Cuba atraviesa una de las crisis energéticas más severas de las últimas décadas. Los apagones masivos, la falta de combustible y el deterioro de la infraestructura eléctrica golpean a millones de personas en toda la isla.
Sin embargo, en paralelo, el país comenzó una rápida expansión de proyectos solares que buscan reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Además, la cooperación con China se transformó en una pieza clave para impulsar esta transición. Durante los últimos años crecieron de manera acelerada las importaciones de paneles solares y baterías, mientras se construyen nuevos parques fotovoltaicos en diferentes regiones cubanas.
En ese contexto, especialistas consideran que la crisis actual también podría acelerar un cambio estructural en la matriz energética de la isla, orientado hacia fuentes renovables y menos vulnerables a los conflictos internacionales.

El avance de la energía solar en medio de la emergencia
La estrategia energética cubana contempla la instalación de 92 parques solares antes de 2028. Estos proyectos permitirían incorporar cerca de 2 gigavatios de energía limpia al sistema eléctrico nacional y abastecer a más de 1,5 millones de hogares.
Asimismo, en apenas un año Cuba logró sumar alrededor de 1 gigavatio de capacidad solar instalada. Este crecimiento posiciona al país como uno de los mercados solares de expansión más rápida en América Latina, pese a las dificultades económicas que atraviesa.
Actualmente, cerca de 50 parques solares ya se encuentran operativos en distintos puntos de la isla. Gracias a estas obras, las energías renovables pasaron de representar un 3% de la generación eléctrica en 2024 a rondar el 10% en 2025.
Por otra parte, el gobierno cubano proyecta alcanzar al menos un 24% de generación renovable hacia 2030. El objetivo apunta a disminuir la dependencia petrolera y fortalecer la seguridad energética nacional.
Una red eléctrica deteriorada y una crisis que afecta la vida cotidiana
El sistema energético cubano depende históricamente del petróleo importado. Durante décadas, la isla recibió combustible desde la Unión Soviética y posteriormente desde Venezuela, mediante acuerdos de cooperación regional.
Sin embargo, las restricciones económicas, las sanciones internacionales y la caída de los suministros agravaron la situación. Como consecuencia, en 2025 se registraron varios apagones nacionales que dejaron sin electricidad a millones de habitantes.
Además, los cortes prolongados impactaron sobre hospitales, servicios públicos y actividades productivas. En muchas ciudades, la basura se acumuló en las calles y numerosas familias recurrieron a la leña para cocinar ante la falta de energía.
A esto se suma el envejecimiento de la red eléctrica cubana, que enfrenta problemas estructurales desde hace años y presenta dificultades para responder a la creciente demanda energética.

Los desafíos ambientales y económicos de la transición
Aunque la expansión solar representa una alternativa sustentable, los especialistas advierten que la transición energética cubana todavía enfrenta grandes obstáculos financieros y técnicos.
La instalación de sistemas solares y baterías requiere inversiones multimillonarias. Además, la energía fotovoltaica depende de las condiciones climáticas y necesita infraestructura de almacenamiento para garantizar suministro durante la noche o en jornadas de baja radiación solar.
También persisten dificultades vinculadas al deterioro de las redes de distribución eléctrica. Por ese motivo, muchos analistas consideran que las energías renovables todavía no logran resolver completamente los problemas cotidianos de abastecimiento.
La crisis energética en Cuba y sus consecuencias ambientales
La emergencia energética cubana refleja la vulnerabilidad de los sistemas basados en combustibles fósiles importados. La dependencia petrolera expone a los países a conflictos geopolíticos, aumentos de precios y restricciones comerciales que afectan directamente la calidad de vida de la población.
Además, el uso intensivo de derivados del petróleo incrementa las emisiones contaminantes y contribuye al cambio climático. Frente a ese escenario, las energías renovables aparecen como una herramienta estratégica para reducir emisiones y fortalecer la autonomía energética.
Sin embargo, la transición requiere planificación, inversiones sostenidas y modernización tecnológica. En Cuba, el desafío consiste en combinar la urgencia de resolver los apagones con la necesidad de construir un sistema eléctrico más limpio, resiliente y sustentable para el futuro.
Fuente: Noticias Ambientales






