que finalice el primer período, desnivelan a través de Sofía Ramallo.

En la segunda mitad las indias intentarán, aunque con poca claridad. Argentina controla el juego y termina liquidándolo con la gran maniobra individual de Brisa Brugesser para que la fiesta se ponga en marcha. “Sueño con esto con mi familia y mis amigos desde que supe que mi camada era la que podía llegar a jugar en los Juegos de la Juventud. Que se haya hecho realidad me pone la piel de gallina, no me alcanzan las palabras para decir qué se siente”, reconoce Constanza Cerúndolo. “Ni sé en qué estoy pensando, sólo tengo ganas de gritar dale campeón -reconoce Ramallo-. Todo el sacrificio que hicimos valió la pena”. Connie, a su vez, ofrece una mirada particular y dotada de madurez: “Dejé de lados momentos con amigas, salidas, comidas con la familia, un montón de cosas. Pero no sé si llamarlos sacrificios, sino esfuerzos, porque yo amo esto. Es, más que nada, priorizar algunas cosas”.

Las chicas pasaron casi una hora festejando antes de acercarse a la zona mixta. Casi en ningún momento, a excepción de cuando fueron a saludar particularmente a cada familia y amistades, se separaron. Esa unión es lo que más destacan en una relación que va desde afuera hacia adentro de la cancha. “Lo mejor que tenemos es el compañerismo. Nos queremos mucho fuera de la cancha. Si nos ves afuera, parecemos hermanas”, remarca Pallet. Cerúndolo certifica: “Somos 9 hermanas y creo que se notó en la cancha; nos conocemos desde el pelo hasta la punta de los pies y eso hace que el grupo sea un equipo y que el equipo gane campeonatos. Brugesser completa: “Nuestro compañerismo es lo mejor que tenemos, se ve cuando jugamos como un equipo y no individualmente”.

Después de la semifinal del sábado, varias Leonas de la selección mayor pasaron a felicitar a las chicas. Hoy, algunas repitieron presencia. Para las Leoncitas, eso no pasa desapercibido. “A las Leonas las sigo de chiquita -cuenta Di Santo-; cuando las vi en 2010 le dije a mi mamá que quería jugar con esta camiseta, ellas nos vinieron a ver y es un orgullo tenerlas, porque son nuestras referentes y nos apoyaron como nosotras las apoyamos a ellas”.

Ahora, el futuro las espera. Son las futuras Leonas, y ya tienen lo que las mayores no pudieron conseguir: el tan preciado oro olímpico.

Fuente: Clarin

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