Argentina atraviesa la temporada de hantavirus más severa de los últimos años. Los registros oficiales muestran un incremento sostenido de casos y una letalidad superior a la de períodos anteriores, en un contexto marcado por incendios forestales, cambios climáticos extremos y una creciente presión humana sobre ambientes silvestres.
Además, especialistas advierten que la expansión urbana hacia zonas rurales y naturales incrementó el contacto entre personas y roedores portadores del virus. En paralelo, las alteraciones ambientales modificaron los desplazamientos de la fauna y favorecieron nuevos focos de contagio.
El Ministerio de Salud confirmó que la temporada 2025-2026 ya superó el umbral considerado de brote. Hasta el momento se contabilizaron 101 casos confirmados, casi el doble de los registrados durante el mismo período del ciclo anterior.
A su vez, la tasa de mortalidad alcanzó el 32%, un valor que preocupa a las autoridades sanitarias debido a la velocidad con la que evoluciona la enfermedad y la dificultad para detectarla en etapas tempranas.

Regiones afectadas y nuevas zonas bajo vigilancia
Aunque históricamente el hantavirus estuvo asociado a la Patagonia, especialmente por la circulación del virus Andes, el mapa epidemiológico cambió en los últimos años. Actualmente, la mayor cantidad de infecciones se concentra en las regiones Centro y Noroeste del país.
La provincia de Buenos Aires encabeza los registros con 42 casos confirmados. Sin embargo, la incidencia más elevada se detectó en Salta y otras zonas del Noroeste argentino, donde las condiciones climáticas favorecieron el crecimiento de poblaciones de roedores silvestres.
También se notificaron infecciones en Río Negro y Chubut. En este último territorio se detectó un clúster intrafamiliar en Cerro Centinela, mientras que en Río Colorado apareció un caso fuera de las áreas históricamente consideradas endémicas.
Por otro lado, expertos relacionan este fenómeno con incendios forestales recientes, sequías prolongadas y lluvias intensas que modifican la disponibilidad de alimento y agua para los reservorios naturales del virus.
¿Qué es el hantavirus y cómo se transmite?
El hantavirus es una enfermedad zoonótica causada por virus transportados principalmente por ciertos roedores silvestres. Las personas pueden contagiarse al inhalar partículas presentes en la orina, saliva o excrementos secos de animales infectados.
Asimismo, el contacto con superficies contaminadas o la manipulación de materiales en ambientes cerrados también representan factores de riesgo. En algunas variantes, como el virus Andes presente en el sur argentino, puede existir transmisión entre personas.
Los síntomas iniciales suelen confundirse con otras enfermedades comunes. Fiebre, dolores musculares, cansancio y trastornos gastrointestinales aparecen en las primeras etapas, mientras que luego puede desarrollarse un cuadro respiratorio grave.
Debido a que no existe vacuna ni tratamiento específico, la detección temprana resulta fundamental. Por esa razón, las autoridades recomiendan ventilar espacios cerrados antes de ingresar, evitar el contacto con roedores y mantener limpios los sectores rurales o de acampe.

La crisis ambiental detrás del aumento de casos
El cambio climático aparece cada vez más ligado al comportamiento del hantavirus. Las lluvias intensas favorecen el crecimiento de vegetación y semillas, aumentando el alimento disponible para los roedores.
Sin embargo, las sequías y los incendios también generan desplazamientos de animales hacia áreas urbanizadas o habitadas. Como consecuencia, las posibilidades de contacto con humanos se multiplican.
En regiones como la Patagonia, el Noroeste y la provincia de Buenos Aires, las modificaciones del ambiente ya alteraron ecosistemas completos. Frente a este escenario, científicos y epidemiólogos coinciden en que la prevención sanitaria deberá avanzar junto con políticas de conservación ambiental y manejo responsable del territorio.
Fuente: Noticias Ambientales






