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Estudio del Conicet: El 28% del filet de pescado que se vende en Necochea no es la especie indicada por los comercios

Estudios realizados por un grupo de expertos conformados por biólogos del Conicet y la Universidad Nacional de Mar del Plata, detectaron que en la Costa Atlántica se vende, en promedio, un 21 por ciento de filet de pescado que no corresponde a lo que indica la etiqueta en los comercios.

Puntualmente, en Necochea el promedio es más alto según los científicos: En nuestra localidad se determinó que el 28 por ciento del pescado vendido al por menor no corresponde a la especie que indican en los comercios.

Según el estudio, los comerciantes hacen pasar especies de menor valor como si fueran las más caras y, peor aún, la mayoría de las sustituciones involucran a variedades de peses que están siendo amenazados de extinción.

Las especies que más comúnmente se usan para sustituir a otras son peces cartilaginosos, es decir, tiburones, rayas y pez gallo o elefante, ya que fueron usadas en más del 60% de los reemplazos.

La investigación se llevó adelante en toda la costa de la Provincia de Buenos Aires, donde se realiza el mayor desembarque pesquero de nuestro país. Las localidades con el porcentaje más bajo de sustituciones fueron Santa Teresita y San Clemente del Tuyú. Fue en la vecina localidad de Miramar donde se encontró el número más alto: el 40 por ciento.

En las ciudades más grandes de la costa como Mar del Plata y Necochea, las tasas de reemplazo fueron de 25 y 28%, respectivamente.

Cómo se realiza el estudio:
Hasta hace unos años, era imposible determinar la especie de la que proviene un producto pesquero del que se han retirado todas las características morfológicas útiles para diagnosticar una especie, como un filet de pescado.

Pero actualmente, la técnica conocida como “código de barras genético” permite identificar con precisión la especie de la que proviene una muestra de identidad desconocida. Esta técnica se basa en determinar, en la muestra problema, la secuencia de un gen que varía entre especies, y compararlo con las secuencias provenientes de muestras ya conocidas.

“En este trabajo aplicamos la técnica del código de barras genético para establecer de qué especie provienen los filets vendidos en las pescaderías de la costa atlántica y si se corresponden con lo que a la gente le dicen que le están vendiendo”, indica Gabriela Delpiani, quien lideró el trabajo publicado hoy en la revista científica Fisheries Research.

Junto con Delpiani, los autores del estudio fueron los doctores Matías Delpiani, Mariana Deli Antoni, Marina Covatti, Luciana Fischer y Juan Martín Díaz de Astarloa, del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC) del Conicet y la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Luis Lucifora, del Instituto Nacional de Limnología (INALI), dependiente del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral.

Especies que se utilizan:
Además de detectar una alta tasa de reemplazo, encontraron que las especies que más comúnmente se usan para sustituir a otras son peces cartilaginosos, es decir, tiburones, rayas y pez gallo o elefante, ya que fueron usadas en más del 60% de los reemplazos.

Varias especies de peces cartilaginosos fueron vendidas como atún, que fue la especie más sustituida, y también como abadejo, pez palo o pescadilla, entre otros. “Es preocupante que se vendan peces cartilaginosos con otros nombres porque estos peces tienen un alto riesgo de extinción. De hecho, las especies que detectamos que se usan como sustitutas se encuentran todas amenazadas y algunas han disminuido drásticamente en Argentina”, agrega Delpiani.

La comercialización de tiburones y rayas bajo otros nombres abre la puerta al comercio de especies prohibidas, como los grandes tiburones, cuyo desembarque está prohibido en todos los puertos argentinos.

El principal motivo para realizar sustituciones parece ser el fraude económico, ya que en la mayoría de los casos se utilizaron especies de menor valor comercial como reemplazo de especies más caras. Filets etiquetados como atún, lenguado, abadejo, chernia, brótola o besugo, consistían en realidad de tiburones, rayas, pez gallo, mero, pescadilla o castañeta, respectivamente; todas estas de menor precio que las especies que figuraban en la etiqueta. En proporción mucho menor, se observaron casos de mal-etiquetado accidental, que pueden explicarse por la semejanza morfológica de las especies involucradas.

Los resultados de esta investigación indican la necesidad de estandarizar los nombres de productos pesqueros en Argentina.

Según Delpiani, “Las autoridades correspondientes deberían hacer pública la lista oficial de nombres de productos pesqueros, y controlar que se use. Estas listas, empleadas en muchos países, son herramientas muy útiles para combatir el mal-etiquetado porque evitan la proliferación de nombres inventados y homogenizan los nombres de los productos entre comercios”.

Fuente: diario4v.com

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