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Niños criados en libertad: una ley pionera contra la sobreprotección de los hijos

“Una infancia a la antigua”, defienden los padres que promueven la crianza de los hijos en libertad.
Cuando Lenore Skenazy contó en una columna que su hijo de nueve años le había rogado tanto que por favor lo dejara volver solo a su casa en el transporte público de Nueva York, que al fin accedió, los medios comenzaron a llamarla “la peor madre del mundo”. El niño —que ahora es mayor de edad: han pasado 10 años— tomó el mapa del subte y los buses, una tarjeta para usarlos, USD 20 dólares y monedas para hacer una llamada telefónica —todavía existían los teléfonos públicos— en caso de que algo saliera mal.

Pero llegó feliz, sano y salvo, y su madre comenzó entonces un movimiento polémico: el de los niños criados en libertad (free-range kids).

Eran los años en que los Millennials crecían en una burbuja de sobreprotección y, además, una acción como la de Skenazy podía ser considerada negligencia. Ahora, contra todo pronóstico, aquella historia y sus derivados —hubo una serie que duró una sola temporada y un libro— dieron origen a una ley en el estado de Utah por la cual los niños adquieren el derecho a una cuota de libertad que en otros lugares los podría poner en peligro de perder a su familia.

“La medida, promovida por el senador estatal republicano Lincoln Fillmore, exceptúa de la definición de negligencia o abandono de menor varias actividades que los niños pueden hacer sin supervisión”, sintetizó The Washington Post. La primera ley de esa naturaleza en los Estados Unidos permite a “un niño cuyas necesidades básicas están cubiertas y quien tiene la edad y la madurez suficientes para evitar el daño o un peligro excesivo de daño” realizar “actividades independientes”.
En el caso de Skenazy, su hijo tomó el metro de la avenida Lexington y luego el bus en la calle 34. Ella, argumentó, lo dejó intentarlo porque confiaba en que podría hacerlo. “Y si no podía, confiaba en que le preguntaría a un desconocido. E inclusive confiaba en que el desconocido no iba a pensar: ‘Caramba, iba a tomar el tren a casa, pero ahora creo que mejor secuestro a este niño adorable’”.

La ley que acaba de sancionar el gobernador Gary R. Herbert permite que los niños de Utah “caminen, corran o vayan en bicicleta a la escuela y de regreso; vayan a centros comerciales o recreativos; jueguen al aire libre y se queden en sus casas sin quien los cuide”. La norma no especifica un límite mínimo para lo que denomina “edad suficiente”.

Según el senador Fillmore, “nos hemos equivocado como sociedad: en el cuidado de los niños, nuestro péndulo osciló demasiado hacia el lado de la sobreprotección“. Aunque en Utah no había registro de casos en los cuales la policía hubiera arrestado a los padres tras encontrar a los niños caminando solos en el barrio, por ejemplo, el hecho de que eso sí haya sucedido en otros estados hizo que el republicano promoviera el proyecto que se aprobó.

Por ejemplo, en Silver Spring, Maryland, Danielle y Alexander Meitiv fueron acusados de negligencia dos veces en 2015 por haber permitido que sus hijos de 10 y seis años caminaran solos al regresar a su casa desde un parque. Las dos veces la policía retiró a los niños del hogar y notificó a los Servicios de Protección a los Menores (CPS), que abrió una investigación y la cerró sin cargos.

Los Meitiv también se consideraron a sí mismos “padres de niños criados en libertad”. La mujer argumentó en una entrevista entonces: “El mundo hoy es un lugar más seguro que cuando yo era una niña, y lo único que quiero es darles la misma independencia que yo tuve. Básicamente, una infancia a la antigua. Creo que es algo central para su desarrollo: aprender qué es la responsabilidad, experimentar el mundo, forjar confianza y capacidad”.

Los críticos de la nueva ley no lo creen, aunque —como bromeó en su columna, y muchos consideraron de mal gusto, Skenazy— el secuestro por parte de un desconocido es algo infrecuente. En Arkansas, por ejemplo, esos críticos lograron que un proyecto similar ni siquiera llegara a ser tratado en el recinto.

“Queremos que los niños puedan aprender a navegar el mundo, de modo tal que cuando sean adultos estén completamente preparados para manejarse por sí mismos“, agregó. Una perspectiva completamente opuesta a la que prevaleció en las últimas décadas, por las cuales hoy muchos Millennials han hecho populares las clases para aprender a ser adultos.

Fuente: diariocultura.com.ar

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