La repitencia, el ausentismo y el trabajo adolescente son significativamente mayores entre los alumnos del cuartil socioeconómico más bajo, quienes, a su vez, tuvieron el peor desempeño promedio en la evaluación internacional
Los resultados de PISA 2025 volvieron a encender las alarmas sobre la educación argentina. El desempeño de los alumnos fue peor que en 2022 y 2018, y es la primera vez que la Argentina retrocede simultáneamente en las tres áreas evaluadas: Matemática, Lengua y Ciencias. Un trabajo del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), el centro de investigación económica de la Fundación Mediterránea, aporta datos de contexto a la situación: el 28% de los estudiantes argentinos de 15 años falta a clases y el mismo porcentaje trabaja.
Las autoras del informe, las economistas Laura Caullo y Guadalupe Galíndez, pusieron la lupa sobre algunas de las condiciones y trayectorias con las que los estudiantes llegan a los 15 años, la edad de los participantes de la evaluación internacional. Si bien su análisis no permite establecer una relación causa-efecto, sí ayuda a identificar asociaciones relevantes.
Una de ellas es la repitencia. El 17,7% de los estudiantes había repetido al menos una vez durante la primaria o la secundaria. Detrás del promedio hay una brecha socioeconómica considerable: 28,7% corresponde al cuartil de menores recursos, mientras que solo el 6% corresponde al cuartil superior.
Otra dimensión es la asistencia. El 27,8% de los adolescentes argentinos que participaron de esta evaluación internacional dijo haber faltado a clases al menos una vez durante las dos semanas anteriores a la evaluación, lo que equivale a más de uno cada cuatro estudiantes.
El ausentismo también tiene un componente socioeconómico. Entre los estudiantes del cuartil de menores recursos alcanza el 33,8%. Sin embargo, no se limita a los sectores vulnerables. En el cuartil de mayores recursos, alcanza el 19,2%. Es decir, casi uno de cada cinco.
¿Impacta en el desempeño?
Al asociar la asistencia con los resultados en las pruebas de Matemática, Lectura y Ciencias, quienes habían faltado al menos una vez en el último mes obtuvieron puntajes inferiores a los de quienes no lo habían hecho: la diferencia promedio fue de 31 puntos en Matemática, 36 en Lectura y 39 en Ciencias. Ese vínculo se mantiene cuando se comparan estudiantes dentro de cada nivel socioeconómico.
Las economistas autoras del informe enfatizan que los resultados de PISA permiten identificar asociaciones entre la inasistencia y el desempeño, pero no establecer una relación causa-consecuencia. Una falta puede estar vinculada con problemas familiares, enfermedad, dificultades escolares, trabajo u otras circunstancias que también pueden incidir sobre el desempeño. “Por lo tanto, no corresponde afirmar que faltar a clases provoca por sí mismo una determinada pérdida de puntaje”, plantean.
Advierten que lo que sí revelan los datos es que la asociación entre ausentismo y menores resultados no desaparece en los niveles socioeconómicos más altos: “Estar formalmente dentro del sistema educativo es una condición necesaria, pero no dice todo sobre la forma en que se transita la escolaridad”. La brecha entre quienes faltaron y quienes no lo hicieron es mayor en el cuartil socioeconómico más alto. En Matemática llega a 37 puntos, frente a diferencias de entre 18 y 20 puntos en los tres cuartiles inferiores.
El efecto de estudiar y trabajar
El nivel socioeconómico sigue marcando diferencias muy grandes. En Matemática, los adolescentes del cuartil inferior obtuvieron 342 puntos, mientras que los del cuartil superior, 421. Entre ambos grupos hay 79 puntos de distancia.
Las desigualdades de origen no solo se reflejan en los puntajes, sino también en algunas características de las trayectorias escolares. Los estudiantes de menores recursos repiten y faltan con mayor frecuencia, subrayan las autoras del informe. Y a esas diferencias se suma el trabajo.
El 27,6% de los adolescentes declaró haber realizado un trabajo por una remuneración durante las dos semanas anteriores a la evaluación, más allá de que el empleo es legal a partir de los 16. Entre los estudiantes del cuartil socioeconómico más bajo, la proporción alcanza el 33,9%.
El problema excede la discusión educativa. “Estos adolescentes formarán parte de la fuerza laboral de las próximas décadas y sus capacidades para razonar, resolver problemas, incorporar nuevas tecnologías y seguir aprendiendo serán parte del capital humano con el que contará el país”, sintetizan las autoras del informe.
Añaden, a su vez, que “la estabilidad macroeconómica, la inversión y mejores reglas de juego son condiciones necesarias para crecer. Pero sostener ese crecimiento también requiere capital humano y construirlo lleva mucho más tiempo”.
Fuente: La Nación






