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El misterio del chalet de la 9 de Julio: 40 años en desuso y sus dueños se niegan a venderlo

En la vorágine diaria, muchas cosas pasan por alto. Este chalet de estilo marplatense se le escapa a la vista a más de un porteño. En pleno Microcentro, a metros de la 9 de Julio, en la punta de un edificio típico de la zona, se encuentra esta casa de dos plantas de principios de 1900. Llegó antes que el Obelisco y, hoy, tiene una de las vistas más privilegiadas del monumento icónico de la Ciudad. Pero, ¿Qué esconde el chalet que hace años está en desuso y pocos logran entrar a visitarlo?

Según cuenta la historia, un español que había llegado con la ola inmigratoria a la Argentina mandó a construir esta casa para poder descansar.

«Es curioso, pero el mito dice que Rafael Díaz, dueño de una mueblería muy importante, vivía en Banfield y tenía muchas horas de viaje en tren, por lo que se construyó el chalet en la terraza de su local de nueve pisos poder almorzar y dormir la siesta», cuenta Héctor Sarlinga, arquitecto, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y socio fundador de Daheda Construcciones.

Muebles Díaz fue uno de los más importantes y exclusivos de la Ciudad. Su tienda tenía nueve pisos y vendía todo tipo de mobiliario a las clases más acomodadas porteñas.

«En la cima del edificio en Sarmiento 1113, que hoy es de uso de oficinas, se construyó en 1927 este chalet. Es curioso: si bien lo quería solo para descansar, tiene el ancho del edificio y dos plantas, algo más de 200 metros cuadrados», agrega Sarlinga.

Para los amantes de la arquitectura, es la figurita difícil. No se puede visitar y pocos han tenido acceso a su interior. Desde su terraza, se puede ver todo el Microcentro y hay una postal inigualable del Obelisco.

«La casa llegó una década antes que el Obelisco. De hecho, en el momento en que se construyó, la 9 de Julio todavía no se había ensanchado. Cuando se hace esta modificación, el chalet toma importancia: es como que sobresale y comienza a tener una vista privilegiada», dice Sarlinga, apasionado por la Ciudad de Buenos Aires.

Desde las alturas de su casa de descanso, el español pudo ver como se erigía en 1936 el Obelisco, a apenas 100 metros de su negocio y, un año más tarde, también fue testigo de la inauguración del primer tramo de la avenida 9 de Julio.

Fue, quizás, uno de los impulsores de la publicidad en altura. Aprovechando su chalet, y la notoriedad que éste adquirió con el paso de los años, colocó un cartel publicitario de «Mueblería Díaz» que se inmortalizó en decenas de fotografías de la época.

Y, siempre pensando en su negocio, Díaz compró una antena de radio y, a través de la frecuencia 630 del dial, lanzó LOK Radio Muebles Díaz. Emitía desde el chalet en altura promociones del negocio y pasaba música.

En 2014, el inmueble fue declarado patrimonio cultural de la Ciudad de Buenos Aires, por lo que no puede ser modificado sin previa intervención de la Secretaría de Cultura. «En la Argentina, no estamos acostumbrados a cuidar nuestro patrimonio. De hecho, cuándo se construyó la 9 de Julio, se demolieron miles de casas antiguas. Pero, por suerte, eso está cambiando», dice Sarlinga.

Su valor económico es incalculable. «Tiene un valor histórico. Es difícil ponderarlo, es tan anecdótico que eso le da un plus. Es un valor que no es posible de dimensionar. Va por encima de los metros», asegura el especialista.

Por la fecha en que fue construido, los especialistas aseguran que cuenta con detalles de categoría y de estilo. «Sus tejas son francesas, no hay dudas que cuenta con mármoles y escaleras de madera torneada, típico para las casas de la época», agrega.

Entre los años ’40 y ’50, Mueblería Díaz llega a lo más alto de su historia. Pero 20 años más tarde su fundador se enfermó y, tras permanecer varios años en silla de ruedas, murió en 1968. En los años ’70, los herederos alquilaron los pisos de lo que había sido la mueblería a empresas para que instalen allí sus oficinas.

El Chalet funcionó como un estudio fotográfico, con una vista privilegiada y, en los años ’80, hasta sirvió de comedor de las oficinas.
Hoy, 40 años después, está en desuso. Sus propietarios, los nietos y bisnietos de Rafael Díaz, no están dispuestos a venderlo; tampoco, a alquilarlo, ni permiten que nadie ajeno a la familia ingrese a su interior.

«Hace mucho tiempo que está desocupado. Han ofrecido muchísima plata para comprarlo. Pero la familia no quiere deshacerse del chalet», cuentan en la inmobiliaria Toribio Achaval.

FUENTE: Cronista

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