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Apatía, desconfianza y crisis de representación: cómo piensan hoy los jóvenes argentinos

Una encuesta nacional revela que, aunque valoran la democracia, desconfían de la política tradicional y reclaman más presencia frente a sus problemas cotidianos.

“Te amo, te odio, dame más”, cantaba Charly García a principios de los 80 en su ya mítica Peperina. La frase bien podría aplicarse a cómo los jóvenes se vinculan hoy con las instituciones y la democracia, una forma de gobierno que parecen valorar en términos teóricos, pero que en la práctica no logra colmar sus expectativas ni responder a sus necesidades.

Al menos eso es lo que revela el informe realizado por el Observatorio de Opinión Pública de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), en conjunto con la consultora Zuban Cordoba y Asociados, cuyos resultados ofrecen una radiografía compleja y, por momentos, contradictoria de la juventud argentina.

El estudio, titulado “Juventud, divino tesoro”, se adentra en las percepciones políticas de un segmento que hoy atraviesa una etapa de redefiniciones, marcada por un distanciamiento de las dirigencias tradicionales, pero con demandas concretas vinculadas al rol del Estado.

Un cambio de era

Un 48,4% cree que la democracia funciona mal. Un 45,6% sostiene que se ejerce bien. (Foto: Imagen generada con IA)
Un 48,4% cree que la democracia funciona mal. Un 45,6% sostiene que se ejerce bien. (Foto: Imagen generada con IA)

El informe, de alcance nacional, se basa en una muestra de 500 casos de jóvenes de entre 16 y 30 años, representativa de ese grupo etario. A grandes rasgos, los datos indican que los jóvenes priorizan la participación digital por sobre la presencial, presentan posiciones ideológicas más flexibles y se muestran más receptivos a discursos de cambio que a los de consenso. Al mismo tiempo, canalizan el desencanto sin abandonar por completo el ideal democrático. En síntesis, valoran la democracia, pero expresan un fuerte rechazo hacia las instituciones que la conforman.

En ese contexto, el estudio señala un menor involucramiento en formas tradicionales de participación política y un vínculo atravesado por el enojo y la confrontación, lo que marca una diferencia respecto de períodos anteriores, especialmente en términos de militancia activa.

“Durante los años kirchneristas hubo una activación de la militancia juvenil, que no solamente se revalorizó desde el Estado, sino que se caracterizó por muchísima movilización de base. Claramente, a partir de la pandemia y de este nuevo gobierno, hay muchísimo menos interés en participar de forma física. Lo que no quiere decir que no les interese la política,sino que existe un cambio en las formas de involucramiento”, explica Santino Cordoba Zuban, politólogo, analista de Zuban Cordoba.

Entre los jóvenes de entre 18 y 25 años que manifestaron haber tenido experiencias de militancia partidaria, aparecen menciones a recorridos frustrantes y críticas al desempeño de los funcionarios. En tanto, entre los mayores de 25 años predomina la preocupación por la polarización política y la falta de espacios de consenso, especialmente por su impacto en las relaciones interpersonales.

Entre el interés y el rechazo

No obstante, los datos relevados, lejos de revalidar la creencia popular de que a los jóvenes no les importa nada, indican que el 62% está interesado en la política (22,2% mucho y 39,8% algo), pero con algunas contradicciones. El 77% de los jóvenes encuestados asocia a la política con sentimientos negativos, mientras que solo un 20,8% logra vincularla con algo positivo.

“Todas estas cuestiones todavía están en curso -y podríamos decir, que conforman tendencias aún no consolidadas- que se manifiestan en mayor medida entre los más jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 16 y los 25 años”, agrega.

Esta desconexión se explica, en parte, por la mutación de las identidades. Según los investigadores, hoy se habla de “identidades más fluctuantes, que no están tan relacionadas a un historial de un partido político, que no son rígidas… y que se guían más bien por cuestiones particulares”. La juventud ya no se rige por lealtades partidarias de largo aliento, sino por una agenda de preocupaciones inmediatas, y propia.

Así, entre sus principales preocupaciones aparecen, en este orden, la situación económica (26,8%), el trabajo (19,5%) y la educación (17,7%)

Confianza institucional: el refugio en la universidad

Por eso, no sorprende cuando se indaga un poco más respecto a qué o en quién creen. Las Universidades encabezan las preferencias, con un 65% de confianza, seguidas de cerca por el Poder Ejecutivo (representado por el Presidente de la Nación) y el Ejército y las Fuerzas Armadas con un 54,3%.

El 83,1% de los entrevistados está de acuerdo en que el Estado debe garantizar salud y educación públicas. (Foto: Imagen generada con IA)
El 83,1% de los entrevistados está de acuerdo en que el Estado debe garantizar salud y educación públicas. (Foto: Imagen generada con IA)

En la vereda opuesta, con un desplome en términos de confianza, aparecen los partidos políticos, los sindicatos, el Congreso y los medios de comunicación.

El dato novedoso es la pérdida de terreno de colectivos que antes eran baluartes juveniles, tales como los colectivos feministas -con un 65,1% de desconfianza- y los colectivos LGBT+ -con un 56% de desconfianza-. Así, el informe sugiere que actores antes ampliamente valorados ahora se encuentran “desacreditados en el sector”.

Democracia y Estado: una relación ambivalente

Uno de los puntos centrales del informe es la tensión entre el apoyo al sistema democrático y la evaluación de su funcionamiento. Mientras el 73,7% de los jóvenes prefiere la democracia por sobre cualquier otra forma de gobierno, las opiniones se dividen al evaluar su desempeño en la Argentina: el 48,4% considera que funciona mal y el 45,6% cree que funciona bien.

A pesar del rechazo a la dirigencia política, este malestar no se traduce en una postura contraria al Estado. Por el contrario, existe un amplio consenso sobre su rol en áreas clave. El 83,1% considera que debe garantizar la salud y la educación públicas, el 68% cree que debe proteger a los sectores más vulnerables y el 56,9% sostiene que debe regular servicios esenciales como el transporte o la vivienda.

Según el estudio, los +25 manifiestan preocupación por la polarización política/afectiva. (Foto: Imagen generada con IA)
Según el estudio, los +25 manifiestan preocupación por la polarización política/afectiva. (Foto: Imagen generada con IA)

Así, el estudio evidencia que la crítica juvenil al sistema político no siempre implica un rechazo generalizado al Estado. Por el contrario, incluso entre quienes enarbolan las posturas más radicalizadas, existe una alta adhesión a la idea de un Estado presente capaz de garantizar derechos básicos como la educación, la salud y la seguridad. Siendo las mujeres, en contraposición a los hombres, las que se pronuncian marcadamente a favor del rol activo del Estado en cuestiones de la vida cotidiana.

En suma, el desencanto con la política sigue siendo el eje sobre el que se estructura una subjetividad política juvenil que valora la democracia como principio, pero la considera ineficaz en su funcionamiento. En síntesis, los jóvenes no parecen demandar menos Estado, sino un Estado más eficiente, menos capturado por intereses políticos y capaz de brindar respuestas concretas.

En un escenario de por sí complejo, con los canales tradicionales de representación —partidos, sindicatos, movimientos sociales— cuando menos, en duda, y la necesidad de un orden democrático y de una presencia estatal protectora, el desafío de una mejor representación política de las juventudes está más vigente que nunca.

Fuente: TN

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