En el programa «Ecos del Dia» de 17:30 a 20:00 con Javier Novoa, la correctora de texto e influencer del lenguaje Victoria Abrego analizó sobre el rápido recambio del lenguaje impulsado por las redes sociales y la jerga juvenil, donde expresiones como «farmear aura» nacen para construir identidad y diferenciarse de otras generaciones.
La correctora de textos e «influencer del lenguaje» Victoria Abrego explicó en LU9 por qué el idioma cambia hoy a una velocidad inédita y llamó a mirar ese proceso sin alarma. Para la especialista, la aparición de términos como «farmear aura» o «six seven» no es un capricho de época sino algo que «se hizo siempre»: una marca de identidad que hoy pasa por las palabras y que las redes potencian y aceleran.
Bahiense, recibida de correctora y con una comunidad de más de 20.000 seguidores en Instagram, donde divulga curiosidades y etimologías, Abrego sostuvo que las redes son «el impulso de todo esto» y que hoy los cambios que antes tardaban años se dan «rapidísimo». Su tesis funciona como síntesis de toda la charla: «el cambio es un hecho».
Un proceso que «se hizo siempre», ahora acelerado
La correctora explicó que la mayoría de estos términos «nacen en los más jóvenes», que a través del lenguaje buscan «generar grupo o identidad» y diferenciarse de otras generaciones. Es, dijo, un mecanismo de siempre: antes esa pertenencia pasaba por la música o la vestimenta —los rollingas, los floggers— y hoy pasa por el habla.
La diferencia, planteó, es la escala y la velocidad. Según Abrego, lo que cambió es que ahora ese fenómeno «lo vemos muy en todos lados por el tema de las redes sociales», con una circulación mucho más rápida que en otras épocas.
«Prueba y error»: por qué algunas quedan y otras se caen
Para la especialista, casi ninguna de estas palabras está todavía en el diccionario «por lo menos no ahora», y no hay forma de saber de antemano cuáles van a perdurar: «es como prueba y error», resumió. Una expresión se sostiene solo mientras la gente la sigue usando; si se estira de más, cae en el «cringe» —eso que da vergüenza ajena— y deja de servir.
En ese universo se anotan los términos que hoy desconciertan a los adultos. «Farmear aura» —del inglés aura farming, cruce de la jerga gamer («farmear» es repetir acciones para acumular puntos) con «aura», la presencia o el carisma que alguien proyecta— describe hacer algo para sumar prestigio simbólico. «Six seven» (6-7), en cambio, no tiene un significado fijo: se usa para algo «más o menos» y funciona sobre todo como guiño generacional. Nació de la canción «Doot Doot (6 7)», del rapero Skrilla, y el diccionario Dictionary.com lo eligió palabra del año 2025.
Del lunfardo a la RAE: cómo una palabra «se queda»
Abrego trazó un paralelo con el lunfardo. Palabras como «laburo», «pibe», «guita», «bondi» o «morfar» —recordó— «nacieron como están haciendo estas ahora» y terminaron instaladas, muchas de ellas ya dentro del diccionario. Ese, explicó, es el camino natural de la lengua: si una expresión se dice y se repite lo suficiente, «es muy probable que termine adentro de la RAE».
Como ejemplo de un cambio ya consolidado, mencionó el «re» argentino usado como intensificador, que según la correctora «incluso está en el diccionario».
Por qué la jerga nueva «suena tan ajena»: el peso del inglés
Consultada sobre por qué muchas de estas palabras se sienten extrañas, Abrego apuntó al idioma de origen. Hoy, dijo, «la lengua madre de todo el mundo es el inglés», y por eso «las palabras que van quedando son todas en inglés». Términos como «lore» (el contexto o la historia detrás de algo), «prime» (el mejor momento) o «frontear» (mostrarse, hacerse el picante) llegan directamente de esa matriz digital, muchas veces sin una razón que ate la palabra a su significado.
Ni purista ni «todo vale»: dónde se para ella
Abrego se ubicó en un punto medio entre quienes cuidan la lengua «como una cajita de cristal» y quienes creen que todo cambio vale. «El cambio es un hecho», insistió, y lo graficó con el español medieval: «no hablamos español medieval», el idioma fue mutando y hoy un texto de esa época resultaría casi indescifrable.
Su único reparo, aclaró, son los anglicismos innecesarios: usar un término en otro idioma cuando el español ya tiene su palabra. Decir «tengo una call» en lugar de «tengo una llamada» es el caso que más la irrita; ahí, admitió, se pone «un poquito más purista». Con el resto de las novedades, en cambio, se declaró entusiasta: le parece «increíble» tener tan presente que «el lenguaje se mueve y va cambiando».
De correctora a «influencer del lenguaje»
Abrego empezó la Licenciatura en Letras en la Universidad Nacional del Sur, viró hacia la edición y la corrección de textos y se recibió de correctora. El salto a las redes, contó, fue una decisión práctica: le resultaba «fácil hablar a cámara» y, apenas se recibió, pensó «por qué no mostrar lo que tanto me gusta» y, de paso, conseguir trabajo de lo suyo a través de las plataformas. Hoy combina la corrección profesional con la divulgación sobre lengua, puntuación y errores frecuentes.
Estar al día, reconoció, le demanda «mucha investigación» y horas de redes: muchas expresiones tiene que preguntarlas porque no las entiende, ya que nacen entre los más chicos.
«La tele» o «el tele» y el «etcétera» de relleno
La charla también dejó lugar para el lenguaje cotidiano. Abrego se detuvo en la discusión entre «la tele» y «el tele»: según observó, en buena parte del interior se dice «el tele» y en Capital «la tele», una diferencia que atribuyó más a la «costumbre de uso» que a una regla.
Y dejó una recomendación de escritura: evitar el abuso del «etcétera» como relleno. Se nota, dijo, sobre todo en los textos académicos, cuando se lo mete «para rellenar» ejemplos que en realidad no existen.
Fuente: LU9






