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Trata de personas: así secuestran mujeres vulnerables en falsas entrevistas de trabajo

Las denuncias contra un hombre que fue condenado por prostituir menores son una radiografía de los métodos utilizados. Ahora, lo acusan de intentar secuestrar a nueve chicas.

«Voy a tener que irme hasta Paraguay, a algún lugar de ahí, qué se yo, a Caaguazú, algún lugar de esos de mierda, que te traés 4 o 5…yo ya fui hace dos años y traje 5 pibitas de 18 años que no tenían ni para comer, todas rubias de ojos claros…te las traes y ahí les das alojamiento, comida, dos o tres mil pesos, y las chicas se te quedan». La frase corresponde a las escuchas telefónicas de una investigación realizada por agentes encubiertos de Prefectura Naval, Policía Metropolitana y Policía de Seguridad Aeroportuaria.

Investigaban a Luis Carlos Aiello, un proxeneta condenado a seis años de prisión el 25 de marzo de 2002 por traficar menores, y procesado nuevamente en 2014 en otro caso, donde se lo acusa de secuestrar a una mujer. Este mes volvieron a pedir su juicio por trata de personas. El Estado asegura a partir de una cadena inmensa de denuncias que, hasta el momento, son nueve las víctimas identificadas por los investigadores. Se presume que Aiello, junto a otros cómplices, captaban y sometían mujeres para luego intentar venderlas, o directamente explotarlas.

Una de las chicas indica que estuvo secuestrada quince días, otra mujer durante dos meses. Algunas dicen que fueron drogadas, que les quitaban el documento y las retenían ilegalmente en algún departamento de Capital o del conurbano. La culpabilidad de Aiello, que carga con dos causas por este delito, debe ser probada en un nuevo juicio.

Sin embargo, las denuncias, cuya consistencia fue ratificada por los profesionales que rescatan a las víctimas, son una perfecta radiografía de los métodos que utilizan las mafias para secuestrar mujeres e introducirlas en el mercado de la oferta sexual.

Otra de las escuchas telefónicas que los investigadores lograron en el domicilio de Aiello, permite saber cómo hablaba con una mujer que llama por un aviso de trabajo: «Un amigo mío es actor, tiene una escuela de arte y le quedan pocos cupos, limitados. Mañana o pasado iba a venir para acá, yo le había hablado de vos, le dije que tenía una chica, ¿vos cuándo podrías venir?, te puedo hacer entrar como becada… creo que son dos años, o tres años, hasta que te recibís de artista, mientras tanto podés ir trabajando en publicidades».

La investigación de la Fiscalía N°6 habla de «mentiras descaradas», y cita una conversación de Aiello con un presunto cómplice, donde el acusado dice: «No tengo putas nuevas, conocí una ‘flaquita’ pero no pasa nada, un desastre. Tiene futuro la mina, lo que tiene es presencia. A veces puede ser una boluda pero con presencia entramos a un montón de lugares, como por ejemplo a domicilios».

En otra conversación con una mujer que lo llama para trabajar, indica: «A mí no me interesa el título, pero que tenga tiempo, que no tenga problemas de horarios si la tengo que mandar a Rosario por diez días, que no tenga problema. Pero que no venga con el nenito, el marido, esas historias. Es muy difícil conseguir una persona así, yo lo entiendo».

La intimidación verbal y la importancia de los primeros minutos

La aplicación de torturas psicológicas breves pero efectivas es una constante en los testimonios de las nueve mujeres. Llamados insistentes y demasiadas preguntas por teléfono. Si alguna faltaba a la entrevista de trabajo, la volvían a llamar. Aiello revelaba poca información acerca de la supuesta oferta laboral que tenía y, cuando una de las mujeres advertía algo extraño, cortaba la comunicación. Así, en muchos casos, jugaba con la desesperación de las personas que, a través de avisos digitales, en los diarios, y volantes, se acercaban hasta él.

«Si tenés dudas, mejor no. No va a funcionar, el trabajo no es tan complicado, la verdad es que es bastante sencillo. Si tenés tanto problema me parece que lo dejamos, ¿no? Necesito una persona sin conflictos», respondía cuando las chicas hacían demasiadas preguntas.

Una de las mujeres denunciantes llegó al departamento en el centro porteño, que Aiello alquilaba. La habían mandado de una empresa para que realice tareas de limpieza. Según narra la joven, al entrar, le ofrecieron un trabajo como secretaria ejecutiva en un negocio de venta de antigüedades.

Luego, Aiello le dio una bebida y comenzó a discutir con otra mujer que estaba allí. La chica percibió algo extraño, y llamó a un abogado amigo para darle los datos del lugar. Tomó un poco del vaso que le habían servido y comenzó a quedarse dormida. Despertó al día siguiente, cuando su familia ya la buscaba. Abrió los ojos y estaba en una cama junto a otra mujer. No tenía su teléfono y tampoco el documento. La obligaron a llamar a su casa y le escribieron en un papel lo que debía decir. Después, la hicieron ver fotos de mujeres desnudas y volvieron a encerrarla en un dormitorio, pero sus conocidos ya estaban alertados.

Se destaca en la denuncia el testimonio de dos mujeres tucumanas. Una no habría llegado a ser explotada, pero otra (a quien llamaremos M.O por sus iniciales), asegura haber sido secuestrada durante dos meses.

El equipo de asistencia psicológica e investigadores que dialogó con las mujeres señala que ambas, provenientes de Tucumán, debían llevar un salario a su hogar «y tenían necesidades económicas que solventar», por eso estaban en «un lugar de desventaja que podía ser aprovechado por un tercero».

El caso de M.O, que denuncia haber estado privada de su libertad dos meses: llegó de Tucumán en busca de empleo y encontró un aviso en el diario, donde solicitaban recepcionista. Por 60 días a tiempo completo, dijo durante el allanamiento judicial que había cobrado $2600. Aquí cabe destacar un punto importante. Luego de ser captadas, muchas mujeres se quiebran y se vuelven, contra su voluntad, parte del engranaje que los delincuentes manejan.

En el caso de M.O, ella debía publicar falsos avisos en medios de comunicación y entrevistar a chicas para no sufrir maltrato. Cuando estaban agotadas, denuncian que Aiello las agredía de forma muy severa.

Frases de alerta

Simplemente en el discurso podrían identificarse factores que las mujeres deben tener en cuenta a la hora de buscar empleo. En algunos llamados, el acusado decía: «Podés entrar a la mañana y llegar a salir a las 2 de la mañana….no hay una hora específica de salida”.

Otra mujer relató que durante la entrevista laboral “se sintió ‘ninguneada’, que le empezaron a hacer comentarios acerca de su lugar y forma de vida”.

Las mujeres que llegaron a concretar la entrevista dicen que fueron seducidas por el acusado, que les prometía «invitarlas a cenar o a bailar» después de las jornadas laborales.

En un tramo de la investigación, el fiscal indica otro caso de una chica que llegó al departamento, y Aiello «la interrogó sobre su vida personal, le dijo que no le convenía tener novio, que en el trabajo tenía que viajar los fines de semana a la provincia de Chaco». También consultaron si ella tenía pasaporte, lo que llamó la atención de la mujer. La joven pidió irse, pero no dejaban de hablarle. Finalmente, se paró, aprovechó que la puerta estaba abierta, y huyó.

Durante el allanamiento encontraron celulares, cámaras de fotos, imágenes de personas desnudas, el documento de una mujer, agendas y panfletos que decían «Alquilo habitación para señoritas en la zona de Caseros».
Fuente: Infobae

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