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LOS COMERCIANTES MARPLATENSES Y “LA VIVEZA CRIOLLA” HASTA EN VACACIONES DE INVIERNO

El aumentar los precios cuando en la ciudad existen fines de semana largos, vacaciones de verano y en esta oportunidad invernales parece ser un clásico de los comerciantes marplatenses.

En vez de promocionar la ciudad cuidando sus precios para vender mucho más, los duplican o triplican creyendo que se van a “salvar” al menos por unos días.

El pasado fin de semana miles de visitantes se encontraban en la ciudad y muchos de ellos aprovecharon para hacer compras, salir a comer a un restaurante y mover de alguna manera “la economía regional” que en esta época del año se frena porque Mar del Plata no es el lugar “típico” para vacacionar en invierno, ya que muchos aprovechan mas los lugares de nieve como Bariloche, Mendoza o San Martín de los Ándes.

De una semana a otra en una tradicional parrillada de la calle Olavarria los precios se duplicaron y hasta triplicaron debido a este tipo de costumbre que tenemos los Argentinos de creernos “Piolas” e implementar la “Viveza criolla”.

Un ejemplo claro es el de dos personas que salieron a almorzar y se encontraron con una cuenta que ni “Mandinga” puede abonar (al menos que seas millonario). Pidieron ½ porción de Chinchulines (3), ½ de mollejas (3), 1 cerveza chiquita, 1 agua, ½ bife de chorizo, ½ porción de papas fritas y una pequeña ensalada de rúcula y pagaron $600…si lo que leyó..ese monto! Lo que es ridículo porque las ½ porciones no eran taaaan abundantes.

Realmente nos da vergüenza a los marplatenses tener que de esta manera no se atrae al turista, sino se lo espanta.

El antojo de comer un choripan nos recuerda a la salida de la cancha de futbol y a los encuentros con amigos. En dos parrillas de la calle Alem, un choripan con 1/2 porción de fritas estaba a 50 pesos y en otro a solo tres cuadras el mismo menú (y para pasar a buscar y llevar) 75 pesos. Es lógico y hasta humano que cobren estos precios desorbitantes?.

Otro caso son las casas de indumentaria que ponen en sus vidrieras rebajas que van del 20 al 50 % de descuento, pero al entrar se descubre que lo que hace 15 días valía 200 pesos en esta oportunidad y con “rebaja” cuesta 190 pesos.

Los mismos vendedores cuentan a la clientela que son los encargados los que exigen que las prendas ya no tengan precios en sus etiquetas y que todo se averigüe en caja, donde sí está registrado cada uno de los valores abultados de las prendas.

Sin ir mas lejos hasta los vendedores de globos y pochoclos en la vía pública, aprovechan la llegada de los turistas para ganarse unos pesos de más, ubicándose estratégicamente en plazas, teatros, cines y espacios culturales aumentando sus productos hasta un 20%.

Si existiese una reglamentación de control por parte de algún organismo oficial que controle este tipo de abuso, seguramente no estaríamos hablando de estos temas, que no solo perjudica a los marplatenses que vivimos los 365 días del año en la ciudad, sino afecta a los bolsillos de los turistas que se llegan a Mar del Plata a descansar, disfrutar y sobre todo consumir.

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