En el programa «Tarde para Armar», la investigadora marplatense Josefina Ballarre, integrante del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA, CONICET–Universidad Nacional de Mar del Plata) fue distinguida con el Premio Estímulo “Ing. Antonio Marín” – Edición 2025, otorgado por la Academia Nacional de Ingeniería.
Ingeniera en Materiales y doctora en Ciencia de Materiales por la Universidad Nacional de Mar del Plata, Ballarre trabaja en el Área de Electroquímica Aplicada del INTEMA, donde desarrolla materiales para implantes óseos. En diálogo con LU9 Radio Mar del Plata, definió la distinción como «una medalla y una palmadita en la espalda», y agregó que es «un mimo para seguir trabajando y seguir adelante».
Un premio nacional para la investigación local
La investigadora fue postulada por la Facultad de Ingeniería de la UNMDP ante la Academia Nacional de Ingeniería, en Buenos Aires. Según explicó, la evaluación de las actuaciones demandó todo el año previo, y la notificación llegó directamente desde la Academia, que también comunicó la decisión a la decana de la Facultad.
El reconocimiento se formalizará con un acto público a fin de año en la ciudad de Buenos Aires. Ballarre remarcó el valor de estas distinciones en un contexto de debate sobre el rol de la ciencia: «también sirve para mostrarles a los más jóvenes que hay caminos que llevan a apasionarse», señaló, y se definió como «una apasionada» de su trabajo.
La investigadora recordó que el INTEMA es un instituto de doble dependencia —de la Universidad Nacional de Mar del Plata y del CONICET— y que su tarea se inscribe en la línea de investigación del organismo científico. Además de investigadora independiente del CONICET, se desempeña como docente, vicedirectora del Departamento de Ingeniería en Materiales y subsecretaria de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ingeniería.
Prótesis y metales degradables para evitar una segunda cirugía
El grupo de Electroquímica Aplicada del INTEMA trabaja con piezas metálicas para distintas patologías. Ballarre se especializa en la parte ósea: prótesis traumatológicas y dentales, y en mejorar la superficie de los materiales para abaratar costos y favorecer la «oseointegración», es decir, que el implante se fije bien al hueso y evite una nueva operación. Ese tratamiento de superficie también apunta a reducir la adherencia bacteriana y, con ella, el riesgo de infección posquirúrgica.
Desde hace una década, el equipo desarrolla además prótesis con metales degradables, orientadas a evitar la segunda cirugía de remoción, como la que hoy exige retirar un clavo colocado para fijar una fractura. Se trata de aleaciones de magnesio y de hierro con manganeso que, según detalló la investigadora, «son totalmente asimilables para el cuerpo humano», porque el organismo posee esos elementos y puede degradarlos con el tiempo.
La idea es que el material cumpla su función de fijación al inicio de su vida útil y luego se degrade cuando ya no es necesario, sin volver al quirófano. «Es una línea que está muy en boga a nivel mundial», subrayó Ballarre, que valoró que ese desarrollo también se lleve adelante en Argentina. Para la investigadora, la ventaja del perfil ingenieril es «tratar de salir del laboratorio e ir un pasito más adelante», siempre con la mira puesta en un producto final aplicable a la salud.
Un mensaje para quienes eligen una carrera
Ballarre contó que llegó a la ingeniería en materiales por su interés en los números, la química y la física, y que una charla sobre materiales biomédicos definió su vocación. Con más de 25 años de trayectoria en el mismo campo, sostuvo que trabajar de lo que a uno le gusta «es un placer».
A los más jóvenes les recomendó no descartar la ingeniería por su exigencia. «La base siempre es la misma y te vas haciendo una forma de pensamiento», explicó, al señalar que quien ingresa a una especialidad puede luego reorientarse hacia otra rama sin perder esa formación común. Y remarcó el trabajo de divulgación que hacen docentes e investigadores para acercar la oferta educativa y la ciencia a los barrios y a las escuelas de la región: «muchas veces los chicos no vienen a la facu, entonces salimos nosotros», apuntó.
Los primeros años, el gran filtro de la ingeniería
Consultada por la permanencia de los estudiantes, la investigadora describió los dos primeros años de la carrera como «un filtro para la constancia, la perseverancia y la paciencia», por el peso de las materias básicas antes de llegar a los contenidos específicos. Destacó que los nuevos planes de estudio incorporan talleres tempranos de cada especialidad para sostener la motivación.
«Los frutos son muy buenos», resumió Ballarre, que llamó a los estudiantes a proyectarse a futuro y a «seguir soñando» con objetivos como la industria aeroespacial. Reconoció que se trata de «un trabajo de hormiga», pero valoró que las distinciones a docentes de la Facultad y del INTEMA ayuden a visibilizar lo que se produce en Mar del Plata. «Si llego a uno o dos estudiantes con esta charla, ya me siento hecha», cerró.
Fuente: LU9






