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Raúl Torre: «Hoy todos los investigadores forenses tienen título universitario»

Las consultas para estudiar criminalística se quintuplicaron tras el caso Nisman. Torre, uno de los especialistas y docentes más reconocidos del país, explica cómo es la carrera por dentro. Ciencia dura, el encanto de ser perito de parte y el «efecto CSI»

Por lo menos, suena divertido: del colegio secundario a la escena del crimen. Desde la década del ’60 que la criminalística y las ciencias forenses se estudian en el país, con carreras de grado, diplomaturas, posgrados y distintas especializaciones. Chicos y chicas apenas mayores de edad se volcaron históricamente al estudio metódico de la resolución del delito. Ya no es solo para efectivos de la Policía. Pero tampoco es para cualquiera, por otra parte; hace falta una cierta disciplina, una perseverancia peculiar. Y la extraña y paradójica muerte de Alberto Nisman disparó un nuevo interés. Las consultas para estudiar criminalística se quintuplicaron con respecto al año pasado, según indicó Juan Lázara, responsable de la editorial a cargo de la Guía del Estudiante. El pico de las consultas ocurrió en los días posteriores al hallazgo del cadáver del fiscal en Le Parc.

El doctor Raúl Torre, que intervino en varios de los crímenes más resonantes de los últimos treinta años y uno de los mayores forenses y docentes en la materia en todo el país, tiene las manos llenas en este momento en términos académicos. Junto al forense Osvaldo Raffo y el licenciado en Criminalística y ex jefe bonaerense de la Policía Científica Daniel Salcedo -hoy al frente de la querella de Sandra Arroyo Salgado- encara dos nuevas carreras en la materia; una diplomatura en la UMSA y un posgrado en la Universidad Católica Argentina. La inscripción en ambas está a tope. En su estudio de Villa Urquiza ya no le queda lugar en las paredes para sus diplomas, sus certificados de cursos y las placas homenaje. Con títulos de posgrado de la Universidad de Salamanca en España y un puesto histórico de profesor en el Instituto Universitario de la Policía Federal -en la cual dirigió el postgrado de Investigación en Homicidios- y puestos como docente en la Universidad Nacional de San Martín entre otras instituciones, Torre no se sorprende ante este nuevo interés por la carrera. El efecto mediático se vuelve evidente. La primera ola de inscriptos, en el fondo, no es lo que cuenta.

Hay un momento en toda carrera universitaria en que se se separa la paja del trigo.

En toda carrera universitaria vos tenés una deserción importante en el primer cuatrimestre, un 20, 30 por ciento. En esta carrera se ve más que en otras.

¿Qué marca la deserción en criminalística, entonces?

Todo el mundo cree que cuando entra a estas carreras va a ser un detective, un investigador forense en la escena del crimen. Cuando ve que tiene que estudiar química, física, matemática, que tiene que estudiar en serio, entonces eso desalienta la posibilidad de avanzar, esas son las materias que desalientan. Los cálculos de balística se hacen con ecuaciones matemáticas. Cuando se analiza un accidente de tránsito se hace principalmente con física. Y en criminalística, la columna vertebral es la química. ¿Qué estamos discutiendo en el caso Nisman, entre otras cosas? Si hubo residuo de plomo, bario y antimonio; es un proceso químico hallar la existencia de pólvora en la mano del tirador. ¿Cómo se determina si una sustancia es una droga? Con un test de reactivos químicos. No es una carrera fácil; tiene muchas materias de ciencias exactas y una lista de materias bastante heterogénea, que va precisamente de la matemática a materia del derecho. La criminalística es precisamente eso.

¿Cuál es el perfil del estudiante actual? ¿Quién se inscribe hoy?

El estudiante original era el integrante de la Policía o del Servicio Penitenciario. Pero la apertura de las carreras a la comunidad hizo que esto cambie. No hay un perfil definido: tenés a todos los estratos socioeconómicos. Todavía se da en algunas universidades del Estado, como la Universidad Nacional de La Rioja o en la Autónoma de Entre Ríos. Y es una población joven para las carreras de grado; son chicos recién salidos de la secundaria. Es raro ver gente de mucha edad. En medicina legal, por ejemplo, hay un caudal importante de médicos que se vuelcan a esto, mucho más que antes.

¿Hace falta una piel más dura para ser médico forense, un poco más de estómago?

Nah. El médico está acostumbrado, lidia cotidianamente con la vida y la muerte. Pero al que lucha por salvar una vida no le gusta trabajar exclusivamente con la muerte. Hay dos vertientes: están quienes estudian medicina legal para estar mejor preparados para defenderse ante situaciones de mala práctica y están los que ya son médicos de Policía y quieren hacer su carrera.

¿Cómo es el primer año en Criminalística? ¿Qué le espera al estudiante?

Le esperan las materias introductorias; la primera vez que tendrá física, química. Todavía no están las materias que realmente seducen o interesan. Está Balística I. Las más interesantes, creo vienen más adelante en la carrera: medicina legal, reconstrucción de escena del crimen. Pero el conocimiento del criminalista tiene que ser enciclopédico. Cuando ingresan creen que van a ser investigadores forenses al estilo “CSI”. La realidad es muy diferente; “CSI” es una absoluta ficción. Es más, en Estados Unidos los jueces le están prohibiendo a los jurados ver “CSI”, porque o exacerban el valor de la prueba forense o dicen: “¿Qué pasa que no está lo que vemos en CSI?”

Se distorsiona la percepción sobre la profesión, quizás.

Bueno, nosotros lo llamamos “el efecto CSI”. Y es un efecto negativo. El ciudadano común piensa que en Argentina hay un atraso, que nunca vamos a poder tener el nivel de la serie. Y no es así. Tenemos los laboratorios equipados como los más avanzados del mundo en materia de ciencias forenses. Ese es un problema de la mediatización. Hay equipos de última generación. Estoy hablando de espectrofotómetros, microscopios electrónicos de barrido, cromatógrafos, espectrógrafos, el Integrated Ballistic Identification System. Por supuesto, la inmensa mayoría de los países están atrás nuestro en Criminalística.

El término “perito de parte” es cada vez más resonante; lo que pasa con el caso Nisman y la querella de la doctora Arroyo Salgado es algo muy ilustrativo.

Es que el estudiante la primera idea que tiene es ser perito de parte. Masivamente, vos no ves que la expectativa que tengan sea ingresar a la Policía o al Poder Judicial. Luego, descubren que ser perito de parte no es fácil. O sea, ¿qué buscan los grandes estudios de abogados? Los peritos con experiencia.

Es un mercado muy chico.

Los que tienen gran experiencia son pocos, sí. Algunos hemos tenido un poquito más de suerte.

El caso Nisman lo tocó también de cerca a Torre. Tanto la defensa de Diego Lagomarsino como la querella de Arroyo Salgado lo pidieron como perito, de acuerdo a fuentes de la causa. Tuvo que excusarse y decir que no: Raffo y Salcedo son sus amigos, así como varios de los expertos oficiales como Fernando Trezza. También tuvo que excusarse de ser perito de parte en el caso Ángeles Rawson. Es parte de una elite, en cierto punto: la virtual mesa chica de la investigación criminal argentina. Comisario retirado de la Bonaerense, Torre a mediados de los 90 estuvo a cargo del SEIT en zona Norte, el Servicio de Investigaciones Técnicas. Salcedo estaba a cargo del de zona Oeste. Fue un punto significativo en la aplicación de las ciencias forenses en el país. Torre afirma: “Teníamos un muy buen nivel. La investigación forense estuvo por sobre la investigación de los sabuesos. Antes iba el perito de rastros con su división y hacía lo suyo, también el de balística y el juez valoraba todo por separado. Se aprendió a trabajar como un equipo compacto, interdisciplinario. Ya en 1984 se había invitado al jefe de laboratorios de Interpol en París para tener esa mirada”.

La educación universitaria hoy parece ser la norma en la profesión.

Se terminaron los peritos ad hoc, que practicaba en un laboratorio y salían a hacer pericias. Hoy todos tienen título universitario, ya sea de grado o pregrado. Son especialistas en balística, documentología. Los peritos de la Policía estudian en las universidades o captan egresados. La provincia de Buenos Aires tiene su propio centro de formación, el CADEP, que educa a sus oficiales en criminalística a nivel terciario. Otras provincias como Salta tienen convenios con la Universidad Católica de Salta. La Rioja, Entre Ríos y Corrientes, a través de la Universidad Nacional del Nordeste, tienen sus carreras propias.

¿Hay prácticas de campo?

En la realidad, no. No como las tienen los miembros de las fuerzas policiales. Eso va a generar una desigualdad a nivel experiencia. Y en esta carrera, la experiencia es fundamental.

O sea que el estudiante verá su primer charco de sangre…

Cuando le toque un caso.

¿No hay prácticas con cadáveres?

Nosotros las hacíamos, con visitas a la Morgue. Pero por una razón estrictamente legal, se prohibió el ingreso a la sala de autopsias hace muchos años.

¿Por qué? Es algo meramente educativo.

Sí, pero es una autopsia a un cadáver judicial la que se lleva a cabo, donde nadie puede tener acceso a la información de ese momento, que es propia de la reserva de la investigación. Hoy en día se suple todo. Llevamos videos de autopsias al aula. Por ejemplo, presentamos las autopsias de Osvaldo Raffo, videos hechos por él cuando era médico forense en la Morgue Judicial. El que va a la Morgue quizás no tenga la suerte de ver una autopsia hecha por Raffo.

¿Cuándo se ve que un alumno realmente rinde?

No es diferente a cualquier otra carrera. Tenés sobresalientes y tenés aplazos. En poco tiempo, creo, va a ser una carrera más.

Fuente: http://www.infobae.com/

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