El análisis del Observatorio Universitario de Fasta en conjunto con el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA estudió la pobreza y las desigualdades educativas en la niñez y adolescencia de Mar del Plata.
El Observatorio Universitario de la Ciudad de la Universidad FASTA, en conjunto con el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, presentó los resultados del informe “Pobreza y desigualdades educativas en la niñez y adolescencia en Mar del Plata (2017–2024)” en un evento realizado en el Auditorio Emilio Botín.
La exposición estuvo a cargo de Agustín Salvia, Director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA); Ianina Tuñón, Coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia (UCA); y Gabriel Coronello Aldao, Director del Observatorio Universitario de la Ciudad (Universidad FASTA).
El estudio muestra que la pobreza infantil en Mar del Plata se mantiene, desde 2017, en niveles sistemáticamente superiores a los de la población general, con una brecha que se amplía en períodos de crisis como la pandemia y el proceso inflacionario de 2023.
«La pobreza infantil no deja de ser un problema. Por mucho que parece que lo peor ya pasó, en términos económicos y sociales estamos en transición. Estamos teniendo un proceso de caída de la pobreza hasta el 2024, cabe reconocerlo, fue importante, hasta el segundo semestre después de un primero muy critico. Las clases medias recuperaron cierta capacidad adquisitiva, pero en el primer semestre de 2025 esas mejoras se detuvieron«, determinó Agustín Salvia en diálogo con Canal 8.
Paralelamente, en el estudio se observan desigualdades educativas asociadas a la inasistencia escolar, al rezago severo y al clima educativo familiar. Este patrón revela que los tramos más críticos se concentran en el nivel inicial —donde persisten dificultades de acceso y cobertura— y en la secundaria, donde reaparecen tensiones vinculadas a la permanencia y el avance académico de los y las adolescentes.
Asimismo, evidencia que las situaciones de inasistencia y rezago tienden a concentrarse en hogares donde se combinan pobreza, menor escolaridad adulta y climas educativos bajos. Estas dimensiones materiales y educativas interactúan entre sí, configurando entornos en los que las trayectorias escolares resultan más frágiles, incluso en un contexto local que, en promedio, presenta indicadores más favorables que el conjunto del país.
«Los niños y adolescentes, en términos generales, siempre son los más pobres dentro de los pobres. Acá también pasa eso: 4 de cada 10 niños están en situación de pobreza. El 40% en situación de indigencia», relató Ianina Tuñón.
El análisis de la brecha de pobreza por ingresos en Mar del Plata muestra que no es un efecto coyuntural y de ello se señalan como principales conclusiones que:
– Se ubica en promedio en 14 puntos porcentuales, lo que equivale a un 40% más de pobreza relativa en niños, niñas y adolescentes.
– Presenta una estacionalidad semestral clara.
– Es sensible a las crisis económicas, con picos en la pandemia y la crisis de 2023.
– No se observa convergencia hacia la población general: la brecha se mantiene a lo largo del tiempo.
– Su comportamiento es consistente con lo que sucede en otros países, aunque en contextos con mayor protección social la brecha es menor.
«Avanzamos cada vez más en la escolarización, 7 de cada 10 adolescentes terminan la secundaria, pero nos preguntamos con qué calidad, qué competencias de lectoescritura, de ciencias, tienen los chicos. Vemos mucho déficit en la calidad en términos de procesos básicos de alfabetización. La Provincia tiene mucha desigualdad social, Mar del Plata también, y en ese sentido ponemos en foco a la infancia y adolescencia. Con la merma de la tasa de natalidad vamos a tenerlos como bien escaso y tiene que ser la oportunidad para que sociedades con amplia clase media como Mar del Plata inviertan en esa infancia«, sumó la coordinadora.
Por último, los profesionales consideraron que el desafío a futuro tiene que ver con «bajar la pobreza y mejorar las oportunidades para los chicos en el ámbito de la salud y la educación. No garantizamos calidad sino que hacemos transferencia de ingresos que son paliativos para los hogares, pero no son suficientes ni garantizan el desarrollo de las capacidades de la infancia para que se integren mejor que sus padres a la sociedad«.
Fuente: Mi8






