Así lo requirió el fiscal general Daniel Adler, quien detalló el accionar de la organización delictiva que captó y acogió a más de 30 víctimas atravesadas por situaciones de vulnerabilidad, para reducirlas a la servidumbre y explotarlas económica, sexual y laboralmente. Hay acusaciones también por abuso sexual –sobre el líder de la banda y otro imputado-, acopio de armamento y resistencia a la autoridad por tratar de impedir el allanamiento del hotel que tenía la organización en pleno centro marplatense.
El fiscal general Daniel Adler, a cargo interinamente de la Fiscalía Federal N°2, solicitó la elevación a juicio de la causa que investigó una secta que a través de un mensaje religioso y basado en la filosofía hindú, captó y dio acogimiento a 32 personas, con la intención de reducirlas a la servidumbre y explotarlas económica, sexual y laboralmente. Además, solicitó que se mantengan cautelados cinco inmuebles, varios terrenos, cuatro vehículos y el dinero secuestrado, para garantizar la reparación de las víctimas.
“Nicosia y sus consortes se valían de un proceso de coerción psicológica y aislamiento de las víctimas, típico de las organizaciones sectarias, generado a partir de la manipulación psicológica que se les imponía a los damnificados, orientada en la creencia de que, si incumplían con alguna de las condiciones marcadas por el líder, no contarían con la protección espiritual y estarían expuestas a todo tipo de riesgos”, describió el representante del Ministerio Público Fiscal de la Nación.
De acuerdo al abundante caudal probatorio que consta en la causa, el fiscal entendió que Eduardo Agustín De Dios Nicosia y su pareja, Silvia Cristina Capossiello, deberán responder como coautores del delito, dado que eran quienes daban las directivas centrales en la organización, mientras que a Sinecio de Jesús Coronado Acurero, Luis Antonio Fanesi y Fernando Horacio Velázquez se les adjudicó el carácter de partícipes primarios.
Los primeros testimonios reunidos, sumados a tareas de investigación de la Policía Federal Argentina y la interceptación de las comunicaciones telefónicas, permitieron vislumbrar cómo, a través del discurso de espiritualidad basado en la práctica del yoga que utilizaban para manipular a las víctimas, las alejaban de sus familias y las compelían a trabajar todo el día de forma exclusiva para “la comunidad”, que no era más que el propio bienestar personal de Nicosia y sus consortes, generando los dividendos que les permitían realizar suntuosos viajes al exterior, compra de armamento, inmuebles y rodados.
Entre las diferentes maniobras de explotación, se encontraban la entrega del sueldo, la realización de la limpieza, quehaceres domésticos y arreglos de cada uno de los domicilios que ocupaba la organización, el brindar un servicio exclusivo y diario para todos los requerimientos que tanto Nicosia como Capossiello tuviesen, sometimientos sexuales, el deber de trabajar en los distintos emprendimientos económicos desarrollados y la obtención de créditos en entidades financieras, siempre en favor de Nicosia y sus consortes, generando deudas en los damnificados. Ello, además, venía acompañado de una serie de mecanismos dirigidos a profundizar la situación de vulnerabilidad de las personas compeliéndolas a trabajar durante largas horas, proferirle amenazas y graves golpizas.
Fuente: mardelplata.telefe.com








