En ‘Ecos del Día’, programa que se transmite de 17 a 20 horas por LU9 Mar del Plata con Javier Novoa, Victoria, residente de Colima, México, sobre el clima de inseguridad y violencia que se vive en su región, especialmente tras incidentes recientes de narcobloqueos y enfrentamientos.
La ola de violencia en el oeste de México volvió a encender las alarmas en Colima, donde vecinos describen una vida cotidiana atravesada por el miedo y la incertidumbre. Tras la detención de un líder narco en Jalisco, se registraron narcobloqueos, vehículos incendiados y ataques a comercios que alteraron la rutina en varios estados.
«Se sintió como una película del fin del mundo», relató una joven colimense, que describió cómo en pocas horas los negocios cerraron y las calles quedaron casi vacías ante la circulación de versiones cruzadas y mensajes alarmantes en redes sociales.
Un domingo que terminó en caos
El impacto fue inmediato. Según el testimonio, todo comenzó como un domingo habitual, hasta que empezaron a circular mensajes sobre balaceras, incendios y bloqueos en distintas rutas.
La joven contó que «la noticia fue impactante porque domingo uno piensa que es un día normal, te levantás y empezás a ver mensajes de grupos familiares sobre balaceras, incendios, que si atraparon a tal persona, que si era mentira». A esa sobrecarga de información se sumó el temor por la cercanía geográfica con Guadalajara, ubicada a unas dos horas de Colima.
La preocupación creció ante versiones que advertían que los hechos violentos «iban bajando por la carretera» y que había zonas cerradas. Antes del mediodía, muchos comercios ya anunciaban que bajarían sus persianas. «No eran ni las 12 cuando los negocios ya estaban diciendo que iban a cerrar», recordó.
Cómo es vivir en Colima hoy
Colima es uno de los estados más pequeños de México, pero con altos índices de violencia en proporción a su población. En ese contexto, la vida cotidiana se modificó en los últimos años.
La entrevistada aseguró que le gusta su estado y que, en líneas generales, puede realizar actividades diurnas con normalidad. Sin embargo, aclaró que evita salir de noche. «Después de las 22 ya no hay mucho tráfico. Sí hay locales abiertos, tacos y restaurantes pequeños, pero uno sale con precaución», explicó.
También remarcó que el cuidado se intensifica al circular por rutas o zonas alejadas del área urbana. La planificación de horarios y trayectos forma parte de la rutina.
En comparación con otras ciudades más grandes, señaló que el impacto estadístico es mayor: «en Monterrey o Guadalajara cinco muertos pueden no parecer tantos, pero en Colima, por la población que somos, es muchísimo. Con que haya dos muertos en un día ya es un foco rojo».
Normalización de la violencia
Uno de los aspectos más preocupantes, según el relato, es la naturalización de los hechos violentos.
La joven sostuvo que «ya no hay asombro, hay miedo». Y agregó que situaciones como el incendio de un restaurante o un homicidio dejaron de sorprender: «se nos hace muy común escuchar eso. A otras personas les sorprendería, pero acá es como ‘ah, lo típico'».
Esa normalización convive con el temor latente y la adaptación social. Comparó el proceso con lo ocurrido durante la pandemia: al principio predominó el terror, pero luego la sociedad retomó actividades con cautela. «Uno tampoco puede estar encerrado todo el tiempo. Hay que salir, ir a un restaurante, pero con precaución», expresó.
Ataques y represalias
Durante la jornada más crítica, en Colima fueron incendiados al menos dos restaurantes, en el marco de las represalias tras la captura del líder criminal conocido como «El Mencho».
La violencia no se limitó a Jalisco: se reportaron narcobloqueos y vehículos incendiados en distintos puntos del oeste mexicano, incluidos Michoacán, Guanajuato y otras zonas estratégicas por donde circulan rutas clave.
La entrevistada indicó que varias personas conocidas quedaron varadas en Guadalajara y optaron por no regresar ante el riesgo en las carreteras. «Había camiones incendiados y mucha gente que no podía salir. El flujo en la carretera era casi nulo», señaló.
Incluso un evento deportivo internacional, como un maratón en Guadalajara, dejó a visitantes de otros estados y países imposibilitados de regresar a sus lugares de origen ante el cierre de accesos.
¿Irse del país?
La incertidumbre sobre el futuro también abre interrogantes personales. Aunque afirmó que ama su estado, reconoció que en algún momento pensó en emigrar.
Contó que, en tono de broma, le dijo a su madre que hicieran las valijas y se fueran a Estados Unidos o Europa. Sin embargo, reflexionó que no se puede vivir permanentemente en la negatividad. Aun así, admitió que le preocupa cómo será su vida adulta en un contexto de inseguridad.
«Llega un momento donde pensás si tendrías que irte de tu país, aunque esté súper bonito, para vivir sin esa incertidumbre de que algo puede pasar en cualquier momento», manifestó.
Entre la alerta y la estigmatización
La joven también advirtió sobre la imagen externa de Colima. Señaló que muchas personas evitan visitar el estado por considerarlo extremadamente peligroso. Si bien reconoció que la situación es alarmante, sostuvo que no todo el territorio vive en caos permanente.
Afirmó que, según su percepción, la mayoría de los hechos violentos están vinculados a disputas dentro del narcotráfico y que no se trata de ataques indiscriminados. No obstante, insistió en que la clave es la prevención: «hay que cuidarnos, saber a dónde vamos y en qué horarios».
Mientras tanto, la sociedad colimense transita una realidad marcada por la tensión constante. La violencia, los narcobloqueos y los ataques a comercios no solo alteran la circulación y la economía, sino que impactan de lleno en la percepción de seguridad y en los proyectos de vida de quienes, pese al miedo, intentan sostener la normalidad.
Fuente: LU9






