En qué puesto quedó el país dentro del ranking global de complejidad empresaria según TMF Group. Cómo influyen los costos y las regulaciones sobre las empresas.
Argentina volvió a ubicarse entre los países más complejos del mundo para hacer negocios. Así lo reflejó la edición 2026 del Global Business Complexity Index (GBCI), el informe elaborado por TMF Group que analiza 81 jurisdicciones que representan más del 90% del PBI mundial y evalúa las dificultades regulatorias, fiscales y operativas que enfrentan las empresas.
El país escaló del puesto 11 al 9 en el ranking global y quedó nuevamente dentro del “Top 10” de mercados más complejos para invertir y operar. El estudio detectó un escenario marcado por cambios normativos frecuentes, elevada carga administrativa, costos crecientes de compliance y secuelas de años de controles cambiarios y restricciones operativas.
La investigación tomó 292 indicadores vinculados con contabilidad, impuestos, gestión societaria, regulación laboral y administración corporativa. El objetivo no pasa por medir únicamente atractivo económico, sino también el costo real de cumplir con las reglas de cada país.
En el otro extremo quedaron Dinamarca, Hong Kong y Países Bajos, señalados como algunos de los mercados más simples y previsibles para hacer negocios gracias a sistemas regulatorios estables, digitalización consolidada y menores cargas operativas.
América Latina volvió a mostrar uno de los cuadros más complejos del mundo. Seis de los 18 países relevados en la región aparecieron dentro de los diez mercados más difíciles para operar: México, Brasil, Colombia, Bolivia, Perú y Argentina.
El peso de la incertidumbre normativa
El informe de TMF Group ubicó a la volatilidad regulatoria como uno de los principales problemas estructurales del caso argentino. La frecuencia de los cambios normativos, las reinterpretaciones constantes y la superposición de reglas generan mayores costos para empresas locales y extranjeras.
Jorge Sodano, Country Head de TMF en Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, señaló que el principal problema no pasa únicamente por la presión tributaria o la burocracia, sino por la falta de previsibilidad.
“Lo que más pesa es la frecuencia con la que cambian las reglas. Eso encarece el cumplimiento, obliga a rehacer procesos y desalienta decisiones de largo plazo”, explicó.

Fuente: TMF Group
Según Sodano, la complejidad argentina surge de varios factores que se superponen. Entre ellos aparecen la volatilidad regulatoria, la carga administrativa asociada al compliance y parte de la estructura fiscal y laboral heredada de los últimos años.
El ejecutivo sostuvo además que comenzaron a aparecer señales de cambio a partir de las reformas impulsadas por el Gobierno: “El posicionamiento de Argentina coincide con un momento de transformación profunda. Las reformas de desregulación, apertura cambiaria y simplificación administrativa empiezan a sentar bases para un entorno más competitivo”.
TMF Group también remarcó que instrumentos como el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) empezaron a mejorar la percepción de algunos inversores internacionales, especialmente en sectores vinculados con energía, minería, infraestructura y economía del conocimiento.
“El RIGI introduce estabilidad fiscal, reglas claras y previsibilidad de largo plazo para proyectos de escala. Eso resulta muy valorado por inversores internacionales”, señaló Sodano.
Sin embargo, aclaró que el efecto todavía luce parcial porque los rankings internacionales no reflejan anuncios, sino sistemas que funcionan de manera sostenida.
Dijo: “El GBCI mide estabilidad operativa en el tiempo, no procesos de transición. Por eso la Argentina todavía aparece como un mercado complejo”.
Más controles, mayores costos y un escenario global más incierto
El informe de TMF Group también advirtió que la complejidad empresaria ya no responde únicamente a factores locales. La creciente fragmentación geopolítica, los cambios en las reglas comerciales y el avance de nuevos requisitos de compliance comenzaron a elevar los costos operativos a nivel global.
El reporte señaló que muchas compañías debieron modificar sus estructuras para adaptarse a un escenario más exigente. Según el estudio, el 69% avanzó con esquemas de subcontratación, el 59% redujo personal, el 55% cerró oficinas o sucursales y el 51% congeló contrataciones frente al aumento de la incertidumbre regulatoria.
“La fragmentación política global y la dispersión económica están llevando a las empresas a incorporar más jurisdicciones en sus cadenas de suministro, lo que incrementa la complejidad de su gobernanza”, afirmó Mark Weil, CEO de TMF Group.
El ejecutivo sostuvo además que los inversores internacionales ya no buscan únicamente mercados atractivos desde el punto de vista económico, sino también previsibilidad regulatoria y estabilidad operativa.
Dentro de ese escenario, Argentina aparece especialmente afectada por el peso de los cambios normativos permanentes.
“La carga impositiva y la dificultad operativa existen en otros países comparables. Lo que vuelve más complejo al caso argentino es la frecuencia y la imprevisibilidad con la que cambian las reglas”, explicó Sodano.
Según el ejecutivo, esa situación obliga a las empresas a reconfigurar procesos internos, modificar estructuras y reinterpretar normas de manera constante, lo que eleva costos y desalienta decisiones de largo plazo.
La digitalización que no logra simplificar
Uno de los aspectos más llamativos del informe apareció en torno a la digitalización. Aunque gran parte de las jurisdicciones relevadas sostuvo que la tecnología reduce complejidad operativa, Sudamérica mostró uno de los niveles más bajos de percepción positiva.

Fuente: TMF Group
El reporte señaló que en muchos mercados complejos, como Argentina, la digitalización se superpone con procesos tradicionales en lugar de reemplazarlos. Eso genera una doble carga administrativa para las empresas.
En el país conviven facturación electrónica, libros digitales y sistemas online con validaciones manuales, certificaciones físicas, controles cruzados y trámites presenciales.
“Muchas operaciones ya se inician de forma digital, pero todavía requieren instancias físicas o procesos largos. Eso suma fricción en lugar de reducirla”, explicó Sodano.
El fenómeno aparece principalmente en áreas tributarias, laborales y societarias. Según TMF Group, los sistemas digitales crecieron, pero gran parte de la estructura burocrática tradicional siguió vigente.
El informe también detectó una tendencia creciente hacia mayores exigencias de control estatal. En 2026, el 58% de las jurisdicciones exigió facturación electrónica para al menos parte de las empresas, frente al 38% registrado en 2020.
A eso se sumaron nuevos mecanismos de supervisión, contabilidad electrónica y mayores requisitos de compliance corporativo.
“El fortalecimiento de controles incrementa las exigencias de cumplimiento para las compañías, incluso en mercados donde la digitalización avanza”, sostuvo el reporte.
Oportunidades en medio de la complejidad
A pesar del escenario adverso, TMF Group consideró que Argentina todavía conserva atractivo para determinados perfiles de inversores.
El informe destacó sectores vinculados con energía, minería, infraestructura, agroindustria y economía del conocimiento, especialmente para compañías con visión de largo plazo y experiencia en mercados complejos.
“Argentina no es hoy un mercado para quien busca simplicidad inmediata, pero sí para quienes entienden que las transiciones generan ventanas de entrada atractivas”, señaló Sodano.
El ejecutivo remarcó que las multinacionales con estructuras regionales sólidas y equipos especializados en compliance pueden absorber mejor la complejidad inicial y posicionarse antes de una eventual mejora estructural.
También sostuvo que el verdadero desafío argentino pasa menos por reducir impuestos puntuales y más por construir estabilidad regulatoria duradera.
Explicó: “Cuando las reglas se estabilizan, la carga operativa se vuelve gestionable y los impuestos pasan a ser un factor económico más, no un elemento de incertidumbre estructural”.
Según TMF Group, una eventual salida de Argentina del “Top 10” de países más complejos no llegará de inmediato. El reporte planteó que los cambios en percepción internacional suelen requerir varios años de estabilidad, continuidad política y consolidación institucional.
“El foco no debería estar en el ranking en sí mismo, sino en construir condiciones sostenibles para modificarlo. Si el rumbo actual se sostiene, Argentina puede mejorar gradualmente su posicionamiento global”, concluyó Sodano.
Fuente: Ámbito






