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Los 55 años de Maradona: gloria, excesos y polémicas

Su camino se forjó ante la adversidad. Desde su infancia en Villa Fiorito hasta su exilio futbolístico en Dubai. Un repaso de la trayectoria del ex jugador que le dio el último título mundial a la Argentina

Escribir sobre la vida de Maradona no es fácil. Su idolatría como jugador, el fracaso en su función de entrenador y las constantes polémicas que protagonizó en el ámbito privado generan una ambigüedad que no siempre se puede expresar. Por lo tanto, la propuesta es dividir las facetas del Diez en los tres aspectos más relevantes que tuvo en sus 55 años.

«Yo era pobre de pibe, tenía alegrías cuando jugaba a la pelota, o cuando comía», fue una de las frases que representa su infancia. Sus orígenes en Villa Fiorito le dieron herramientas que empleó en el futuro, como el potrero o la picardía. Tal vez el ejemplo más claro de ello fue el que sucedió en 1980, cuando Diego ya se había convertido en profesional y brillaba en Argentinos Juniors. En aquel Metropolitano, durante un partido frente a Racing, el astro convirtió un tanto que debió ser anulado. «Sé que no está bien hacer un gol con la mano, pero hay que estar ahí, en caliente. No digo que no lo volvería a hacer», fueron sus declaraciones después del encuentro, y seis años más tarde, la Mano de Dios lo llevó a la cima del mundo.

Sin embargo, la falta de educación y su personalidad impulsiva le jugaron en contra a lo largo de toda su carrera. Hijos no reconocidos, agresiones a periodistas, excesos y adicciones generaron indignación en un sector que no siente la misma pasión por el fútbol.

«Probé droga a los 22 años en España. Me creía vivo, pero con la droga gasté mucha plata… toqué fondo. Me sentí una basura, porque la droga es un Pacman que te va comiendo a toda tu familia», reconoció en 1996.

A pesar del poster de Bochini colgado en su habitación de adolescente, Maradona es un confeso hincha de Boca. «Cuando el equipo pierde me duele el corazón», dijo en reiteradas ocasiones. De todos modos, en sus dos etapas sólo le pudo dar al «Xeneize» un título, dado que su periodo de oro se lo guardó para su incursión por Europa.

«Creo que el Barcelona era un club para mí, pero no conocía la idiosincrasia de los catalanes», fue la justificación de su irregular paso por el Blaugrana. Sus lesiones y su escasa conducta le cerraron la puerta del Culé, aunque le abrieron la ventana del Nápoli. «Que había camorra no lo voy a negar, pero de ahí a que hiciera negocio con ellos hay un trecho muy largo», resaltó el hombre que le dio cinco campeonatos a la institución del sur de Italia.

El Mundial juvenil en Japón, el fracaso de España’82, el sueño cumplido en México´86, el dolor de 1990 y la indignación en Estados Unidos ’94 fue lo que obtuvo con la Selección. La enfermera rubia que lo sacó de la cancha en Boston, la efedrina y el doping positivo marcaron el principio del fin. «Me cortaron las piernas», esbozó el capitán argentino luego de la suspensión que le otorgó la FIFA.

Si bien ya había tenido aventuras fugaces por el Sevilla y Newell’s, Pelusa volvió al club de sus amores para cerrar el ciclo como jugador, sin antes intentar en Mandiyú de Corrientes y en Racing su virtud como entrenador.

Por los antecedentes que tenía, nunca se entendió cómo logró la oportunidad de dirigir a la Argentina en el Mundial de Sudáfrica. Tras los malos resultados de Batista y Basile, Diego se puso el buzo de DT y destacó: «Es un honor, cumplir un sueño ser técnico de la Selección. No tengo miedo de que se me caiga la corona. Peor sería que no saliera a la palestra. Si no estuviera acá sería un cobarde».

La dolorosa goleada en Bolivia, la falta de trabajo y el agónico gol de Palermo en el Monumental fueron algunos condimentos de la sufrida eliminatoria que concluyó en Montevideo. «Para los que no creyeron, con perdón de las damas, que la chupen, que la sigan chupando», descargó en el Centenario.

En pleno certamen, la Albiceleste cosechó una prometedora primera fase, pero la corona se cayó después de la victoria frente a México en los octavos de final. «Ojo muchachos, no se coman el chamuyo del 4-1 de Alemania a Inglaterra», había advertido antes del cruce contra los germanos que terminó con un humillante 0-4. «Es como una trompada de Muhammad Ali; no tengo fuerzas para nada».

Su exilio en el Al Wasl, de los Emiratos Árabes Unidos, lo alejó definitivamente de las canchas para transformarse en un mediático, que llena páginas de periódicos por su estado sentimental y la novelesca historia de amor que envuelve a rubias ambiciosas por el poder.

«La gente tiene que entender que no soy una máquina de dar felicidad. Sólo les pido que me dejen vivir mi propia vida. Yo no soy ejemplo de nadie, sólo de mis hijas». Sin dudas, Maradona, el chico del arito en la oreja izquierda y del tapado de zorro, puede ser patético o extraordinario. Del amor al odio, hay un paso
Fuente: Infobae

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