Especialistas advierten que la enfermedad renal crónica es una patología silenciosa que afecta a millones de personas y destacan la importancia del control y la detección temprana.
La enfermedad renal crónica (ERC) afecta a cerca del 10% de la población adulta en Argentina y una proporción importante de las personas que la padecen desconoce su diagnóstico. A nivel global, esta patología alcanza a uno de cada diez adultos, lo que representa más de 850 millones de personas.
En el marco del Día Mundial del Riñón, especialistas alertaron sobre el crecimiento de esta enfermedad y remarcaron la importancia de fortalecer las estrategias de prevención y detección temprana.
La ERC es considerada una enfermedad silenciosa. Puede avanzar durante años sin manifestar síntomas claros y, en muchos casos, se detecta cuando el daño renal ya se encuentra en etapas avanzadas. En esas circunstancias, los pacientes pueden requerir tratamientos como diálisis o incluso un trasplante renal.
El doctor Mariano Forrester, integrante del Servicio de Nefrología del Hospital Británico, explicó que la enfermedad renal crónica se ubica entre las principales causas de muerte en el mundo y las proyecciones indican que podría convertirse en una de las cinco primeras hacia el año 2040.
El especialista indicó además que más del 60% de los casos están asociados a enfermedades muy frecuentes como la diabetes y la hipertensión arterial. En ese contexto, destacó que la detección temprana resulta clave para evitar el avance del daño renal.
Según detalló, estudios simples como la medición de creatinina en sangre y el análisis de albuminuria en orina permiten identificar alteraciones en la función renal en etapas iniciales y adoptar medidas que frenen la progresión de la enfermedad.

Por su parte, la médica clínica Viviana Cantarutti señaló que el Día Mundial del Riñón busca generar conciencia sobre la importancia de la salud renal. “La mayoría de las enfermedades renales avanzan de manera silenciosa y en sus etapas iniciales no suelen dar síntomas, por eso el chequeo es fundamental”, explicó.
La especialista agregó que presentan mayor riesgo de desarrollar enfermedad renal las personas con diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardíacas o antecedentes familiares de insuficiencia renal.
Prevención y nuevos tratamientos
Los especialistas remarcan que una parte importante del daño renal puede prevenirse o retrasarse con hábitos saludables. Entre las principales recomendaciones se encuentran mantener un peso adecuado, realizar actividad física de manera regular, controlar la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre, evitar el consumo de tabaco y no automedicarse.
En particular, advierten sobre el uso indiscriminado de antiinflamatorios, que puede generar daño en la función renal cuando se utilizan sin supervisión médica.
En los últimos años también se registraron avances relevantes en los tratamientos disponibles. Entre ellos se destacan las terapias con inhibidores SGLT2, que demostraron reducir la progresión del daño renal y el riesgo cardiovascular, incluso en pacientes que no padecen diabetes.
También se amplió el uso de antagonistas no esteroideos del receptor mineralocorticoide, medicamentos que contribuyen a proteger la función renal. A estos avances se suman nuevas estrategias de manejo integradas que abordan de manera conjunta los factores cardiovasculares, renales y metabólicos.
En paralelo, la nefrología también avanza en mejoras en los sistemas de diálisis. Estas innovaciones buscan optimizar el uso de recursos, reducir el impacto ambiental de los tratamientos y mejorar la eficiencia energética de los equipos.
Los especialistas coinciden en que el principal desafío sigue siendo la detección temprana. “Cuidar los riñones es cuidar todo el organismo. La prevención empieza con un control”, subrayó Cantarutti.
Fuente: Mi8






