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Sindrome de Hikikomori: ¿de qué se trata este fenómeno originado en Japón?

En diálogo con «Ecos de Mañana», por LU9 Mar del Plata, la psiquiatra especializada en niños y adolescentes, Guillermina Olavarría, analizó el Síndrome de Hikikomori, que atraviesa a jovenes que se encierran en su habitación durante meses o años, sin salir, sin estudiar ni trabajar. ¿Cómo y por qué empieza ese encierro, qué pasa con las familias y qué dice de esta época?

El fenómeno del aislamiento extremo en adolescentes, conocido como síndrome hikikomori, comienza a generar preocupación en Argentina y también tiene registros en Mar del Plata. Se trata de jóvenes que permanecen encerrados durante meses o años, sin estudiar, trabajar ni mantener vínculos sociales, con una vida centrada casi exclusivamente en la tecnología.

La psiquiatra infanto juvenil Guillermina Olavarría advirtió que, aunque el término no se utiliza formalmente en el país, sí se observan conductas compatibles con este tipo de aislamiento. En diálogo con LU9, explicó que se trata de un problema complejo, vinculado a la salud mental y a cambios sociales profundos.

Qué es el síndrome hikikomori y cómo se manifiesta

El síndrome hikikomori fue identificado en Japón y difundido oficialmente desde 2003 por el Ministerio de Salud de ese país. Según detalló Olavarría, «se caracteriza por un estilo de vida centrado en el hogar, donde los jóvenes -principalmente varones menores de 20 años- se encierran durante al menos seis meses, con una falta total de interés para estudiar, trabajar o socializar».

La especialista aclaró que, para considerar este cuadro, «debe excluirse la presencia de otros trastornos psiquiátricos como psicosis, ansiedad o trastornos del neurodesarrollo». En Argentina, este diagnóstico no forma parte de los manuales clínicos, aunque sí se reconocen conductas similares.

Aislamiento social y señales de alerta en adolescentes

Más allá de la etiqueta diagnóstica, el aislamiento sostenido en adolescentes es un fenómeno creciente. Olavarría remarcó que el principal indicador de alarma aparece cuando el encierro comienza a afectar la vida cotidiana.

En ese sentido, señaló que «hay que preocuparse cuando el adolescente se aísla y eso altera de forma marcada su rutina: deja de ir al colegio, tiene dificultades académicas, no quiere ver a sus amigos o se modifican sus hábitos de sueño y alimentación».

Además, advirtió que estas situaciones suelen generar conflictos familiares y deterioro en el funcionamiento general del joven.

El impacto de la tecnología en la salud mental

El avance de la tecnología y el uso intensivo de pantallas aparece como un factor clave en este escenario. Si bien no es la única causa, la especialista explicó que funciona como un refugio para quienes atraviesan dificultades.

«Las redes y los videojuegos pueden convertirse en un medio de escape para chicos con problemas sociales o sufrimiento emocional. Pero no es un espacio adecuado para construir vínculos saludables», indicó.

También cuestionó la naturalización del encierro digital: «no es esperable que un adolescente pase la mayor parte del tiempo en la computadora. Lo esperable es que explore el mundo real, haga deporte, actividades artísticas y se vincule con otros».

Qué pueden hacer las familias frente al aislamiento

Frente a este panorama, Olavarría subrayó la importancia del rol familiar y del ejemplo de los adultos. «Lo primero es el modelado: los padres también deben revisar su propio uso de la tecnología», sostuvo.

Entre las recomendaciones, mencionó establecer acuerdos claros en el hogar, como evitar el uso del celular en la mesa o fuera de los horarios de descanso, y fomentar el diálogo. «No se trata de quitar todo de golpe, sino de consensuar tiempos y entender para qué usan los dispositivos», explicó.

Finalmente, dejó un mensaje clave: «si hay un adolescente aislado, con dificultades académicas y sin interés por sus vínculos, hay que pedir ayuda. Siempre hay que pedir ayuda y los profesionales de la salud mental pueden dar respuesta».

Un síntoma de época que interpela a toda la sociedad

El crecimiento del aislamiento juvenil plantea interrogantes sobre los modos de vida actuales, atravesados por la hiperconectividad y la aceleración social. Para los especialistas, no se trata de casos aislados sino de un fenómeno que requiere mayor atención y abordaje colectivo.

En este contexto, la advertencia es clara: detectar a tiempo los cambios en la conducta de los adolescentes puede ser clave para prevenir situaciones más graves.

Fuente: LU9

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