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Monjas: en la Argentina, una vocación que decae

En todos los relevamientos que viene haciendo la Iglesia Católica desde 1988, la cantidad de mujeres dedicadas a la vida consagrada siempre es inferior al censo anterior

El 29 de enero de 2007, Mariana se sintió desnuda. Su primer problema fue la ropa: sólo tenía tres vestidos de monja con sus respectivas enaguas. Cuando ya lo había decidido, se subió a la bicicleta y pedaleó, con sus diez kilos de más, a las tiendas del centro de Florencio Varela. Estaba blanca, más de lo normal. Hacía cinco años que el sol no tocaba la piel de su panza y de sus piernas.

Ató la bicicleta afuera, eligió una camisa y una pollera, y fue al probador. La vendedora no le preguntó nada. Compró lo justo y necesario, y pedaleó las cuadras de vuelta.

Con las valijas ya listas en el baúl del auto, fue hasta donde estaban las cuarenta hermanas almorzando y se despidió. Su fe no se había esfumado: ella estaba convencida de que Jesús y la Virgen María seguían guiando su camino, pero esa congregación, esas reglas y esas personas ya no representaban su felicidad.

Según la Agencia Informativa Católica Argentina, en 2000 las mujeres que consagraban su vida a Dios eran 9113. Doce años después, el número se redujo un 17,5%. En todos los relevamientos que hizo la Iglesia Católica desde 1988, la cantidad de monjas siempre es inferior al censo anterior: empieza con 10.000 religiosas y termina, según el último dato, de 2012, con 7524. ¿Por qué?

Hace ya algunos años que dentro de la Iglesia se hacen esta pregunta. 2015 será el Año de la Vida Consagrada. Entonces, ahora más que nunca la mirada está puesta en ese interrogante. «Quizá nos encontremos al inicio de un cambio radical de la vida religiosa», piensan.

«Hay varios motivos: uno es la falta de perseverancia en el propósito y compromiso asumido; también hay problemáticas internas en la vida comunitaria; además de otros problemas que tienen que ver con la salud», cree monseñor Carlos Franzini, presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada, sobre las mujeres que dejan los hábitos. También, cuenta, están las razones de la candidata y las de la misma congregación. Hay veces que la misma comunidad ve que determinada postulante no tiene las condiciones y le proponen dar un paso al costado.

El sociólogo Fortunato Mallimaci, investigador de Conicet y especialista en religión, dice que se trata de un problema estructural: «Es un fenómeno que afecta, primero, no sólo a la Argentina, sino al mundo entero, que tiene que ver con el papel que se le asigna a la mujer en la Iglesia Católica. Es un lugar de segunda, ninguneado, invisibilizado en un momento en que la mujer en la sociedad quiere ocupar el lugar que le corresponde por tantos años de ser dejada de lado».

Para monseñor Franzini, la vida consagrada atraviesa una etapa de «reidentificación», de volver a descubrir lo esencial. «Hay institutos de vida religiosa que se han reducido muchísimo, que se están replanteando sus obras porque no pueden mantenerlas.»

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