El aumento de la cantidad de restaurantes y cafeterías en Mar del Plata, en paralelo a los altos costos que afronta el sector y la caída del conusmo, genera inconvenientes a la hora de comercializar un fondo de comercio, ya que su valor se desploma.
El complicado momento que vive el sector gastronómico de Mar del Plata, que incluso en esta temporada baja llevó a muchos restaurantes o cafeterías a estar cerrados en los primeros días de la semana, se ve reflejado también en una caída del valor de los fondos de comercio de cada empresa y en la dificultad cada vez más grande de poder venderlos en un contexto económico con altos costos.
El problema que se observa actualmente en Mar del Plata es que, debido a la expansión de la gastronomía registrada en los últimos años, se generó un exceso de oferta. Así lo graficó a Mi8 el vicepresidente tercero de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica (Aehg) de Mar del Plata, Hernán Szkrohal.
En primero lugar, explicó que el fondo de comercio de un local gastronómico incluye el movimiento de caja y los muebles y útiles. La ubicación, por ejemplo, también puede «hacerse valer» al momento de ponerlo a la venta.
«Lo primero que hay que saber es que, de diez locales que ingresan al sector, a seis o siete les va mal. Las inversiones en un fondo de comercio pueden ir de 20.000 a 500.000 dólares, de acuerdo al capital de cada uno. Hoy nada te asegura que uno vaya a recuperar la plata, porque la rentabilidad está caída y los plazos de recupero (que tienen que ser entre 24, 30 o 36 meses) no están. Y cuando a una persona le empieza a ir mal, tiene dos posibilidades: vender el fondo de comercio o cerrar», explicó.
Ante este panorama, Szkrohal manifestó que a los emprendedores que buscan entrar al mundo gastronómico de Mar del Plata «les resulta más barato armar un local desde cero» que adquirir un fondo de comercio. «Cuando vos tenés empleados hay un desgaste en cuanto a lo que fue tu inversión original, y además está la posibilidad de abrir un restaurant al lado del otro sin que nadie te diga: ‘Mirá que esta zona ya está está llenísima, no vale la pena abrir‘», dijo Szkrohal.
El empresario formuló un ejemplo para ser más claro: «Si vos hiciste una inversión de US$ 200.000 en un local y resulta que lo estás explotando y te va bárbaro, no podés ofrecerlo a US$ 300.000 porque no lo vendés. Ahora, si invertiste US$ 200.000 pero no tenés movimiento de caja, lo más probable es que lo tengas que vender en US$ 100.000. Pero cuando lo ofrezcas en US$ 100.000 te van a decir: ‘Por US$ 100.000 lo armo yo’«.
«Entonces, uno como inversor terminará abriendo un local nuevo y no comprando el fondo. Salvo que sea adquirido porque al que se va le fue muy bien, se quiere dedicar a otra cosa y te da garantías de recuperar la inversión en un plazo de tres años. Eso no ocurre en el 95% de los casos», añadió.

Por lo tanto, el referente de la Aehg indicó que esas numerosas aperturas, sin un criterio definido, generan un círculo vicioso en el rubro gastronómico: no se venden los fondos de comercio y cada vez hay más restaurantes «que reparten toda la clientela entre menos consumidores o entre los mismos consumidores». «Entonces, no le sirve ni al que abre ni al que ya estaba y sigue. Ese fenómeno hace que el fondo de comercio no valga nada«, argumentó.
Por lo tanto, según la visión de la Aehg y de acuerdo a la lógica del mercado, el exceso de oferta genera una disminución en el valor de los fondos de comercio. «Eso hace que el que hizo la inversión la pierda. El que viene de afuera no compra un fondo: espera a conseguir un lugar, lo refacciona y arranca de cero, tanto con el personal como con el emprendimiento nuevo. Pero ese que entra al poco tiempo estará en el mismo lugar que estaba el otro«, expresó. Una de las principales razones es que no les resulta conveniente hacerse cargo de los empleados con antigüedad, que generalmente son un pasivo.
De hecho, Szkrohal se metió en el razonamiento de un emprendedor e intentó explicar por qué se provoca una «sobreoferta desordenada» en Mar del Plata y «sin ningún estudio de impacto económico de una zona que ya está saturada». «La gente igualemente ingresa porque la motivación de ser nuevo siempre te hace sentir que vas a desplazar al que está desde antes. O que vos, con tu creatividad o con lo que inviertas en el local nuevo podés ganarle al anterior. Y eso termina siendo como un efecto dominó donde no le sirve a ninguno», indicó.
De todas formas, Szkrohal aseguró que este fenómeno no se da solo en Mar del Plata. Por ejemplo, dijo que en Buenos Aires «cerraron 100 restaurantes en los últimos seis meses».
Justamente, la salida ante la imposibilidad de vender un fondo de comercio es acotada: seguir con la actividad de todas formas o cerrar definitivamente. «Muchas veces, cerrar significa fundirte, porque tenés que pagar todo. Pero si continuás con la actividad vas perdiendo plata, y llega un momento en el que no querés perder más«, concluyó.
Fuente: Mi8






