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Vacaciones de invierno: un viaje por las pulperías del corazón bonaerense

Distintos recorridos proponen alejarse de las rutas transitadas y aventurarse al universo rural de las comarcas que apuestan por la gastronomía criolla y por la convivencia con el canto de las aves y los ritmos naturales. Aprovechando las vacaciones de invierno, preparamos seis destinos -tres pueblos con hospedajes y tres pulperías- que representan el corazón del ser bonaerense.

Hospedajes

Cura Malal. Es un pueblo con nombre musical que tiene un encanto especial, nombrarlo remite a una versificación poética. Aquí viven 100 habitantes. El nombre es araucano y significa “Corral de Piedras”, pero también fue una importante estancia donde domina el pastizal y el silencio. Un pequeño casco urbano dibuja una aldea de viejas casas donde sobresalen columnas de humo, las salamandras son la sabia tecnología que entibia las paredes, y que también sirven para calentar unas hojas de eucaliptus que constituyen la causa por la cual el pueblo está perfumado. “El Gallinero” es un hospedaje encantador que funciona en “La Tranca”, una vieja pulpería en donde además convive un centro cultural rural. Cura Malal conserva el ritmo de los pueblos de a caballo, sus calles tienen nombre de flores y árboles, está 15 kilómetros de Coronel Suárez, sobre la ruta 67, tiene acceso por asfalto.

Cura Malal es un pueblo de 100 habitantes a 15 km de Coronel Suárez
Cura Malal es un pueblo de 100 habitantes a 15 km de Coronel Suárez Crédito: Leandro Vesco

La Chiquita. El mar en invierno alimenta el alma y los sueños. La Chiquita es una de las playas más solitarias de la provincia de Buenos Aires, situada en el Partido de Villarino, en la entrada a la Patagonia bonaerense. El pueblo, que se protege detrás de los médanos, está en formación, por lo que la visita y el pernocte aquí tiene un sentido pionero. Un puñado de casas salpican el cuadro solitario, sólo cinco personas viven todo el año aquí, el caserío es un suspiro alentador para la visión. Más allá de los médanos, está la inmensidad del Mar Argentino que se recuesta, inquieto, en interminables y desoladas playas que invitan a la caminata y a la contemplación. Pocos llegan a La Chiquita, pero el dato se traslada de boca en boca. Para llegar hay que ir por ruta 3, a la altura de Mayor Buratovich se desprende un camino que lleva al balneario, son 70 kilómetros de camino de tierra. Está “Arenas de Rahue”, una cabaña para hospedarse y un almacén abierto todo el año. Hay poca señal de telefonía móvil, lo que hace crecer la desconexión con el mundo, un encanto propio del lugar.

La Chiquita es una de las playas más solitarias de la provincia de Buenos Aires
La Chiquita es una de las playas más solitarias de la provincia de Buenos Aires Crédito: Leandro Vesco

Dufaur. Ubicado al sur del Partido de Saavedra, los 200 habitantes de este pueblo tienen una particularidad: un poster alpino se despliega en el fondo de todas las casas. La pintoresca localidad está a los pies del majestuoso cordón serrano de la Ventania. Las calles arboladas con un colchón crujiente de hojas doradas, terminan en un valle que se une con los cerros. La pampa y la serranía conviven en un mapa idílico. El pueblo tiene todo lo que debe tener un lugar destinado al descanso, hay panadería, y negocios donde comprar provisiones. Los propios habitantes han recuperado un antiguo almacén de ramos generales, “La Moderna”, que hoy es un lugar donde es posible disfrutar de típicos platos de cocina criolla. Hay un hospedaje, “Calihue”, que permite hacer base aquí y visitar emprendimientos de turismo rural, como el tambo El Balcón del Arroyo (donde es posible comprar quesos), el criadero de cerdos “El 17” (salames, deliciosos) y hacer trekking en la Estancia Cerro Áspero.

Dufaur está al sur del partido de Saavedra, en la provincia de Buenos Aires
Dufaur está al sur del partido de Saavedra, en la provincia de Buenos Aires Crédito: Leandro Vesco

Pulperías

La Esquina de Arguas. Se trata la de la pulpería activa más vieja de Buenos Aires. Hace 201 años que está abierta. Está en el Partido de Mar Chiquita y se accede por ruta 2, a la altura de Coronel Vidal. Ubicada en un cruce de caminos dentro de un océano de pampa y cardo ruso, un grupo de árboles le dan sombra y la protegen del viento y del olvido. Don Villarino es el pulpero que atiende, y es quien ofrece bebidas típicas (caña quemada, cerveza y vino) y picadas, que ayudan a completar una experiencia sensorial y emotiva únicas, la pulpería tiene la reja en el mostrador y las paredes, viejos almanaques que se resisten el paso del tiempo. La historia de Villarino es parte de la magia que vive en estas paredes arrugas, domador, vivió toda la vida en la zona y siempre soñó con ser el dueño de la pulpería hasta que un día el antiguo propietario se lo cumplió: le dio las llaves y arreglaron de palabra. Desde entonces don Villarino es el guardián de los silencios compartidos en esta esquina que se aferra a la tradición campera.

La Esquina de Arguas es la pulpería activa más vieja de Buenos Aires
La Esquina de Arguas es la pulpería activa más vieja de Buenos Aires Crédito: Leandro Vesco

Viejo Almacén Pablo Acosta. En un pueblo mínimo de 26 habitantes, en lo alto de una lomada está este viejo Almacén que domina el valle de Boca de la Sierra, donde se recuesta la formación rocosa más antigua del planeta. Se encuentra en el Partido de Azul. Un matrimonio dejó la ciudad cabecera y decidió enfrentar la aventura de hacer resucitar esta esquina y lo lograron gracias a un fuerte imán: la gastronomía. Chorizos de potro, jabalí, cerdo, verduras asadas en horno de barro, carnes tiernas que pasan largas horas en el asador y cerveza artesanal. Cierran el círculo sibarita, una picada con jamón crudo hecho por los dueños, como todo lo que se ofrece en este viejo almacén de campo. Pablo Acosta se halla dentro de un entorno natural bello, poco intervenido por el hombre. A pocos kilómetros hay un monasterio de monjes trapenses que viven en el silencio. Desde el almacén se pueden hacer caminatas por la campiña, también es posible hospedarse en cabañas. La vida aquí se manifiesta en clave de paz y de reencontrarse con sabores que se creían perdidos.

El viejo almacén Pablo Acosta domina el valle de Boca de la Sierra
El viejo almacén Pablo Acosta domina el valle de Boca de la Sierra Crédito: Leandro Vesco

Pulpería Isla Soledad. En el fondo del camino real, en lo profundo del mapa de General Viamonte, una estela de polvo advierte que un auto se ha detenido en la pulpería. Rodeada de vegetación, apenas se ve la construcción de esta pulpería que está en un paraje de 20 habitantes, La Delfina. Son muy pocas las casas que quedan de este sueño de pueblo que nunca fue. Isla Soledad remite directamente al propietario de este templo criollo donde el tiempo se ha detenido. Antiguo hombre de mar hoy retenido en la polvareda pampeana, el interior de la pulpería es un curioso museo de artículos navales. Sorprende ver el cuadro de un barco, un ancla y sogas marinas en medio de la mansedumbre pampeana. El matrimonio atiende y conversa, con tiempo se preparan comidas, pero lo que sale sin prisa es una picada. Cerca de La Delfina está Los Toldos y su fecunda producción de quesos hechos por descendientes de holandeses. Aquí es el lugar ideal para probarlos. El mejor momento del día es cuando el sol se apoya en el horizonte.

La pulpería Isla Soledad está en La Delfina, un paraje de 20 habitantes
La pulpería Isla Soledad está en La Delfina, un paraje de 20 habitantes Crédito: Leandro Vesco

Fuente: Diario de Cultura

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