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De fotógrafo de Hazmerreír, la Chocobanda y GAP a OnlyFans: el increíble camino de Rubén Calvo

A Rubén Calvo siempre le gustó la fotografía. Intentó varias veces formarse en su Córdoba natal, pero por distintas circunstancias no pudo completar los cursos y carreras. Cuando avanzaba en la carrera de Diseño y Producción de Imágenes tuvo que empezar a trabajar y allí quedó trunco su sueño. Ya radicado en Mar del Plata fue su esposa la que le insistió para comprarse una máquina de fotos y realizar algún curso.

Así fue que se formó con Raúl Penna y, por hobby, comenzó a hacer fotos de espectáculos. Colaboró con la Chocobanda y luego se dedicó a los recitales. Cuando su sueño empezaba a convertirse en algo concreto un fenómeno inesperado volvió a truncarlo: la pandemia.

«Cerró todo, no había recitales, no había nada«, cuenta Rubén a Mi8. Pero esta vez no esperó años para retomarlo: una chica lo contactó para que le haga fotos eróticas. Así descubrió una nueva industria: la fotografía erótica. Y le permitió, sólo en octubre de este año, hacerles fotos a más 15 chicas que venden el contenido a través de la plataforma OnlyFans.

Una mañana Rubén fue a su carnicería habitual y el dueño del local le habló a otro de sus clientes de confianza que coincidió con el fotógrafo en el local. «Este es un genio. Rubén, contale de qué laburás…». El fotógrafo de 48 años relató que desde hace algunos años se dedica a hacer fotos eróticas, pero a todos los que le preguntan les aclara lo mismo: «Todos se piensan que es un paraíso. Pero es un trabajo. Hay días que salgo a las 8 de la mañana y vuelvo a las 8 de la noche. Y estoy todo el tiempo con una máquina que pesa dos kilos«.

LOS INICIOS

Cuando llegó a Mar del Plata Rubén comenzó a trabajar en una reconocida empresa de servicios, en la que todavía sigue. Sin embargo, por impulso de su esposa, decidió adentrarse en el mundo de la fotografía.

Así comenzó a ir a distintos lugares a hacer fotos. Como desde chiquito le gustaba el circo, se acercó a Hazmerreír, la compañía fundada por Juan Rey. «Les hice fotos, se las di a Juan y seguí haciendo. Siempre como hobby», dice. Así llegó a la Chocobanda y también se ocupó de hacerles las fotos en cada presentación.

Un día, un productor musical lo llamó para hacer fotos en Abbey Road y así en 2017 cubrió su primer recital: Tambó Tambó. Estuvo casi un año registrando todos los recitales del local de la avenida Juan B. Justo, pero la paga no era buena por lo cual decidió no seguir.

Un programa de radio lo volvió a meter en el ruedo: Maldita Radio. Era un radioescucha activo y les hizo fotos (también por hobby) durante el programa especial que hicieron por los 15 años del ciclo encabezado por Martín Echevarría.

El periodista, muy vinculado al mundo del rock, lo convocó para hacer fotos de recitales en GAP, el tradicional local de Constitución y Ortega y Gasset. «A veces era una vez por semana y en verano era un trabajo de todos los días», recuerda.

Y UN DÍA, PANDEMIA

«Hola, necesito unas fotos en ropa interior. ¿Te animás a hacérmelas?», le preguntó una joven a Rubén. Él le reconoció que nunca había hecho, pero que tenía los equipos necesarios. «Probamos a ver si a mí me gusta el trabajo y me siento cómodo y si vos te sentís cómoda y te gustan las fotos. Si nos gusta vemos y si no cada cual sigue su camino», le respondió.

La experiencia dejó conformes a ambos y a los 10 días hicieron otra sesión. Pero hasta ese momento, Rubén no sabía siquiera que existía la posibilidad de que la gente pague por ese tipo de contenidos.

–¿Che, si hacemos las fotos y las vendemos?- le propuso otra conocida.

-¿Vendérselas a quién?-le preguntó Rubén.

–Las subimos en una página y la gente las compra– le insistió.

–Vos me decís que la gente paga por fotos de chicas así– repreguntó incrédulo.

Pronto descubrió que la gente pagaba. Y bien.

WEBS, TELEGRAM Y CAFECITO

Rubén llegó al dueño de una página que vendía fotos eróticas quien le pidió que le mandara las fotos que tenía hechas. Así le propuso a su conocida si se animaba a dar un paso más y poner a la venta esas fotos. «A ella le encantó la idea. Pero no teníamos fotos de desnudo, sólo en lencería. Así que hicimos una nueva sesión y ahí arrancamos los dos», recuerda.

Rubén y la joven cobraban un porcentaje de las ganancias. Pero con la pandemia definitivamente instalada en el mundo tuvieron que ingeniárselas para poder hacer las sesiones. «La ventaja es que éramos solo dos personas y estábamos a dos o tres metros de distancia. Así lo pudimos resolver», explica.

Con sus primeros pasos en el mundo de la fotografía erótica, Rubén comenzó a conocer cada vez más chicas que estaban interesadas en ganar algo de plata a través de ese tipo de fotografías. Y Rubén comenzó a tener cada vez más trabajo. «Había meses que ganaba más cobrando el 30% de las fotos que se vendían que con mi sueldo estable. Y no estaba todo el día trabajando. Te hablo de diez sesiones por mes», detalla.

Cada sesión de fotos eróticas dura alrededor de dos horas. Luego comienza el trabajo de edición. Por eso Rubén se organizaba para tener días en los que hacía tres sesiones seguidas y una semana en la que no hacía fotos.

EL MUNDO DE ONLYFANS

Para ese entonces, apenas había sentido hablar de OnlyFans. Pero a medida que tenía más trabajo comenzaron a surgir nuevas plataformas para vender los contenidos: webs, Telegram, Cafecito, Matecito, Tecito, entre otras.

«Hasta que arranqué con OnlyFans, con una de las pioneras en Mar del Plata que llegó a ganar unos 5 mil dólares al mes con su contenido», cuenta.

Actualmente, Rubén ya no cobra un porcentaje de las ventas. Las jóvenes (en su mayoría son chicas, pero también trabajó con varones) le pagan las sesiones y ellas corren el riesgo en caso de que no se vendan las fotos.

-¿Podrías vivir de esto?– le pregunta Mi8.

-Si dejara mi trabajo tendría más tiempo para hacer sesiones. Pero depende de cómo les vaya a las chicas. Para que te des una idea, hace un tiempo a plata de hoy, un mes gané 700.000 pesos y al siguiente 40.000. Es muy inestable. Algunas chicas hacen una sesión de fotos por semana. Otras hacen una por mes. También varían entre fotos profesionales y caseras. Es muy inestable, depende también de cómo les va.

CADA VEZ MÁS CHICAS

Todavía algunas personas se sorprenden cuando Rubén les cuenta qué hace. Sin embargo, este fotógrafo asegura que cada vez hay más chicas que se dedican a vender contenido erótico. Y muchas de ellas viven exclusivamente de eso.

El último mes, Rubén trabajó con 15 chicas diferentes. «De esas, 6 ó 7 hacen sesiones todos los meses«, dice. Muchas chicas adoptan esto como su trabajo y le dedican muchas horas, no sólo a las fotos, sino a responder mensajes. «Algunas también hacen sexting», aclara.

Después de hacer sus primeras fotos a una chica en ropa interior, hoy Rubén asegura que hace las fotos que le pidan. La fotografía erótica tiene tres categorías: soft, en las que apenas pueden verse los pechos, explícito en las que ya se ven los genitales y hard: «Incluye todo».

El fotógrafo relata que dentro de los morbos lo más habitual que les piden a las jóvenes son imágenes sadomasoquistas. Una de las chicas, por ejemplo, le pidió a él si tenía collar de ahorque de perro para poder usar en una sesión. Otro fetiche habitual son los pies: «Una de las chicas tenía un chino que le pagaba 200 dólares por mes por sesiones de foto de los pies».

EL ROL DE LAS AGENCIAS

El último sábado de octubre, Rubén recibió a una community manager de Uruguay que llegó acompañada por tres chicas para realizar una sesión de fotos. Viajaron en Buquebús hasta la Ciudad de Buenos Aires y de ahí se tomaron un avión a Mar del Plata. Alquilaron una casa en el Bosque Peralta Ramos a través de Airbnb que costaba 130 dólares por día. Se quedaron tres días en la ciudad.

Todos los gastos los cubrió la community que en medio de las extensas jornadas de trabajo llevó a todos a comer a una conocida parrilla de la calle Olavarría. «Se gastó 50 lucas y dijo ‘¡Ay, qué barato!’«.

La joven representa a una de las agencias que trabaja para OnlyFans, que se ocupan de gestionarles las cuentas a las chicas. Rubén sostiene que se quedan con un porcentaje muy alto (entre el 50 y el 70%), pero aclara que después de un tiempo entendió por qué.

«Vos te abrías la cuenta, sacás las fotos y se las mandás a ellos. Ellos seleccionan y lo único que te piden es que hagas tiktoks para aumentar seguidores. Del resto se ocupan ellos y tu cuenta tiene a alguien durante las 24 horas para responder, a cualquier hora responden e invierten en publicidad. Se llevan mucho, pero todo se pagan en dólares y les sirve a todos», explica.

FUENTE: Canal 8 Mar del Plata

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