Juan Pablo Issel, decano de la Facultad de Psicología, señaló a Mi8 que las herramientas de inteligencia artificial pueden ser complementarias, pero advirtió sobre los riesgos de reemplazar el vínculo profesional en la atención psicológica.
El crecimiento de la inteligencia artificial como herramienta de acompañamiento emocional abre interrogantes en el campo de la salud mental.
Según datos difundidos recientemente por la revista JAMA Pediatrics, en Estados Unidos uno de cada cinco jóvenes ya utiliza herramientas de inteligencia artificial como consejeras emocionales.
El decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Juan Pablo Issel, llamó a analizar con prudencia su incorporación en tareas vinculadas con la asistencia psicológica.
En diálogo con Mi8, el decano señaló: “Existe una demanda creciente de atención en salud mental y, al mismo tiempo, persisten dificultades de acceso, cobertura y disponibilidad de tratamientos adecuados”.
Asimismo, destacó que incluso en Argentina, uno de los países con mayor cantidad de psicólogos por habitante, “la accesibilidad continúa siendo desigual y, en muchos casos, insuficiente para responder a las necesidades existentes”.
Issel remarcó a este medio que el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial fue acelerado y que estas herramientas buscan incorporarse a cada vez más áreas de la vida social. Sin embargo, sostuvo que aún existe incertidumbre sobre sus efectos cuando se aplican a cuestiones vinculadas con la salud mental.

IA en la psicología: «Todavía existe conocimiento limitado»
“Se trata de intervenciones sobre aspectos extremadamente sensibles de la experiencia humana respecto de los cuales todavía existe conocimiento limitado acerca de sus efectos a mediano y largo plazo”, afirmó.
Por otra parte, el especialista recordó que tanto la Federación de Psicólogos de la República Argentina como el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires manifestaron reparos frente a la incorporación de sistemas de inteligencia artificial en tareas relacionadas con la asistencia psicológica y la evaluación clínica.
“No se trata de rechazar la innovación tecnológica, sino de advertir que la velocidad de adopción no debería reemplazar el análisis ético, científico y profesional de sus consecuencias”, sostuvo.
Asimismo, Issel vinculó el debate con las discusiones que existen actualmente sobre el impacto de las plataformas digitales y las redes sociales en la salud mental, especialmente entre adolescentes y jóvenes: “Resulta razonable preguntarse si la respuesta a problemas que parecen estar asociados, al menos en parte, a una creciente dependencia de dispositivos digitales puede consistir justamente en una profundización de esa misma mediación tecnológica”.
Por último, consideró que la inteligencia artificial podría cumplir un rol complementario dentro del sistema de atención, aunque subrayó que no puede reemplazar el vínculo entre paciente y profesional.
En este marco, afirmó que “la salud mental involucra un tipo de escucha, empatía, construcción de confianza, responsabilidad profesional y compromiso ético que, al menos por ahora, solo son posibles en el marco de un vínculo humano”. Y concluyó: “La inteligencia artificial podrá eventualmente constituir una herramienta complementaria, siempre bajo supervisión profesional, pero no debería sustituir el encuentro humano que constituye el núcleo mismo de la práctica psicológica”.
Fuente: Mi8






