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Pymes argentinas: volver a la realidad después de la euforia mundialista

La euforia del Mundial quedó atrás y las pymes vuelven a enfrentar una realidad marcada por la caída del consumo, los costos elevados y las dificultades para acceder al crédito. El desafío es transformar la estabilidad macroeconómica en producción, inversión y empleo para sostener al entramado productivo argentino

Los festejos por cada una de las históricas remontadas de la Scaloneta durante su camino hacia la final del Mundial 2026, ofrecieron una especie de respiro emocional a millones de argentinos que día a día luchan por salir adelante en esta Argentina sumergida en una crisis que no parece tener techo.

Pero la euforia no paga sueldos, no abre persianas ni sostiene fábricas. Aunque en junio las ventas minoristas pyme crecieron apenas un 0,9% interanual, el semestre cerró con una caída acumulada del 2,5%, la producción industrial pyme retrocedió y empresarios de todo el país coinciden en que la estabilidad macroeconómica, por sí sola, no alcanza para generar empleo ni desarrollo. Los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y los diagnósticos de referentes industriales muestran una realidad que exige dejar de mirar las planillas y volver a escuchar lo que ocurre en la calle.

Durante algunas semanas los argentinos volvimos a abrazarnos. El Mundial nos regaló una alegría inmensa, una de esas que hacen olvidar, aunque sea por un rato, las preocupaciones cotidianas. Los comercios se llenaron de camisetas, banderas y televisores encendidos. Las calles recuperaron una energía que no se veía desde el Mundial de Qatar.

Pero los mundiales terminan. Y la realidad vuelve. Esa realidad es la que vemos todos los días quienes recorremos la provincia de Buenos Aires y conversamos con dirigentes de más de 250 cámaras empresarias que integran la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA). No hablamos desde un escritorio, recorremos las calles, ciudades y pueblos y recibimos de primera mano el sentir de los comerciantes y empresarios, que ya no saben cómo sostener sus negocios y fábricas; que postergan inversiones; y que no pueden sostener a sus empleados.

Es cierto que junio dejó el ya mencionado dato positivo acerca de las ventas minoristas, que cortaron trece meses consecutivos de caídas. Pero sería un grave error confundir un alivio coyuntural con una recuperación genuina. El propio informe de CAME explica que ese resultado estuvo impulsado principalmente por el pago del aguinaldo y el efecto extraordinario del Mundial. De hecho, respecto de mayo las ventas retrocedieron 1,3% y el primer semestre terminó con una caída acumulada del 2,5%.

Quienes recorremos los centros comerciales sabemos que el problema sigue siendo el mismo: hay menos consumo, menos circulación de dinero y una enorme incertidumbre sobre el futuro.

La macroeconomía puede mostrar señales alentadoras. Nadie discute el valor de combatir la inflación, ordenar las cuentas públicas o generar previsibilidad. Pero cuando esa estabilidad no llega a la economía real; cuando no se traduce en producción, inversión y empleo, deja de ser una solución completa para convertirse apenas en una condición necesaria.

El crecimiento económico actual está concentrado en sectores como la minería, el petróleo y el agro; mientras buena parte de la industria, el comercio y la construcción continúan retrocediendo. La economía puede crecer en las estadísticas y, al mismo tiempo, miles de pymes pueden seguir perdiendo competitividad y empleo.

Eso es exactamente lo que escuchamos en cada reunión con nuestras cámaras. Las empresas enfrentan una combinación extremadamente compleja: caída del consumo, apertura comercial acelerada, costos financieros elevados, presión impositiva persistente y enormes dificultades para acceder al crédito productivo.

La pyme argentina no pide privilegios. Pide reglas claras, financiamiento razonable, igualdad de condiciones para competir y políticas que comprendan que producir en Argentina sigue siendo mucho más costoso que en la mayoría de los países con los que hoy debe competir.

Cuando una pyme baja la persiana no desaparece solamente una empresa. Se pierde empleo local, se rompe una cadena de proveedores, se debilita una comunidad. En muchos pueblos del interior bonaerense, la pyme no es solamente una unidad económica, es el principal sostén del tejido social.

Por eso preocupa que muchas decisiones económicas se evalúen únicamente desde indicadores financieros. La verdadera economía sucede en los parques industriales, en los comercios de barrio, en los talleres metalúrgicos, en las cooperativas, en las economías regionales y en los emprendedores que todos los días vuelven a abrir sus puertas aun cuando las cuentas no cierran.

Desde FEBA creemos que la Argentina necesita una agenda que incentive la inversión privada, alivie la carga tributaria sobre quienes producen, facilite el acceso al financiamiento, promueva la incorporación de tecnología, fortalezca las cadenas de valor nacionales y acompañe especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que representan cerca del 99% del entramado empresario argentino y generan la mayor parte del empleo privado formal.

Con el Mundial volvimos a emocionarnos como país. Ahora necesitamos recuperar otra ilusión: la de saber que quien invierte, produce, trabaja y genera empleo tiene futuro en la Argentina. Porque sin pymes no hay desarrollo; y sin producción no hay empleo.

Presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA)

Fuente: ámbito

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