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Un contraste alarmante: por cada dólar invertido en proteger la naturaleza se gastan 30 en destruirla

El informe Estado de la financiación para la naturaleza 2026, presentado por la ONU y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), revela una paradoja contundente: por cada dólar invertido en proteger la naturaleza, se gastan 30 en actividades que la destruyen.

Los flujos financieros perjudiciales para los ecosistemas superan los 7 billones de dólares anuales, mientras que las inversiones positivas apenas alcanzan 220.000 millones, de los cuales casi el 90% proviene de fondos públicos.

Este desequilibrio refleja una incoherencia estructural en la economía global: mientras se destinan recursos a soluciones ambientales, se multiplican las inversiones y subsidios que favorecen la degradación de los ecosistemas.

Sectores responsables del daño

El informe identifica a varios sectores como los principales responsables de este impacto negativo:

  • Servicios públicos e industria en general.
  • Empresas de energía y materiales básicos, especialmente vinculadas a combustibles fósiles.
  • Sectores beneficiados por subvenciones dañinas: agricultura intensiva, transporte, construcción y gestión del agua.

Estas subvenciones refuerzan prácticas que aceleran la pérdida de biodiversidad y dificultan la transición hacia modelos sostenibles.

Un llamado a la reforma financiera

La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, sintetizó el dilema:

“O invertimos en la destrucción de la naturaleza o impulsamos su recuperación, no hay término medio”.

La ONU subraya que una reforma financiera global es la herramienta más poderosa para reorientar los mercados hacia un futuro sostenible. El informe insiste en que seguir el rastro del dinero permite dimensionar el reto y comprender la urgencia de modificar las reglas de juego.

proteger la naturaleza
Proteger la naturaleza es crucial en un mundo donde se gasta 30 veces más en destruirla.

Ejemplos de soluciones viables

El documento no se limita a denunciar el desequilibrio, también propone un “gran cambio en la naturaleza”, destacando iniciativas que ya funcionan y son económicamente viables:

  • Ecologizar zonas urbanas para reducir las islas de calor y mejorar la calidad de vida.
  • Integrar la naturaleza en infraestructuras viarias y energéticas, reduciendo impactos ambientales.
  • Producir materiales de construcción con emisiones negativas, contribuyendo a la descarbonización.

Estas soluciones demuestran que es posible combinar desarrollo económico con protección ambiental, siempre que las inversiones se orienten en la dirección correcta.

Un camino hacia la transición

El estudio plantea la necesidad de:

  • Eliminar gradualmente las subvenciones dañinas y las inversiones destructivas.
  • Aumentar las inversiones positivas para la naturaleza, que no solo protegen ecosistemas, sino que también fortalecen la resiliencia social y económica.
  • Reorientar los flujos financieros hacia proyectos que integren la sostenibilidad como eje central.

El informe deja claro que el mundo enfrenta una disyuntiva crítica: seguir financiando la destrucción o apostar por la recuperación de la naturaleza.

La proporción actual —30 a 1— muestra la magnitud del reto, pero también la oportunidad de reorientar los recursos hacia soluciones que beneficien tanto al planeta como a la economía global.

La transición hacia un modelo financiero sostenible no es solo una cuestión ambiental, sino también una estrategia para garantizar un futuro viable para las próximas generaciones.

Fuente: Noticias Ambientales

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