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Se acabó el dogma de la infalibilidad del Papa

El mea culpa de Francisco frente a los abusos sexuales en Chile, las mentiras que le dijeron y le dicen, y la enorme posibilidad para Macri de terminar con las desconfianzas mutuas

Criticado fuertemente en Chile y en una buena parte del planeta por haber defendido en más de una oportunidad al obispo de Osorno, Juan Barros, sospechado de haber encubierto abusos sexuales cometidos por su mentor, el sacerdote Fernando Karadima, el papa Francisco, al final, hizo un fuerte mea culpa, pidió perdón a las víctimas y las invitó al Vaticano.

El reconocimiento del error de Jorge Bergoglio es muy saludable, y sus consecuencias serán todavía más positivas.

El Papa creía firmemente en la honestidad de Barros y se fue de su visita a Chile convencido de que se había montado a su alrededor una conspiración que no se correspondía con la realidad.

Necesitó leer con detenimiento el detallado informe que le prepararon los obispos Charles Scicluna y Jordi Bertumeu, a quienes 64 víctimas abrumaron con sus testimonios, repletos de datos certeros.

Scicluna, un experto en determinar la veracidad de los testimonios de abusos, debió quedarse más días de los convenidos en Chile, por una dolencia física. Aquel tiempo extra le sirvió para confirmar las peores sospechas.

Los voceros oficiosos del Vaticano sostienen que jamás, desde que empezó su pontificado, vieron a Francisco tan afligido y arrepentido. La novedad, en todo caso, es que ha vuelto sobre sus pasos y fue capaz de reconocer que es humano, falible, y que se puede equivocar, como cualquier mortal.

Además de poner en cuestión el dogma católico de la infalibilidad del Papa, la reacción de Francisco resulta una buena noticia para los argentinos. Es que el representante de Dios en la Tierra también explicó por qué pensó que todo era una enorme mentira. Estaba desinformado. La cúpula de la iglesia chilena le había mentido una y otra vez. Exactamente, cuatro veces, en diferentes circunstancias.

El gobierno nacional y el presidente Mauricio Macri deberían tomar nota de eso.

Macri intuye que la frialdad de Francisco para con él tiene más que ver con las habladurías de quienes entornan al Sumo Pontífice que con diferencias verdaderas. Que su aparente predilección por Hebe de Bonafini y Milagro Sala, por citar dos ejemplos, está teñida por la información sensible y sesgada que le brindan algunos de sus amigos, como Juan Grabois y Gustavo Vera.

Una ráfaga de sentido común acaba de pasar por Santa Marta. Es probable que ahora sí, el vínculo entre Francisco y la administración nacional empiece a ser más fluido y menos plagado de desconfianzas mutuas.

Fuente: Infobae

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