En diálogo con «Ecos de Mañana», programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, Ricardo Iacub, Doctor en Psicología Especialista en Psicología de la Vejez, analizó los recientes hechos de violencia ocurridos en geriátricos.
El maltrato a dos adultas mayores filmado en un geriátrico marplatense reabrió el debate sobre las condiciones en las que viven las personas mayores en residencias de larga estadía. El doctor Ricardo Iacub, titular de la cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la UBA e investigador en la Universidad Nacional de Mar del Plata, advirtió en LU9 que el episodio expone algo más profundo que un agresor aislado: se trata, dijo, de «una institución violenta a veces por en sí misma», donde el hacinamiento y la falta de cuidados especializados golpean a la parte más frágil de la población.
Para el especialista, el caso no puede leerse solo como la conducta de «una bestia» que le agrega «un toque tan aberrante» a la escena, sino como el síntoma de un sistema que naturaliza que un adulto mayor pase, sin haber cometido ningún delito, «de una casa a vivir en una especie de barraca». En esa línea, fue categórico: sostuvo que ni en las cárceles ocurren cosas semejantes.
Qué pasó en el geriátrico de Mar del Plata
El hecho que originó el debate ocurrió el lunes pasado, después de las 19, en el geriátrico ubicado sobre la calle Deán Funes al 1700. Todo se descubrió cuando los familiares de las ancianas advirtieron las lesiones que presentaban y dieron aviso a la responsable del establecimiento, que revisó las cámaras internas y radicó la denuncia en la Comisaría 1ª.
En las imágenes se observa al empleado, identificado como Nicolás Cichero, de 37 años, obligando a comer por la fuerza a las residentes, golpeándolas con una cuchara y profiriendo insultos y amenazas de muerte, según consta en la causa. El expediente, caratulado en un principio como «lesiones leves», pasó a la órbita del fiscal Carlos Russo tras conocerse que una de las víctimas habría perdido dos piezas dentales. El acusado fue aprehendido y luego recuperó la libertad, y transitará el proceso en esa condición.
En paralelo, el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires dispuso la clausura transitoria del geriátrico al detectar que no había renovado su habilitación, pese a haber sido intimado en una inspección del 12 de marzo.
“Una institución violenta a veces por sí misma”
Iacub puso el eje en las condiciones estructurales antes que en el agresor. Describió que en la residencia había «una especie de espacio común» donde dormían más de diez personas en un mismo lugar, muchas veces con situaciones muy distintas entre sí. «Convive gente que está lúcida y quizás tiene un problema habitacional con alguien que tiene una demencia muy profunda», planteó, y remarcó que ese esquema «no le viene bien ni a uno ni a otro».
El especialista subrayó que la vejez es «un grupo muy heterogéneo» y que no debería alojarse bajo un mismo formato a personas con realidades opuestas. «Un viejo y otro viejo no tienen por qué ser iguales más que por haber transcurrido una cantidad de años de vida», señaló, para insistir en la necesidad de distinguir quién es cada persona mayor y qué tipo de cuidado requiere.
El personal, la formación y la ley
Consultado sobre cómo evitar estos hechos, Iacub apuntó a la capacitación de quienes trabajan en las residencias. Reclamó «gente con mucha más formación y más cuidados», sobre todo cuando se atiende a personas con demencia o deterioro cognitivo que «no pueden defenderse por sí mismas». Alertó que, si las víctimas presentan ese tipo de dificultad, «probablemente ni siquiera lo puedan expresar», por lo que insistió en la importancia de revisar y controlar los daños físicos.
También señaló un vacío normativo. Advirtió que muchas veces «las propias legislaciones, que son más municipales que provinciales o nacionales, no terminan de proteger claramente» y sostuvo que una residencia debería estar regulada «primero a nivel nacional», con objetivos definidos: «Si no tenés claros los objetivos, nunca podés tener en claro una institución».
La crítica al sistema: PAMI, lo económico y la indiferencia
El psicólogo reconoció que la variable económica es «fundamental» y que muchas veces se lleva a una persona «a un lugar que no está del todo bien» porque no alcanza el dinero o porque las políticas públicas de PAMI o IOMA no permiten otra cosa. Sobre la cobertura estatal, fue crítico: afirmó que «el PAMI cayó de una manera tremenda» en materia de prestaciones.
Iacub evitó centrar la discusión en la búsqueda de culpables inmediatos, pero pidió que haya responsables y que el tema no se diluya. Recordó que, cuando se incendiaban residencias de larga estadía, había «toda una especie de impacto» social que después se apagaba. «Nos impacta en el momento que lo vemos, pero parece que nos podemos olvidar rápidamente», lamentó, y describió esa lógica como «lo más trágico que nos sucede».
Sobre la liberación del agresor, cuestionó la carátula: dijo haber leído que quedó «suelto de vuelta» porque las heridas se consideraron leves, pero remarcó que «no es una herida leve», sino «un perverso que está metido en una institución y que está violentando a una persona». Para el especialista, hay «una perversión en el sistema» que no termina de entender cómo se debe cuidar.
Dignidad, intimidad y la responsabilidad de las familias
Iacub introdujo la cuestión de la dignidad y la intimidad. Comparó las condiciones locales con las europeas, donde «no permiten» habitaciones de más de tres o cuatro personas y se privilegian cuartos individuales o dobles. «Una persona no puede vivir en una barraca», repitió, y se preguntó qué idea tiene la sociedad sobre lo que necesita un adulto mayor, incluso con deterioro cognitivo: «¿Que no tiene más derecho a la intimidad, al pudor?».
En ese punto, interpeló también a las familias. Sostuvo que existe «un derecho de los padres y de los hijos al cuidado» y que esa obligación se mantiene más allá de la historia personal. Advirtió que se trata de «la parte más frágil, más vulnerable» de la población mayor y que, si no se la cuida adecuadamente, se está frente a «una sociedad miserable», como ocurrió en su momento con los neuropsiquiátricos.
Hacia residencias dignas: teleasistencia, viviendas protegidas y objetivos claros
Lejos de proponer eliminar las residencias, Iacub planteó un abanico de alternativas según el grado de autonomía de cada persona. Para quienes están bien pero solos, mencionó la teleasistencia, que permite «vivir en la casa el mayor tiempo posible». En un segundo escalón ubicó las viviendas protegidas —edificios donde cada uno tiene su departamento pero cuenta con acompañamiento ante una emergencia—, un modelo que, recordó, el PAMI impulsó en la Argentina en los años 80.
Recién como último paso, para casos de discapacidad severa, ubicó a las residencias, que «podrían ser lugares dignos». Destacó que en Mar del Plata «hay muchos lugares dignos y muy buenos, que atienden con respeto» y valoró que en el país «se mejoró muchísimo la calidad de las residencias». Aun así, marcó condiciones: que las personas sean bien tratadas, que puedan salir y que la familia las lleve a pasear, porque la residencia «no es el último espacio».
Por último, definió qué debería ser una residencia: un lugar «lleno de actividades» con musicoterapeutas, psicólogos y gimnasia, capaz de sostener la salud, la dignidad y las ganas de vivir. «No es un depósito, tiene que ser un lugar con un objetivo», resumió. Y cerró con una síntesis de su postura: «No tenemos que sacarlos; al contrario, hacen falta. Pero sí tenemos que dignificarlos».
Fuente: LU9






